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miércoles, 25 de mayo de 2022
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Columnista: De esto y aquello – Nota 1509 (4ª Época)

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

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La Argentina culta y con un cierto bienestar  se termina al finalizar los años sesenta; y durante  los setentas ya en barranca abajo se echan las bases, incluso con sangre, de esta Argentina actual que cada argentino lleva encima como un vía crucis. Desde que echaron a patadas allí a, todos y todas, en un inaudito suicidio colectivo,  sin importar ideologías, que por otra parte, por esos tiempos ya empezaban a deshilacharse. Y en esa caída sin freno curiosamente se repetían año tras año los titulares de los diarios, incluido este en el que escribo; y de ello ha pasado medio siglo. Siempre pasa lo mismo, o sea que nada pasa y por eso la noticia es la misma. Los mismos encabezamientos  y no falla, porque los problemas subsisten en cada estación y en vez de música de Vivaldi, los problemas no resueltos erigen los mismos títulos.

Es asombroso que un gran país por su pasado y a la vez un país grande riquísimo, con gentes fuera de serie,  y también malas como en ningún otro sitio, sean incapaces  de no aportar un mínimo de bienestar. Cierto, la mayoría no da bajezas, pero curiosamente unos pocos  de los otros hunden a cada argentino desde todo punto de vista. El argentino vive mal  desde que se obliteraron los años sesenta. Y al parecer, es que no se ha dado cuenta, o no ha querido hacerlo. Pero tan mal vive el de la Matanza que en definitiva sabe en su mayoría que esa vida no es su sino ni la merece; pero es el eterno porvenir que le ha adjudicados los dueños de cuanto embeleco son capaces de inventar. Y ¡oh, sorpresa! a los cuales votan sin pestañear ni analizar por cuatro monedas sin valor.

Al menos Judas se cotizaba, porque treinta monedas de plata eran una fortuna. Están arriba y nunca les bajan a pesar de ser la hez de la política. En las antípodas  también vive mal aunque tenga mil hectáreas, aunque es otra la sensación, porque desde hace medio siglo el ambiente es malo. Y viven mal  y muy mal los que trabajan, y curiosamente para darse un gusto aúpan al podio nacional a gente sin cabeza y terminan como títeres. La Argentina se ha convertido en un país olvidado, gracias los baradeles y baradelas que no solamente ha tenido los próceres que a ellos les gustan, sino también otros mucho mejores y otros hijos de las clases medias o acomodadas que han recibido premios Nobel. Tres Nobel en Medicina y no saben qué hacer con una vacuna. O Saavedra Lamas Nobel de la paz, al lado de estos diplomáticos y cancilleres que ni hablan inglés.

Aquí falta gas en invierno y electricidad todo el año, y puntualmente en verano. Donde se enciende un ventilador se manca el amperio; lo cual lleva a pensar que faltan hombres y mujeres capaces para tomar las riendas del Estado o las riendas de las empresas, que si bien todas son anónimas o no, pero que igual incumplen las leyes porque están más volcados a hacer caja con las ubres magníficas del estado. Pertinaces acomodados en vez de trabajar en lo que les concierne y está en los papeles y en las leyes.

Y todos los años el mismo problema aquí y en la nación. Si se molestan en leer La Mañana de años pasados se han de encontrar los titulares son los mismos  con ligeras variantes. O con grandes variantes como este año que el huracán desempolvó las cabezas de los bolivarenses y dejó al desnudo lo que es la cooperativa;y a sus dirigentes.Durante años ocurre lo mismo y recién toman nota que existen los generadores. Cuando es sabido que poco a poco se han ido vendiendo a lo largo de los años los que servían para paliar un problema y nadie sabe que pasó. Sin embargo, cuando las papas queman, lo habitual, o son mandados o la culpa es de arriba.

Siempre  es igual, vayan a los diarios de dos o tres años atrás y verán que en vez de hablar de mejorar la electricidad hablan de precios que por supuesto nunca están a la altura de la circunstancia económica, cuando la circunstancia es que ellos no tienen altura y que los que mandan no saben arreglar la circunstancia que circunstancialmente han fabricado. Lo curioso del asunto es que si los precios no son los que deben y rondarían para entendernos el doble de lo que se paga, pues pocos podrían pagarlo. Y no faltaría el asombro de algún político ante semejante adversidad.

Es que deberían vender  las empresas si no dan rédito. Y de lo contrario, que se dejen de embromar y se dediquen a sus empresas, en vez de desvivirse por las ventajitas del estado. Porque con los ríos argentinos se podrían interconectar las tres Américas; y sin problemas.  Pero todos los años el campanazo en Campana de la interconexión que como es inteligente se salta sola. O sea, no son ellos es el cable. Y a otra cosa. Lo curioso de estos empresarios de la electricidad es que se van a Suiza porque no hay cortes y no se que mala computadora.

Y sin ir más lejos, cuantas toneladas de tinta se han gastado en los periódicos para poner durante medio siglo que estamos cerca de un acuerdo con el FMI; y en los últimos veinte años todos los días el mismo sonsonete. Y no pasa nada. Y el pescado sin vender. Eso sí, le vendieron a los argentinos que este ilustre ministro de economía venía de las mejores universidades y era poco menos que el hijo de un nobel de economía; pero antisistema. Que no cualquiera tiene un antisistema. Pero sucede que Argentina no requiere un antisistema; en primer lugar porque es un país sin sistema,  y en segundo lugar porque es igual a todos los economistas anteriores, tanto por el anverso como por el reverso y llevan la marca en el orillo; o sea, anti argentinos sistematizados.

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