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martes, 01 de junio de 2021
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Con la pasión a cuestas

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Una armónica cabe en la palma de la mano, pero es noble, manuable. Eterna compañera, puede ir a todos los sitios con su ejecutante. Su versatilidad le ha permitido transitar todos los géneros musicales y los más diversos escenarios. Mozart escribió música para ella; apareció en la guerra de Secesión y fue el grito de los negros oprimidos en el blues; acompañó a los grandes trovadores con su guitarra para reafirmar las verdades que cantaban y se estilizó en el jazz codeándose con el piano y los instrumentos de viento. Compositores como Darius Milhaud y Vaugham Williams han escrito obras especialmente para Larry Adler, uno de sus más notables virtuosos de mediados del siglo XX. Se dice que en el 3.000 A.C, la emperatriz china Nyn-Kwa ya poseía una armónica precursora, un instrumento de lengüeta conocido como sheng (que significa ‘voz sublime’). A comienzos del siglo diecinueve aparecieron en Europa los primeros proyectos de este noble instrumento. En 1830 un inventor de Bohemia, Richter, inventó la armónica tal como se la conoce en la actualidad: diez agujeros, veinte lengüetas, alternancia de soplido y aspiración. Su escala diatónica se volvió famosa como ‘afinación de Richter’. Treinta años más tarde el relojero Matthias Hohner la copió comercialmente en su taller, su pueblo, Trossingen se volvió el centro mundial de producción de armónicas.
Se pueden clasificar en dos grandes grupos, las diatónicas y las cromáticas. Las armónicas diatónicas permiten obtener escalas diatónicas al soplar o aspirar sobre los orificios (o canales) sin realizar operaciones especiales. Una escala diatónica es la que tiene los tonos y semitonos propios de su tonalidad, sin alteraciones.
En nuestro país a armónica se abrió paso en todos los ritmos, de la mano de eximios ejecutantes encabezados por Hugo Díaz, el referente ineludible de la instrumento en la Argentina, y quién ha tomado la posta en la actualidad es el rosarino Franco Luciani, que declaró en una entrevista: “Es placentero que te equiparen a músicos como Hugo Díaz, quién no sólo fue un genio como armoniquista sino también como músico integral, dueño de un lenguaje propio. Él dedicó su vida a la armónica; en eso creo que nos parecemos.”

Una armónica en Bolívar
Claudio Holgado dice que no es más que un musiquero que tiene otra vida y otros trabajos, que la armónica es su hobby. Pero de cuando en cuando Claudio presenta su hobby en público acompañado de músicos amigos y eso lo convierte en un músico más de los que contamos en Bolívar.
El 21 de noviembre del año pasado Claudio realizó, junto a su sobrino Nico Holgado (guitarras) y Franco Exertier (batería), un streaming para Marta Espacio Cultural desde la sede de Don Maltus. Allí hicieron un repaso de las grandes obras del blues, más la inclusión de temas como ‘Amor de segunda mano’, del compositor y armoniquista Luis Robinson, matizadas con referencias históricas a cargo del propio Claudio sobre el papel histórico de la armónica en el blues.
“Buscamos el repertorio de blues más afroamericano, más negro en la forma de interpretar la armónica – cuenta Claudio – Proponemos en su mayoría un show íntimo, acústico, dónde interpretamos obras de los artistas más grandes de la armónica, muchas obras clásicas, algún standars de jazz pero con una interpretación muy propia del auténtico estilo de delta del Mississippi. Están James Cotton, Charlie Musselwhite, Jerry Portnoy, Little Walter y otros grandes intérpretes de la armónica del género.”
Claudio creció en un hogar que se escuchaba mucha música y entre ellas, León Gieco y su armónica. En La Plata, ya de adolescente, no perdía la oportunidad de presenciar shows de bandas, y muchas de ellas, para su beneplácito, contaban con integrantes que tocaban armónicas.
Una mañana vio en el Suplemento Joven del diario El Día un anuncio de clases de armónica a cargo de un profesor llamado Javier Catalá, con quién tomó clases, luego de un tiempo volvió a formarse en modo autodidacta.

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“Un día vi a los Guasones, una banda que seguía en esa época, con un armoniquista en vivo – cuenta – Me impactó de tal manera que no dejé nunca más la armónica. Comencé a buscar músicas, armoniquistas, intérpretes y buscar mi propio estilo, qué es lo que más me gusta, y desde la armónica me acerqué al blues, que es el género que mejor la interpela como instrumento y que le dio la trascendencia y perdurabilidad hasta nuestros días. Con la armónica he hecho alguna pasadita por el rock más stone, pero lo que me gusta es el blues y es lo que más interpreto con mi instrumento a pesar que soy muy abierto en mis gustos musicales.”
Los primeros momentos de Claudio como armoniquista los hizo con su amigo, el guitarrista Jorge Godoy. Con Franco Exertier y Maxi Heredia formaron en La Plata Los Eternos Desconocidos, que ya cumplieron veinte años de existencia (la mayoría de los integrantes se fue de La Plata pero cada tanto se encuentran para tocar). Tenían un circuito de shows en reductos platenses y eso fortificó una amistad que hoy siguen cultivando.
Los Eternos Desconocidos también incluyen temas de Los Piojos, banda que según Claudio le dio un impulso muy importante a la armónica en nuestro país, banda cuyo líder Andrés Ciro Martínez también toca la armónica.
Ese fue el comienzo de Claudio con la armónica, insiste que lo suyo es un hobby, y que no le afecta en el desenvolvimiento de sus otras actividades.
En este invierno pandémico bolivarense Franco Exertier profundizó su labor de productor grabando varios proyectos locales, uno de ellos fue el de Claudio. La amistad que los une y el rol de profesor de Franco con uno de los hijos de Claudio los llevó a acercarse aún más.
Cuenta Claudio: “Franco me manifestó que tenía interés en registrar una grabación con armónica porque creía que en Bolívar no había. Me saqué un poco la modorra, comenzamos a tocar, es un gran profesor, me corrigió un montón de cosas que tengo debido a mi formación autodidacta, en eso trabajamos con Franco, puliendo detalles. Todo eso desembocó en la grabación de un par de demos, convocamos a un par de amigos, a Nicolás Holgado y a Jorge Godoy. Hicimos un par de grabaciones, una experiencia muy rica dónde se aprenden muchas cosas que no se ven en un show en vivo.”
Las dos grabaciones que registró el cuarteto son ‘Ayeres’, de Charles Musselwhite y ‘Blues in a Dream’, de Jerry Portnoy, dos delicias bluseras con los guitarristas Godoy y Holgado haciendo maravillas con sus violas.
“Con los dos he tocado, con Nico en un proyecto propio de blues y con Jorge con Los Eternos Desconocidos – continúa – Estoy muy feliz por estas grabaciones, es un recuerdo que queda, y el proceso de grabación se convirtió también en un proceso de aprendizaje con gente que uno quiere y disfruta mucho compartir.”
Allí va Claudio con su hobby por la vida, un hobby que lo hace músico cada vez que sube al escenario a compartir su armónica con sus pares y el público, con algo de humildad, algo de docente y siempre con la pasión a cuestas.

 

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