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sábado, 17 de julio de 2021
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De esto y aquello

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Ahora que las democracias están enfermas y algunas para cuidados intensivos, les ha dado a los políticos correctos por atenderlas y hasta querer curarlas, cuando es de suyo que las están perdiendo porque todo lo que han hecho durante tres o cuatro décadas ha sido inyectarles virus para romperlas, o para que al cabo, desprotegidas y ajadas se las pudiera planchar mejor; como un limosna. Se han ido inventando minorías a la carta, para los distintos enfrentamientos sacados de los morrales de la insidia y la perversidad para descomponer la sociedad.  A cada minoría o grupúsculo, una limosna o una dádiva dependiendo del nivel intelectual. Cualquiera con dos dedos de frente que mire en derredor se dará cuenta que no hay una sola minoría que haya nacido por necesidad. Todas son inventos del poder de turno, siempre inoportuno e importuno, que se hace el gracioso y no tiene gracia alguna.

     Y lo mismo les da crear feministas que interiorizarse del suplicio del galgo, pobrecito,  cuando corre, lo mismo les da exigir que no se tome leche que entronizar la homofobia, lo mismo les da matar al toro que salir corriendo a varear ballenas, o como son veganas  apedrean las carnicerías, o en vez de aplaudir mueven las manos en vaivén, y son los mismos y mismas que porque se les canta y para enfrentar, cambian el final de una ópera o de un libro; o se hacen encima del Principito. O para Otelo ponen un negro por eso tan interesante de la inclusión. Es un vocablo que suponen viste mucho. Y simplemente las desnuda. Lo mismo les da asegurar, que la tierra es plana como que el hombre por serlo ya está destinado a matar mujeres; y además las que no saben de qué va la cosa, es decir la mayoría, hasta se lo creen.

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     Y han llegado a tal extremo que lo mismo les da gordura que hinchazón porque de lo que se trata es de hinchar las conciencias para que no hallen paz. Pero la verdadera mujer sabe que por el hecho de serlo no es víctima. Al fin y al cabo nunca han sido tan inferiores las mujeres, que cuando han arribado estas feministas retorcidas con pancartas y soflamas, pues la historia dice otra cosa más bella de las mujeres, aunque no se han enterado. La niebla intelectual  no les deja ver el día a día. Y a decir verdad por encima de todo se odian a sí mismas. Y ahora, los correctos se acuerdan de las políticas aplicadas a  conciencia, para fabricar escollos, riesgos y peligros, para generar ofensas y agravios, para destruir la igualdad de  verdad, que es la entraña de la democracia; llamar  al pan, pan, y al vino, vino; que la realidad es una sola y tiene largo por ancho por alto. Es mensurable. Se está en ella o te la llevas por delante, pero solo los tontos y los perversos son capaces de negarla, porque a su vez son incapaces de amar al prójimo próximo.

     Al contrario, su estupidez  las ha inclinado de forma aviesa por generar resentimientos, por acosar y descalificar a amplios sectores de la sociedad; que son  las grandes mayorías. Por si fuera poco, a la vez que sueltan chorradas ecuménicas para dejar contentas a las minorías, se las cargan. Y tan contentas. Y bien pagadas Y mientras orinan en el altar de la capilla de la Complutense aplauden la creación de mezquitas. Sin que se den cuenta, claro. Porque quedan tontas y demacradas sus conciencias, porque en definitiva se necesita poco intelecto para aplaudir insolentes posturas. Es así como saltan a la palestra embarrada los asuntos de género o de la memoria desmemoriada que conlleva sin vuelta de la hoja la dictadura de la estupidez. Se trata de enfrentar para enhebrar trasnochadas tonterías y edificar personas romas, bastas, sin anfractuosidades enriquecedoras. En una palabra se pretende fabricar sometidos, y sometidas, faltaba más, que consuman y a otra cosa. Es decir que aunque no lo dicen pretenden esclavos  que voten lo que le echen; y seguir esclavos.

     Y lo más curioso es que quienes pagan la destrucción y los destructores no pasan hambre. No salen corriendo a la mañana a los mercados de abasto para buscar las verduras que se caen al suelo. Cada vez más, son señalados Silicon Valley, mire usted; o Hollywood  que casualidad, o famosos periódicos. O sea, que ayudan, aplauden y publicitan todas estas perversidades o chorradas que buscan romper las sociedades que ya están tocadas por estas gentes de peso, en las cabezas y en los bolsillos. Y las gentes en general pocas veces  se hacen las preguntas pertinentes de buscar orígenes a todo esto. Y probablemente muchas no se darán cuenta, porque ya están poco o mucho contagiadas.  Basta con ver que las gentes torpedeadas de continuo terminan contentas con los torpedos tal el caso de la bajeza múltiple de los políticos catalanes que han logrado envenenar y destruir una de las regiones más ricas de España.

     Y curiosamente, como  buena parte de la gente no ve la realidad, ni atisba ni columbra por donde doblan las campanas, Y un buen día se dan cuenta que no hay campanas o se las han cambiado.  Primero es uno o dos los que dicen sandeces, después son más y muchos después. Y al cabo llega el perentorio muchacho rubiecito de la película Cabaret, ¿recuerda el lector? y todos a una cantan la canción del nazismo. Porque ya estaban maduros para la inmadurez; y llegado el tiempo cuando les dices que están equivocados; el nazi eres tú. Se lo ve a cada rato por las pampas y por las estepas, por las selvas y las sabanas, por el Ebro o por el Paraná, cómo, al que dice las cosas como son, le llaman facho. Y aquí el muerto no se asusta del degollado, que saben muy bien por qué lo dicen y por qué se lo han mandado decir. Enfrentar y sembrar maldad. Eso como poco. O guerras si se precia.

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