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miércoles, 03 de agosto de 2022
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Cantándole a mis pagos (Capítulo 4)

Escribe: Mario "Chiqui" Cuevas.

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Hoy presentamos el cuarto y último capítulo de estas entregas dedicadas a Bolívar, sus localidades y su gente, homenajeada por las y los artistas del lugar.

FefeBotti y Diego Peris, dos grandes exponentes de nuestra música han homenajeado a Bolívar, en estos casos a través de músicas instrumentales. Fefeincluyó El Chicharra en su álbum debut como solista, Segunda naturaleza (2012). El tema lleva por título el entrañable trencito que por muchos años recorrió las calles de Bolívar para delicias de las niñas y los niños (en 2021 el Tren Chicharra se puso nuevamente en funcionamiento). El Chicharra es ejecutado con maestría por grandes músicos, allí están Diego Suárez (flauta), Inti Nicolás Sabev (clarinete), Alejandro Devries (piano), Pedro Etcheverry (batería), Diego Fagalde (guitarra) y por supuesto, nuestro FefeBotti (bajo y contrabajo), con arreglos de Botti y Suárez.

En el caso de Diego Peris y su Gotas de nostalgia, hay un fuerte condimento afectivo en su factura. “Estaba estudiando Bellas Artes en La Plata y me avisan que mi abuelo estaba internado en Mar del Plata y estaba bastante mal – nos relató Diego – Fue como un flash, Cuando empecé a grabar el tema llovía y en seis, siete horas ya lo tenía editado, todo listo”.

Tiempo después el tema se convirtió en leivmotiv de Nana (2017), film dirigido por Micky Francisco y protagonizado por Eva Robles y Marcelo Chamaco Valdez.

Historias de irse siempre (música: Eduardo Real, letra: Jorge Suárez)

Esta canción, registrada por Eduardo Real en instrumentos y Daniel Marcón en voz, formó parte de la banda de sonido de la obra teatral del mismo nombre estrenada en 1992, escrita y dirigida por DuilioLanzoni.

“Lo que digo en esa letra es que a mí me tocó quedarme – nos cuenta Jorge Patita Suárez treinta años después – ya tenía una hija, mi padre había fallecido, pero se fueron un par de amigos a vivir a otro lugar. En esos años, por la crisis de los 90, hubo un éxodo muy grande, viajabas o ibas a la estación de trenes y encontrabas mucha gente yéndose de la ciudad. Yo elegí quedarme y no me arrepiento, lo mío está acá y ahora que tengo nietos más todavía.”

Son historias de irse siempre con adioses y partidas

Lágrimas y despedidas de irse para no volver

Son historias de irse siempre con el alma magullada

Irse sin que nadie vea, huir en la madrugada

Buscando los horizontes, buscando los colores

Que los grises hoy te niegan que te tapan los mediocres

Son historias de irse siempre, de irse para no volver

Son historias repetidas seas hombre o mujer

Son historias que pasaron, que pasan o pasarán

Algunos también quedamos solo para recordar

Son historias de irse siempre contadas por los de acá

A los que nos ancla un niño, un amor, la soledad

Los que día y noche estamos, enclavados en un bar

Como un buque fantasma que a la plaza trajo el mar

Son historias de irse siempre, y a veces de volver

Buscando una cara amiga, algo que reconocer

Son historias de irse siempre, de irse para no volver

Son historias repetidas seas hombre o mujer

Betty Alba – Elegía por una fundación

Bettytiene en su haber varios poemas dedicados a Bolívar, lo demuestra en su libro De sombra y huella (1999), y en el poema La batalla, publicado en Antología de escritores bolivarenses.

Un ocho primero y luego

un dos de Marzo

son, para cierta ciudad y cierta gente,

fechas muy importantes.

Cuentan memorias

 que un día ocho avanzó,

desde el Sudeste,

una leyenda ardiendo

en soles y gigante.

De obsidiana la leche de la madre,

libre y corajudo su linaje.

Con los huesos de cien años a cuesta,

salitroso de gloria y de conquista

hizo suya la fantástica osadía

de apurar a la muerte su osamenta.

