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domingo, 25 de julio de 2021
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Columna musical: Una odisea musical

Escribe: Mario Cuevas.

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La biografía formal nos da cuenta que Stanley Kubrick nació en un barrio del Bronx, Nueva York, en 1928, en el seno de una familia judía acomodada económicamente (su padre, Jacques L. Kubrick, era un renombrado médico). Que al ver los padres que el niño revelaba un gran interés por la fotografía, le regalaron una cámara réflex con la que el pequeño daba rienda suelta su imaginación. La crónica agrega también que era aficionado al ajedrez y a la música, de adolescente tocaba la batería en la Taft Swing Band, una agrupación de jazz.

En este punto, todas las biografías consultadas coincidirán que las tres actividades que el joven Stanley practicaba con fruición fueron forjando al futuro cineasta.

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Ahora ubiquemos al joven Kubrick en Nueva York, consiguiendo un puesto como fotógrafo en la revista Look, trabajo que le permitirá conectarse con gente del ambiente; y frecuentando el Museo de Arte Moderno y sobre todo, el cine Loew’s Paradise. Allí, mirando las películas del director alemán Max Ophüls, (una autoridad en el manejo de las cámaras) y los films del realizador ruso Sergéi Eisenstein, (maestro en la técnica de montaje); Kubrick comenzó a pensar y planear sus primeras películas.

En los 50’s realizó sus primeros cortos y su primera gran película: ‘The Killing’ (Un atraco perfecto, 1956), donde ya comienza a mostrar sus rasgos distintivos: meticulosidad y perfeccionismo para reflejar hasta el mínimo detalle; además del control total de todas las áreas del rodaje.

Filmó ‘Paths of Glory’, (Senderos de gloria, 1957) y ‘Spartacus’ (Espartaco, 1960), ambas con Kirk Douglas. ‘Lolita’ (1962), basada en la novela de Nabokov, fue el siguiente y polémico proyecto: el guión contaba la historia de un hombre maduro que se enamora y seduce a una joven de catorce años. Por inconvenientes con la censura, la película se rodó en Hertfordshire, Inglaterra, Un hombre huraño y reservado como Kubrick encontraría en la campiña inglesa un lugar ideal para vivir, cuando terminó el film fijó su residencia allí.

Odisea musical

Las nuevas técnicas de la época, como el Cinerama, posibilitaron el desarrollo de películas de ciencia ficción y Kubrick no era ajeno a ello. Además, hacía tiempo que andaba dando vueltas en su mente la idea de la posibilidad de la existencia de vida extraterrestre. Un amigo le sugirió que entrevistara a Arthur C. Clarke. Durante 1964 Kubrick y Clarke acordaron un guión y al año siguiente se inició un rodaje que duró casi tres años. El estreno de ‘2001, A Space Odissey’, estrenada en 1968, sorprendió a propios y extraños. Era una película de ciencia ficción pero no contenía los elementos tradicionales, Kubrick contaba una historia que abarcaba la evolución de la humanidad, desde el proceso de hominización en África hasta el máximo progreso que presuponía traspasar las puertas de las estrellas y lograr una estado superior de la especie.

Stanley Kubrick logrará la máxima simbiosis entre imágenes y música con  ‘2001, A Space Odissey’ y para ello no recurrió a una banda de sonido original, si no que utilizó música ya compuesta (en su mayoría de cámara y sinfónica).

El film está dividido en tres bloques, el primero es ‘El amanecer del hombre’ y tiene como protagonista los primeros habitantes de la Tierra que encuentran un misterioso rectángulo negro enclavado en el terreno. Una escena reveladora de este tramo incluye la obertura de ‘Así hablaba Zaratustra’, poema sinfónico de Richard Strauss basado en el libro homónimo de Niestzche, que acompaña al primer hombre mono aprendiendo a utilizar un hueso de un animal como herramienta.

La segunda parte se denomina ‘Misión Júpiter, 18 meses después’ y se centra en el viaje de la nave Discovery junto a seis tripulantes y HAL 9000, una enorme computadora, protagonista de suma importancia en el film.

El segmento final es ‘Júpiter, más allá del infinito’. Aquí encontramos al astronauta David Bowman ingresando con su capsula al tercer monolito que aparece en la película, a partir de allí se tejerán las más diversas teorías sobre el ‘viaje’ del astronauta.

