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viernes, 05 de agosto de 2022
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Covid: cuando el negocio se ríe de la democracia

Desarmades y a merced de la enésima ola.

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“Es conocida la influencia de las grandes empresas farmacéuticas (el Big Pharma, siendo las cinco más grandes, según el criterio de capitalización bursátil, Johnson & Johnson, Roche, Pfizer, Eli Lilly y Novartis). Esto explica que, a pesar de la gravedad de la crisis pandémica, no ha sido posible suspender los derechos de propiedad intelectual (patentes) sobre la producción de vacunas. Tal suspensión sería fundamental para vacunar rápidamente a toda la población mundial, única forma de garantizar la protección global contra el virus. A pesar de haber creado un movimiento mundial a favor de la vacuna popular, prevaleció la vacuna capitalista”, dice el eminente académico portugués y doctor en Sociología Boaventura de Sousa Santos.

Más burdamente ya he escrito acá que el capitalismo metió la cola, algo que sabe cualquiera. La pandemia fue el funesto corolario de una manera de vivir, de ser y sentir, no importa si no comulgás con los preceptos de época.

Es decir que, aunque bien que le tiran sus ’centros’ a la malaria, la culpa de que la pandemia nao tem fim no es de los que andan sin barbijo, comen tres postres por sábado con tal de recorrer restós o están al saltopor las Fiestas para salir a abrazar en modo serial hasta a sus enemigos íntimos. Tampoco de aquelles sensiblis que, desembarbijados y con un genial colgándoles del labio, nutren las veladas artísticas que en Bolívar proliferan, ni de los que se amuchan en gimnasios, piletas oasados en quintas otalleres. Los asados de la revancha, donde carnear al semejante (siempre que no esté) es más importante que el punto de la carne. Le tiran sus centros al drama, macanudo, y en verano será peor porque ya no hay chance de mandar a la gente a casa. Ese corte de medidas restrictivas ya parece de otra era, el manoseado pase sanitario pinta más modernito, aunque pa hacerlo cumplir alguien tendrá que ponerse al fin la ‘gorra’ y bancarse la salva de escupitajos, acaso amortiguada por algún estoico tapabocas que sobrevivió al paleozoico, cuando hubo una pandemia, ¿te acordás?Vamos, lo que no se ha hecho hasta ahora. Empero, no radica ahí el nudo gordiano del asunto: este virósico intríngulis no se resuelve con cara de milico por la calle, corriendo a pibos del Centro Cívico o alguna esquina ni con mano dura & garrote fácil en la puerta de los boliches. La culpa es del capitalismo que supimos construir destruyendo demasiado al punto de autodestruirnos, en cuyo marco las democracias no pueden o no quieren torcerles el brazo a los laboratorios, que siguen haciendo su agosto y negándoles la inoculación a los pueblos que no pueden pagarla. Una democracia que, en tamaña encrucijada, revela ser sólo formal y estar enferma (¿de covid?): si no logra declarar bien universal a la vacuna la pregunta es qué reforma necesita, porque alguna requiere seguro. Para no hablar de pobreza, hambre y porvenir astillado. Ya lo viene alertandonuestro buen amigo Boaventura.

En segundo término, la responsabilidad de que la peste no cese es de los/las que no quieren vacunarse. Invitan al covid a propagarse, les ofrecen sus organismos limpios de medicamento para que se potencie bajo la forma de desconocidas y casi siempre más feroces cepas. Convengamos que quizá el problema no sea tanto la Ómicron, sino las que vengan si no se quiebran ciertas lógicas. La muerte, agradecida. Ser antivacunas es como ser antivitaminas, anticalcio o antiBeethoven.

Por ‘abajo’ el tópico covid es otra vez tendencia: cada quien vuelve a consultar cifras, a preguntar por conocidos y por la situación en ciudades vecinas, a blandir ese dedo admonitorio que solemos guardar sobre la mesita de luz, por si nos despertamos de madrugada sedientes de ajusticiar. Cada quien ya conoce a alguien que. Otra vez; así empieza. Aunque, paradójicamente, el compromiso con el cuidado siga escaseando. ¿Por qué habríamos de proteger al otroen lo sanitario si no lo protegemos en lo económico? El capitalismo no nos enseñó a cobijar, sino a sacar ventaja, a competir para ganar ‘como sea’, a jugar una final por día.Prohijar al egoísmo es su pasión, no a la solidaridad; tiene ojos de acumular, no de repartir, y ni hablemos de justicia.

El tema ya empieza a supurar por los costados de una agenda que no monta su lupa allí: los gobiernos casi no hablan de la pandemia y abandonaron olímpica, dramáticamente el relato del cuidado y la empatía: quieren reventar la costa y los centros turísticos, dinamizar la economía es religión después delparate en un año que comenzó a fines de marzo de 2020 y aún no termina. Y nada sano puede esperarse de los medios, que hace tiempo que dejaron de pensar en el bien común. Además es diciembre, hay que ponerse en modo positivo y desear lindas cosas para que los chinchines del Año Nuevo alojen algo más que simpáticas burbujas. The Show Must Go On. Sólo los médicos llaman a las cosas por su nombre, en un Bolívar con treinta y cuatro casos activos, un nuevo fallecido y una proyección de unos sesenta contagiades para las Fiestas. Será más leve, ponele: las vacunas tienen que haber servido, la mayoría estamos protegidos, y seguirán sirviendo aunque se requiera una recontradosis. Las actuales, o las que irán siendo descubiertas por una ciencia que tampoco descansa. Todo indica que así será, mientras los números nacionales muestran un crecimiento en los contagios que todavía no repercute en los servicios de internación, pero es obvio que si muchos se enferman algunes producirán un cuadro de moderado a grave, un alguno del que nadie se hace cargo ya que en esacama de cornisajamás vemos nuestro rostro. Todo, en un contexto en el que nadie sabe el alcance temporal de la cobertura que otorgan las vacunas (los primeros inoculados bolivarenses son de enero, hace casi un año), ni después de cuánto tiempo de haber contraído la enfermedad se puede volver a contraerla. 

Un nuevo embate de la peste nos sorprendería desarmados, y con una cierta prepotencia que se juega a dos puntas: por un lado, estamos vacunades. Por otro, ya ‘le tomamos el tiempo’ al covid, a nosotros no va a pasarnos, las ciento cincuenta víctimas locales, personas que conocíamos y a las que como pueblo aún les debemos un duelo, ya van quedando lejos, con sus rostros borroneados dela memoria colectiva, hundiéndose en el olvido, ese cementerio sin lápidas. Van pasando otras cosas, y la vida moderna se lleva a las trompadas con recordar derrotas.

Corresponde, finalmente, incorporar al cóctel el cansancio de los mé[email protected] y [email protected], aunque sólo se admita en voz chiquita. Cada diciembre se habilita un tiempo de balance que suele derivar en un proceso de cambios, y podría ocurrir que [email protected] deje el barco después decasi dos años de tan inusitado trajín, o, sin abandonar, morigere su compromiso. Humanos somos, incluso los médicos y los enfermeros, aún en modo superhéroes. (Donde dice barco, bien podríamos leer trinchera.) Con las olas de un mar pandémico que vuelve a embravecerse besándonos los pies, el candente y pesado timón quedaría en menos manos, en las mismas pero más flojas,o en unas más nóveles, todo lo cual es más o menos lo mesmo. Nadie está esperando un escenario como el de abril-junio, pero más vale prevenir que curar, aunque a algunos les convenga lo contrario, quiero decir enfermar y facturar.

Chino Castro

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