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De esto y aquello

Nota 1596 - (5ª Época).

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Por el Dr. Felipe Martínez Pérez.

Al final más de lo mismo gracias al voto de los mismos que reciben a diario lo mismo. Y en este caso ha sido demasiado y hasta un rato antes de emitir. Se les veía ir y venir por toda la Argentina. Sin embargo, y con tristeza, es de hacer notar que se atisba por un lado la tremenda sumisión al pedazo de pan o de una chapa que por otra parte y para más inri no había pasado ni un día y ya estaban a la venta las chapas del obsequio, compradas con el dinero de todos, es decir con el tuyo y con el mío. Y sin permiso. Y por otra parte que parece mentira la regularidad de la irregularidad que no cambia; y por si no bastare, pues no hay vuelta de hoja, que el Síndrome de Estocolmo, pasa con fuerza por los parajes argentinos y no ceja en su empeño de continuar por aquí asentado, pues a la vista está que por estos paralelos y meridianos no cesa; se ha convertido en una costra de cierta casta, dada la enorme cantidad de tiempo que acontece este subdesarrollo. La jauría y el dilatado marasmo.

Pues continúa lo que parece insostenible pero son los que le han dado el voto al pícaro que estaba de paso y que, con seguridad, no debe haber leído El Lazarillo de Tormes aunque con seguridad y no lo dudo se debe estar relamiendo como Lázaro; que le dice al ciego que salte y ese estrella contra la columna, con la diferencia a favor de aquel que era pobre y necesitaba vivir. Y este y estos, viven para ser rico sin que en la cara se advierta la vergüenza.  Pues así ha ocurrido -y continúa- en Argentina. O sea, que el pícaro le sale solo, como algo innato, y que tanto sirve, pues lo ha demostrado, eso sí, con la maquinita de hacer dinero para un roto como para un descosido. Y sin embargo, el país continúa recontra roto y recontra descosido se lo mire por donde se lo mire. Y eso es lo que ha pasado el domingo pasado.

Que a buena parte de la población la mayoría con el morro bien untado le ha dado por patear el carro y para que por otros cuatro años sigan asidos a la teta del país. Llama la atención que en cualquier momento esto se ha de terminar y buena parte de la población se habrá olvidado de trabajar sin entender con las manos o con el cerebro. Que eso es lo grave enseñados a vivir de limosna y no aderezar una mano para poner un tornillo. Pues en algunos segmentos de la población, que abundan, se las paga para que no trabajen, más allá de ir a manifestaciones y otros trabajos no muy santos, como por ejemplo votar con la papeleta lista y los bolsillos sin nada que avise de fraude: y sobe todo para que  no los boten.

Y lo curioso es que con miedo –que no se me ha ido- venía escribiendo que como sería la fiesta de los últimos días, antes de irse y dar el portazo, o sea que algo iban a romper con grandes ademanes; y sin embargo lo inaudito parte del pueblo prefirió ganarle de mano y patearon el carro al unísono. Algo que parece mentira  porque es inentendible que se haya votado a quienes les quitan la comida de la boca y el futuro. Es algo que parece se trata de algún y sin embargo es el pateado que besa la pata del pateador. Es inconcebible. Pero está es real. Y al final vamos a terminar en Caracas en la primera de cambio. O sea, que no ha sido esté o aquel político  los que ha tirado a dar sino parte del pueblo y los más olvidados quienes sin preámbulo alguno se han dado a patear el carro. Y el carro era Argentina y era su propio futuro.

Y como tal se ha presentado pues hay que respetar el voto o que cada cual rompa lo que pueda, pero claro, olvidan que se trata del estado; y el estado somos todos y todos no se merecen que le rompan el carro. Y al parecer  buena parte del pueblo son los que han roto; o sea,  que el presidente en funciones por abandono del titular no ha tenido que hacer nada malo que se sepa al menos pues algunos dicen que algunas urnas venían cargadas y también se ha visto que algunos han ido a votar con el colchón pues no sabían dónde ponerlo; y otros, más vivos han esperado al lunes para poner a la venta las chapas. O sea, todo bien y al diablo con el país de Sarmiento o de Roca o de Illía. Ni que decir que aquel famoso radical con barba les rompería el traste  a patadas a unos cuantos de los propios por no estar en su propia casa como se dice en esta columna desde hace más de ocho años. Y así les ha ido y nos ha ido. 

Habrá que esperar el último trayecto y de ahí saldrá si terminamos en Caracas o permanecemos por estos paralelos. Pero de lo que no cabe duda y se ha visto y ya es repetido, que los que tiene sed y hambre votan a quienes les rompen las canillas y no le dan lo que necesitan más allá de un paquete de yerba, la bolsa o el bolsón, pero eso sí, con la obligación de votar al portador. De la sumisión si no es así ni eso. Y Argentina otra vez a los tumbos y la que debía ganar salió tercera ante la algarabía de buena parte del periodismo que nunca hablaba bien de ella, se ve que la orden era no hablar de una mujer; que esta vez tocaban machos. Eso los machos propios no la votaron y ahora se ha de cortar sola y la seguirán a montones.

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