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lunes, 27 de septiembre de 2021
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Cumplió una promesa con su hija y regresó antes temiendo por la pandemia

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Mario Lupano es un conocido comerciante bolivarense, jugador de casín, vecino que ha estado toda la vida en la ciudad y es fácil identificarlo.

Después de mucho planificar (y ahorrar), y para cumplir con una promesa familiar, a principios de marzo inició un viaje por parte de Europa con su hija Noelia. Todo fue bien mientras no había el estado de alarma que se desató en el Viejo Continente, cuando comenzaron los problemas buscó la opción más atinada, volver. Lo consiguió después de algunas peripecias y, consciente del lugar del que había venido, se puso en cuarentena por las suyas.

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Esta es la historia de un bolivarense que desde su aislamiento le contó a LA MAÑANA los pormenores de su viaje y de su regreso.

 

Este viaje era una cuenta pendiente que tenías con tu hija y que por suerte la pudiste saldar, quizás no en el mejor momento…

Se planeó durante mucho tiempo, justo se dio esto. Te imaginás que económicamente estamos ahí y la luchamos para poder ir. Nosotros nos fuimos el 5 de Marzo, previamente averiguamos con una amiga de mi hija que vive en Barcelona y no pasaba nada, con otra que vive en París y lo mismo. Y nos fuimos.

Llegamos a Barcelona, estuvimos dos días maravillosos, una noche fuimos a un restaurante en el que había un show de rumba, la pasamos muy bien entre mucha gente, porque la verdad es que no había nada. De ahí nos fuimos a Italia, a Roma, tenía contratadas 4 noches en Roma y una en Venecia. El primer día en Roma todo  normal, el segundo día igual, y el tercer día ya fue distinto, fuimos a la Plaza San Pedro (en el Estado Vaticano) y estaba cerrada, la Policía nos decía que teníamos que estar a un metro de distancia uno con otro.

Fuimos al restaurante a la noche para cenar como todas las noches, y estaba cerrado. Fuimos a un supermercado y ya había cambiado, había guantes de goma en la entrada, alcohol en gel, y con los comentarios de Argentina, que nos asustaban, empezamos a dudar, porque la verdad es que allá no veíamos nada. Esa misma noche en el hotel hablé con mi hija, llamé a la empresa con la que habíamos contratado el viaje y les planteé que queríamos volvernos.

Desde la empresa para cambiar el pasaje me pidieron 700 Euros, me pareció una locura. Entonces decidimos perdernos una noche en Roma, descartamos la de Venecia y nos fuimos a París (Francia). En París fuimos al Museo del Louvre y estaba abierto, la Torre Eiffel estaba abierta, quizás no tenía tanta gente como la vez anterior que estuve; pero estaba todo normal, y de acá cuando nos comunicábamos nos asustaban con los comentarios.

Al día siguiente mi hija me planteó volver ante toda esta situación, y cuando llamé a la empresa ya cambiar los pasajes costaba más de mil Euros, y más me asusté. Llamé a una sobrina que tengo en LATAM y le pedí que me pidiera un pasaje para volver. Encima no hice el trámite con VISA para manejarme en el exterior, le rebotaba la tarjeta cada vez que la pasaba y hora a hora el pasaje iba aumentando. Al final me consiguió una combinación París-Suiza, Suiza-San Pablo, San Pablo-Montevideo, me pidieron una fortuna, plata que no tenía y que ahora la debo; pero le pedí que lo comprara, sin dudas.

Cuando partimos de París hacia Suiza sentí un alivio; pero seguía en Europa. En Suiza tampoco pasaba nada, cambiamos de avión y de ahí 11 horas hasta Brasil. Cuando llegamos a Brasil no había barbijos, nada, la gente como si el coronavirus fuera un problema de otros. De ahí a Uruguay, cuando llegamos a Montevideo nos sentimos en casa, pese a algún inconveniente que hubo con una persona en el avión.

Nos fuimos a Colonia, nos subimos a un catamarán y nos bajamos en Buenos Aires, pese a que cuando nos vendieron el pasaje nos advirtieron que por ahí no íbamos a poder llegar porque estaban por cerrar la frontera. Cuando entré lo único que nos revisaron fueron las valijas por el scanner, después nada.