Acusando la luctuosa sentencia

de algún mañana gringo,

aburrido de reclamar en vano,

puso fecha y lugar a un designio.

Apenas dicen, y no muy claramente,

que el bronce se arrastraba malherido

del Norte al Este

 en busca de imposibles.

Que de venganza y de rencor

nació el milagro

y en la ladera Este de Las Acollaradas

el débil se aventajaba bravo.

Sangre entonces bebió

la historia -cavatumbas-

y se tragó a los hombres como nunca.

Protestó un llanto verde Dios

 desde la lluvia

y un vómito de alambres y de granos.

Justificando la matanza, así clavaron

a una ciudad al suelo.

Fue un dos de Marzo.

A puro decretazo y sin más vueltas.

La avanzada, dijeron, es grandeza:

¡Quién puede resistírsele a una Patria!

Crece color hazaña la pobreza

de servirse del hombre hacia la idea.

Pólvora por principios. Símbolos como Formas.

Se levanta una cuadra

y cuatro cuadras.

De pronto brotaron las esquinas,

el almacén de ramos generales,

los primeros rosales,

los “muses” y los “trucos”

del mostrador de copas.

Pero al decir ciudad no le pusieron

cementerio, eso vino después,

Cuando sintieron

que los pueblos no son sino desde sus

muertos.

Tilde Pérez Pieroni – Yo soy la milonga

Nació en Bolívar el 22 de enero de 1913. En 1926 comenzó a publicar sus versos y algunas breves composiciones en prosa en la Revista Cultural de Bolívar y en los periódicos La Verdad y Rivadavia de Bolívar.

Escribió Atahualpa Yupanqui a modo de prólogo en Cancionero Azul y Blanco (1965): “Pérez Pieroni fue directo al sencillo decir del hombre de campo. Maduró su copla, su palabra para la danza, su voz para el camino, desde el adentro, desde el dictado terrígeno. Diríamos que sintió el aliento de la tierra, con amor, también con humildad clara y digna. 

En buen momento aparece este trabajo para adornar el trabajo de los cansados. Para sumarse a los hechos ejemplares que determinan en el artista una firme actitud patriótica. Y también para que, transitando bajo el venerado viento argentino, vayan los versos alimentando la boca de las guitarras”.

Yo soy la milonga

Yo nací en aquellos tiempos

En que enseñó Santos Vega

Que el gaucho sólo se entrega

A la justicia de Dios.

No ha de negarme ninguno

Como no niega a la madre.

No hay criollo que no se cuadre

Cuando lo templa mi voz.

Milonga me llama el campo,

Milonga me llama el viento,

Y hasta milonga me siento

Cuando el gaucho hace la Cruz.

Me nombra el rancho de adobe

Y la tropilla de un pelo.

La Cruz del Sur en mi cielo

Me nombra con voz de luz.

Me han cantado con orgullo

Los más grandes payadores.

Confidente fui de amores

Que nunca podré olvidar.

Y en ruedas de pulperías,

Entre altivos gauchos rudos,

Hice blandos a los “crudos”

Y a los más tigres, ¡llorar!

Mi voz lo ha cantado todo

A impulsos del sentimiento,

Porque es símbolo, mi acento,

De ternura y de pasión.

Aquel que quiera olvidarme

Puede – si así lo decide –

Que al olvidarme se olvide

De su propio corazón.

Soy milonga cuando el gallo

Degüella la madrugada

Milonga si la majada

Se oye, a lo lejos, balar.

Por milonga soy la pampa

Por milonga soy el beso.

Si por milonga soy eso…

¡cómo me voy a olvidar!

Pedro Vignau – Romances del tiempo viejo (1965)

Extracto de su poema El gran milagro

La música, emoción del alma, pura

Que eleva al hombre en ansías de infinito,

Halla en Bolívar quien la sienta y ame

Para halago del ser por los oídos.

Luis Gagliardi, en su amor a la alta música,

Brinda a su pueblo su hondo virtuosismo,

Brotado de sus dedos a raudales

En su espontáneo fluir de su yo íntimo.

Teoría de música los Rossi,

En creación florecen con Virgilio:

Apegado a su pueblo y su terruño,

Él siente su folklore en arte rítmico.

Fotografía: Leonardo González

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