Kubrick realiza con maestría el contrapunto entre ‘Danubio azul’, del otro Strauss, Johann, y las increíbles imágenes para la época de las naves flotando en el espacio a modo de ballet. Dentro de la enorme nave suena el Adagio de la Suite ‘Gayaneh’ de Aram Khachaturian, enmarcando la rutina de los tripulantes.

Para las escenas más extrañas e inquietantes del film, Kubrick eligió tres páginas del compositor húngaro György Ligeti, músico de vanguardia en la década del 60, ‘Atmospheres’, ‘Lux Aeterna’ y ‘Requiem’, acordes al carácter inquietante de las escenas.

Como buen obsesivo, Kubrick tenía decidido utilizar música clásica pero fue probando y descartando posibilidades. Antes de ‘Danubio azul’ había pensado en el bello scherzo de ‘Sueño de una noche de verano’ de Felix Mendelssohn (también quedó descartada la Sinfonía n°3 de Gustav Mahler).

Hay que acotar que no solamente estas músicas quedaron fuera de la película, también el trabajo entero de un compositor. Los estudios MGM habían considerado que tamaña producción tenía que tener una partitura original y para ello contrataron a Alex North, quién debió realizar la tarea en tan sólo dos semanas. Kubrick no dijo nada a North hasta que éste se enteró el día del estreno que su música no estaba incluida (esa banda de sonido sería editada por Jerry Goldsmith veinticinco años después).

Resplandor naranja

‘Orange Clockwork’ (La naranja mecánica, 1972), basada en la novela de Anthony Burguess, es el segundo volumen de esta perfecta yuxtaposición entre imágenes y sonido. La historia muestra a Alex DeLarge (Malcolm McDowell), un delincuente carismático que lidera una banda de matones, cuyos placeres son la música clásica y la ‘ultraviolencia’.

Aquí Kubrick incomoda cuando utiliza la Novena Sinfonía de Beethoven, un canto a la fraternidad humana, ilustrando escenas de una carga de violencia inusitada. En la banda de sonido se escuchan también dos conocidas oberturas de óperas de Gioachino Rossini: ‘La gazza ladra’ y ‘Guillermo Tell’, además de dos marchas del compositor inglés Edward Elgar.

Kubrick recurrió a Wendy Carlos, una compositora de música electrónica para escribir la partitura original y recrear músicas de Beethoven y Henry Purcell por medio de sus sintetizadores. También usa ‘Overture to the Sun’, de Sunforest, banda folk psicodélica liderada por Terry Tucker.

Contraste aún mayor se produce al escuchar en el film a Alex cantar ‘Singin’ in the Rain’ (Cantando bajo la lluvia), popularizada por Gene Kelly, mientras Alex y pandilla apalean al escritor, ultrajan su esposa y destrozan el lugar. La idea surgió de una improvisación en el set de filmación. Kubrick sopesaba qué sonidos acompañarían a tan terrible escena, le preguntó a McDowell si sabía cantar y éste contestó: “Sólo sé una canción, ‘Singin’ In The Rain’. El director se ausentó por un rato del set de filmación, el tiempo suficiente para conseguir los derechos de la canción.

Stanley Kubrick continúo emocionando y deleitando a las audiencias con sus imágenes y la elección de la música: en ‘Barry Lyndon’ (1975) suenan Häendel, Schubert y Mozart, además de temas tradicionales a cargo de The Chieftains; ‘The Shining’ (El resplandor, 1980) incluye composiciones de dos conocidos, Wendy Carlos y Ligeti, además de páginas de Bela Bártok y Kryzystof  Penderecki. Para ‘Full Metal Jackett’ (Nacido para matar, 1987) optó por bandas que sonaban en la época de la guerra de Vietnam: Rolling Stones (‘Paint in Black’), Johnny Wright (‘Hello Vietnam’) y The Trashmen (‘Surfin’ Band’). En su último film, ‘Eyes Wide Shut’ (Ojos bien cerrados, 1999), alternó música clásica con popular. Ligeti, Shostakovich y Mozart por un lado, pianista de la talla de Oscar Peterson y Brad Mehldau del otro, sumado al debut como compositora de bandas de sonido de la pianista y violista inglesa Jocelyn Pook.

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