¿Y de ahí emprendiste el regreso a Bolívar?

La llamé a mi mujer desde Retiro y le dije que me tomaba un micro hasta acá, y ella me recomendó que me quedara en La Plata, con mi hija, o que me trajera mi yerno en auto hasta acá, por temor a que contagiara a alguien. Y la verdad es que tenía razón. Le dije a mi yerno que me trajera y emprendimos viaje. Yo tengo una casa atrás de la casa de mi madre, que está deshabitada, así que como buen gordo les pedí que me pusieran cosas en la heladera, la acomodaran un poco y me dejaran ahí para pasar la cuarentena.

¿Te han ido a controlar desde el municipio?

Me llamó mi señora desde el negocio diciéndome que habían denunciado que ella había venido de Europa y que estaba atendiendo al público.

Alguno que vio tu foto de portada en Facebook (están los dos con la Torre Eiffel de fondo)…

Claro, pero esa es una foto de hace 8 años, de otro viaje. Vinieron de la Guardia Urbana, me censaron, me felicitaron por mi cuarentena voluntaria. Y les pedí que me mandaran un equipo médico, y así fue, me revisaron íntegro y no tengo ningún síntoma. Me revisaron los pulmones y me quedé más tranquilo.

Acá estoy, mi madre está en la casa de adelante, con mi señora nos saludamos a través de un cantero que divide las dos casas, a unos 5 metros de distancia, porque las tengo que cuidar y es lo lógico. Así han transcurrido mis días hasta hoy.

Fuiste un visionario, decidiste no ir a Venecia (norte de Italia) y empezar a salir de esa situación cuando el brote estaba en camino…

Claro, de Roma huí, porque el principal miedo era enfermarnos en otro país. De cualquier manera saqué un seguro médico porque ya tengo tanta edad y ante un viaje de tanto gasto, un poco más no hacía la diferencia.

La experiencia, si te la defino hoy que ya pasaron unos cuantos días, es la siguiente: con mi hija vivimos juntos desde que me separé de Beatriz (Karlau), desde que tenía 12 ó 13 años hasta que se fue a estudiar a La Plata, tenemos una relación muy fuerte de padre e hija, compartimos desde la comida hasta sus salidas, incluso hasta hablamos de sexo y es el día de hoy que todavía me pongo colorado.

Cuando Beatriz estaba en su lecho de muerte, nos acercamos con mi nueva pareja desde que enfermó hasta que falleció, y charlando con ella me dijo: “Gordo, me quedé con las ganas de llevarla a Noelia a Europa”, y le prometí que si ella no salía de esa situación, la iba a llevar yo, que se quedara tranquila. Esas fueron mis palabras y fue algo que tenía en mi cabeza, como una deuda.

El año pasado cumplió 64 pirulos, y ese día me dije: “¿qué estoy esperando?, ¿estar en una cama y decirle a mi hija que no la pude llevar a Europa?”. A partir de ese día se empezó a planificar el viaje.

No fue el mejor momento para viajar; pero los recuerdos quedan para siempre…

Claro, queríamos compartir, estar, charlar, y lo cumplimos con creces, porque ante una situación límite estuvimos juntos. Cuando analizás el viaje, fue positivo. Hubo lugares a los que no pudimos ir; pero todo bien.

¿Cómo vas llevando la cuarentena?

Bien, viendo un poco de televisión. Escribo en Facebook, en algo tengo que matar el tiempo. Encontré una pila de CDs de hace 20 años, los miro, cuando encuentro alguno que me gusta lo escucho.

Te falta una mesa de casín…

No, mirá que estuve en Italia y tenía la idea de comprar un taco nuevo, a veces me agarran ganas de jugar; pero no muchas, por ahí voy al club un día por semana; entiendo que son épocas para todo.

Te falta poco para cumplir la cuarentena…

Según la Municipalidad, el 29 la termino y el 30 puedo salir; según mis cálculos podría salir el 31. Y según mi señora, que me quede encerrado cuatro o cinco meses más (risas).

Angel Pesce

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