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domingo, 28 de noviembre de 2021
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Columnista: De esto y aquello – Nota 1498 (4ª Época)

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez.

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Están los argentinos en el borde del abismo, al punto por demás trágico que si sopla un viento y no muy fuerte se caen. Que por otra parte es lo que quieren una serie de personajillos que se quedarían  sin la paga, y sin ese insólito éxtasis a que los lleva la perversidad. Sin duda, las elecciones nos han de retirar del borde y del peligro;y por suerte, distintas serán las cosas cuando no tengan los distintos Legislativos a lo largo y ancho del país. Y por supuesto tampoco tendrán las manos libres, suponiendo, claro, que la oposición empiece a trabajar al rato de conocerse los números. Ya deberían saber qué van a hacer si les da por patear el carro y la cosa pública se revuelve más de lo debido. Porque si miramos la actualidad y la carrera que hemos dado para llegar aeste inaudito desfondamiento del país, donde a diario te dan servido en bandeja de plata el insulto a todos, incluidos a ellos mismos, aunque se la crean;que parece lo hacen para que no se les vote, y hay que respetar su designio. No votarlos.

Además la soberbia les lleva a izar el desaire, al alba de todos los días, sin vergüenza alguna; que, curiosamente, es lo único que flamea hasta sin viento. O sea, saben que no dan más y esperan la suerte de los números. Mientras tanto, lo de todos los días. Avanzar en el deterioro nacional, que a todos toca de forma desigual pero  les lleva a perder trozos de vida. Que por otra parte, y causa desazón mirar hacia atrás, es lo que un argentino de setenta años y más, ha perdido muchos de su vida,perosobre todo la ilusión tronchada de forma cotidiana por los peores de la nación. Que causa desazón ver cómo han abundado y en demasía en los dos últimos años. Y causa estupor ver como la clave ha sido romper, cada uno desde el puesto conseguido y sin rubor alguno y como lo natural, pues así lo relatan, llevar a cabo el desmoronamiento del propio país;el que sus padres y abuelos tuvieron la gloria de poblarlo y trabajarlo.

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Y ahora, romper el país que los vio nacer y de paso Hispano América en todos los niveles. Recuerde usted lector, y si es mayorcito podráatisbar que después que hicieron saltar a Illia, en un suicidio colectivo,con el tiempo, pocas cosas han ido quedando en pie. Lo que hay hoy, es lo que TENÍA que quedar después de la sangre de los setenta. Que para esto fue todo aquello. De libro.Por otra parte, siempre ha llegado por el voto o por las botas el jodido de turno que por lo regular respondía al nombre de ministro de economía a dedicarse a romper mucho o poco, pero romper ante el aplauso de los correctos. ¡Qué daño han hecho a la Argentina los políticos correctos!Así las vidas ilusionadashan terminado de forma cotidiana en la ilusión perdida porque las gentes han quedado rotas en el camino. Y cada uno sabe que no ha podido llegar a metas más altas porque  media docena de veces lo han dejado grogui,curiosamente, los correctos.

Por otra parte esa manera de hacer las cosas ha arrastrado a todos, porque todos, al no enfrentar, han caído en ese suicidio colectivo que dura demasiado.Y para mejorarlo han de servir las elecciones venideras. Estas o nada por muchos años. Es hora de no dejarse llevar por delante por los quedicen que llueve y andan con paraguas pero hace un sol que raja la tierra. Porque mientras ellos leen el libro del relato, y les va muy bien a usted lector, le va muy mal, como ha sido natural desde un cuarto de siglo atrás que dio comienzo esta era malsana de la que se sale ahora o por treinta o cuarenta años no habrá salida, porque tampoco habrá elecciones, porque el mundo dirá lo que dice habitualmente ante las cosas atroces que suceden; “se lo está estudiando”. Es hora de pensar en lo que importante, porque ellos solo se dan importancia por el mundo para que vean que poco les importa lo importante, salvo aparecer como hacedores de desaires. Tienen una colección nacional y otra del extranjero. Y la oposición deberá demostrarles su incapacidad, pues Argentina no puede seguir perdiendo el tiempo con gente que gana tiempo en la medida que lo perdemos todos.

Por eso viendo el papel y el papelón que hacen por el mundo da pie para preguntarse cómo es que hemos llegado adonde hemos llegado. Los unos y los otros, y hasta parece mentira que todos los medios se ocupen solo de pensar que pasará el día después, cuando lo lógico sería tantear a la oposición y ver si tienen un plan para el día después. Siempre el futuro librado a los que rompen el futuro y siempre partiendo de lo correcto cuando el día a día es incorrecto y poco se lo señala. Porque el asunto pasa por el meridiano de la incorreción política ante tanta  infamia y la sacan a relucir todos los días como se saca a pasear un perro. Mientras los correctos miran y solo atinan a seguir en el grupo de los correctos.

     Pero ahora hay que cambiarlo sin sacarlo de madre que también les conviene a algunos. Y quitarnos de encima todo este desastre social que les ha salido como manda el relato. Por eso es necesario que pierdan las Cámaras, para que  no puedan despeñarnos  más abajo y obliguen a la pelea continua y si conviene a la sangre. En suma, que no hay que votarlos, y si botarlos de esta pesadilla real. Del país de la ilusión al país de las perdidas ilusiones; en un cuarto de siglo.Demoler el país y la nación, al cabo,ha sido un trabajo muy bien realizado. Lo curioso es que hayan podido hacerlo con el rutilante pasado de este país. Algo y algunos fallan.

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