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sábado, 22 de enero de 2022
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Cincuenta años de Beto

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Alberto Félix Rivas fue reconocido por el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la provincia de Buenos Aires por los cincuenta años de su inscripción en la matrícula de contador público nacional, una profesión que comenzó a ejercer hace ya más de cinco décadas. (En rigor, se recibió en agosto de 1968.)

La entrega del diploma y la medalla que lo acredita ocurrió en la sede de la delegación Olavarría del Consejo, en la noche del 14 del corriente. Rivas recibió lo suyo de manos de su colega y amigo Daniel Ferrari, de Olavarría, tal como había pedido, y se quebró al momento de pronunciar unas palabras alusivas, algo que rara vez le ha ocurrido y que expone la relevancia que le asigna a esta distinción que otorgan los colegas. “No podía comenzar a hablar. Y justo antes un colega muy joven me hizo emocionar, al aludir a que provenía de una familia de escasos recursos económicos que había hecho un gran esfuerzo para que él pudiera estudiar, algo con lo que me sentí identificado: yo también provengo de una familia de clase media baja. Para que pudiera estudiar trabajaron papá y también mamá, y se tuvieron que postergar los estudios terciarios de mi hermana, que por fortuna luego pudo realizarlos”, recordó Rivas, entrevistado por este diario.

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En el marco del acto dos contadores de ciudades de la región con cabecera en Olavarría recibieron su diploma por sus veinticinco años como profesionales.

“Fue un hermoso momento que compartí con colegas junto a los que he trabajado toda la vida. Con muchos, me reencontré después de muchísimos años”, expresó Beto el lunes por la tarde, mientras cerraba otra jornada de trabajo en su histórico estudio del edificio de avenida San Martín, donde continúa con su labor al ritmo de un iniciado a pesar de esta a un tris de cumplir 81, junto a Patricia Ocaña, su secretaria desde hace casi cuarenta y dos años (ver aparte).

Rivas no conocía a muchos de los colegas presentes en el acto, pero todos lo conocían a él. Es a estas alturas un referente regional y quizá provincial de la profesión, aunque recién ahora ha vuelto a viajar personalmente a la delegación Olavarría por cuestiones atinentes a su actividad, a partir de las nuevas modificaciones legales contables e impositivas (en los últimos años enviaba a un comisionista).

¿Qué valor le asignás al hecho de ser una suerte de referente regional y hasta quizá provincial entre los contadores?

-Te satisface que se acerque gente que no identificás a felicitarte, porque sabe quién sos. Y se me vino en ese momento el recuerdo de colegas más grandes que yo, con los que fuimos muy amigos: Roberto Beighau (el primer contador que hubo en Bolívar, de algún modo guía de Rivas, que fue el segundo), Aitala (de la centenaria empresa dedicada a la fabricación de fideos), Socini, Aramburu. Con Roberto íbamos de acá (a Olavarría) con los balances para que nos los certificaran…”, rememoró el bolivarense, que concurrió a la ceremonia acompañado por su hija mayor, María Paz Rivas (su mujer, Julia, y su hija menor, Soledad, acababan de regresar a Bolívar de un viaje largo).

Chino Castro

 

El Mérito “fue aún más emocionante”

Una semana después del reconocimiento por sus cincuenta años como contador (ver nota principal), Alberto Félix Rivas recibió otro premio: el Mérito, tradicional distinción anual que otorga el Rotary Club, en la categoría ‘profesional’. Mientras los dirigentes y funcionarios políticos bolivarenses (y del país) trenzaban que era un contento en busca de la mejor tajada en las listas rumbo a las elecciones, y ninguno de ellos se acordaba esta vez de él, quienes sí lo tuvieron presentes fueron los integrantes de la CD rotaria, que hoy encabeza Mario Navarro.

