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martes, 02 de agosto de 2022
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Cuatro guitarras voladoras en la Biblioteca Rivadavia

Tercer concierto del año organizado por la Asociación Musical.

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En el tercer concierto del 2022 organizado por la Asociación Musical, el sábado se presentó en la biblioteca Rivadavia el cuarteto de guitarras In Crescendo.

Ante una muy buena cantidad de público que volvió a brindar un marco contundente, en principio la formación ofreció ajustadas versiones de obras de Georges Bizet, un compositor francés que tramaba piezas de fuerte impronta española, y que, generalizando, todes conocemos de algún lugar.

En la segunda parte abordó los más característicos tangos de Gardel, es decir Por una cabeza, El día que me quieras y Caminito. Uno de los integrantes del cuarteto introdujo el segmento con certeros comentarios sobre esas obras, y por ejemplo aclaró que Caminito, contra lo que sostienen en sus floridos parlamentos los guías turísticos porteños, no habla de una calle del pintoresco barrio de La Boca sino de un camino de la provincia de La Rioja.

El pasaje de tangos gardelianos fue completado con la interpretación de La trampera, de Aníbal Troilo.

In Crescendo son cuatro guitarras, pero no cualquieras: una de seis cuerdas, una de siete, una de nueve y una de diez. De esta forma puede abarcar un rango mayor a la hora de encarar piezas que no fueron pergeñadas para guitarra, sino para orquestas. Juan Pablo Bujía, Pablo D´Negri, Ezequiel Marín y Andrés Novío son sus integrantes.

Para el final se guardaron algunas cartas ‘pesadas’, cuales fueron perlas del cofre de Astor Piazzolla, que hubiera cumplido cien años en 2022. Adiós Nonino y Libertango sonaron frescas y emotivas, y también fueron introducidas por el Crescendo que llevó la palabra con una semblanza sobre los años de formación del más genial -y más mundial- músico argentino, cuando alternaba entre Argentina y New York y tuvo la fortuna de conocer a la pianista y profesora Nadia Boulanger, quien le reveló que debía dedicarse al tango, género que, de tan iluminado que era, terminaría revolucionando. (La historia de cómo escribió Adiós Nonino es particularmente emocionante.)

Pero había una carta más bajo la manga de la singular formación, y era nada menos que el as de espadas: puede sonar trillado cerrar un concierto con el  Himno, pero quizá nadie dudaría de que es la más imbatible obra que alguien podría escoger como fresa de cualquier postre musical. Y así fue, y todos de pie con el corazón contento y un grito de patria en la voz.

La Asociación Musical cumple sesenta en agosto, y lo está celebrando lindo. Va a seguir: en julio se presentará en el auditorio de la Rivadavia la pianista Oriana Kemelmajer (no será su primera vez acá), y un mes después, el viernes 12, el célebre Rodolfo Mederos al frente de su trío.

Chino Castro

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