La entrega de la plaqueta al Mérito se llevó a cabo el sábado por la tarde en la Sala de Conferencias “Isaac Mosca” de la Cámara Comercial; Beto asistió acompañado por su entrañable amigo Horacio Alonso.

“Te diría que fue más emocionante que lo otro, porque ya es una distinción de otro tipo. Cumplir cincuenta años es fortuito, es el paso del tiempo, los cumplís y se terminó”, aseveró tajante Rivas, si bien para conseguir la distinción a la que accedió él se requiere, además de acumular años, no haber sido un contador de chanchullos, que, caramba, los hay también entre nosotres.

El Mérito “fue muy importante en primer lugar porque no estuve nunca en ese grupo de gente, si bien no estoy en contra del Rotary. Ni cercano a ellos, por lo que el hecho de que me hayan elegido me resultó muy emocionante y valioso”, remarcó.

Su elección como profesional destacado del año por parte de la comisión rotaria fue casi por unanimidad.

Juventud acumulada

Todos los días, un hombre de casi 81 años sube y baja una escalera hasta y desde el primer piso donde trabaja, en el edificio más simbólico de la ciudad. Impecablemente vestido, con prendas y calzado siempre en colores y estilos combinados, con carpetas en sus brazos y un andar erguido y jovial que más de un hombre joven ha de envidiar. Siempre delgado, siempre prolijo y con estilo, siempre tan Beto Rivas.

Un rara avis en su rubro y en cualquiera, sigue trabajando a su edad con el mismo vigor, compromiso y vigencia que cuando tenía 40. Sin resignar volumen de actividad ni horas de aplicación. Pasión es la palabra que lo define, porque por fríos que parezcan también se puede tener pasión por los números y analizar la vida, hasta el amor, a partir de cifras y porcentajes. Si uno ingresa al edificio y sube sólo dos escalones, algunos metros a su frente hallará la oficina de Beto con la luz casi siempre encendida.

Encara cada jornada junto a Patricia Ocaña, ya una suerte de socia más que una secretaria, la misma cumplidora mujer que, con cuarenta y dos años en la oficina va a terminar jubilándose y retirándose antes que su jefe (a él le gusta bromear con esto), la misma que le plantea trabajos para seguir haciendo.

Rivas fue siempre auditor externo, por lo que desarrolla su labor en las propias empresas que lo contratan, no permanece todo el tiempo en sus amplias y cuidadas oficinas del edificio de avenida San Martín. Esto explica que nunca haya poseído una gran estructura de trabajo, como algunos de sus colegas.

“Siempre he sido un profesional muy autoexigente, me he tomado pocas vacaciones y demás. Hoy mantengo las ganas de seguir, y te diría que sólo me queda en el camino algo que tal vez no pueda repetir: la tarea en el sector público. Fui doce años contador municipal, estuve cinco como secretario de Hacienda y dos períodos como concejal (peronista), y gané por concurso un lugar como docente en el Ministerio del Interior, para dar charlas a concejales en el IFAM”, enumeró con orgullo durante esta charla exclusiva el también ex docente de Contabilidad en escuelas secundarias en el período 1968-2004. (Dejó su trabajo como profesor cuando ingresó al Instituto de Fomento y Ayuda Municipal, IFAM.) Podría decirse que anda con su currículum a flor de labios, un Beto que a pesar de haber superado en su larga vida trances singularmente duros, no deja de considerarse “un hombre de suerte”.

En lo público “me hubiera gustado hacer algo más, pero muchas veces no depende de uno…”, admitió el hombre que en su actuación como edil se aferró a un gran caballito de batalla: la coparticipación federal, reparto de recursos económicos en el que, como aún gusta explicar, la provincia de Buenos Aires ha sido históricamente relegada.

Queda más, pero para la próxima: en nuestra edición de mañana, Beto Rivas hablará de política con la sinceridad, y tal vez cierta nostalgia no del todo procesada, del que está afuera después de haber estado adentro mucho tiempo.              Ch.C.

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