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martes, 28 de septiembre de 2021
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Cantando al sol

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El 1° de febrero pasado María Elena Walsh hubiese cumplido noventa años y en todo el país se sucedieron homenajes a su figura.
Generaciones de niños crecimos con sus obras. Queribles y agraciadas, las canciones de María Elena Walsh nos ayudaron a soñar y jugar con la imaginación como arma principal. Su reino del revés, poblado por vacas estudiosas, tortugas oriundas de Pehuajó, utensillos que dialogan a la hora del té, brujos y países del Nomeacuerdo nos acompañaron durante nuestra niñez y formaron un mundo de fantasía y ensueño.
Ya mayores, los argentinos fuimos testigos de sus otras canciones, las que testimoniaron una época o retrataban pequeñas historias personales: ‘Como lo cigarra’, ‘Serenata para la tierra de uno’, ‘Barco quieto’ son sólo algunos casos de temas que María Elena Walsh compuso para que quedaran grabadas en el inconsciente colectivo de los argentinos.

Los viajes
Ya adolescente, María Elena se volcó de lleno a la poesía. En 1948 publicó su primer libro de poemas, ‘Otoño imperdonable’. El libro cosechó muy buenas críticas que provocan que el poeta Juan Ramón Jiménez la invite a pasar un tiempo en Estados Unidos. Pasaron seis meses de fructíferas y también amargas experiencias en Washington y New York, pero todavía resonaba en sus oídos el consejo de Juan Ramón Jiménez: “No hay que hacer vida de peña, no hay que escribir para un grupo de amigos, y caer en gracia de moda. Hay que mirar a un horizonte intemporal.”
En 1950 María Elena comenzó a cartearse con Leda Valladares, una joven tucumana que estaba en Venezuela presentándose como cantante. Leda había cultivado el blues y el jazz, y quedó prendada del folklore luego de presenciar un carnaval en el norte argentino. Leda se transformaría no sólo en una intérprete del folklore argentino sino también en una eficaz estudiosa e investigadora. Las cartas iban y venían con calor y celeridad y esa combustión interna produjo el dúo Leda y María. París era el destino. En el viaje en barco desde Panamá a Europa, Leda le hizo conocer a María Elena el repertorio anónimo del folklore, también la obra de Yupanqui y los hermanos Ábalos. El largo viaje les sirvió para coordinar sus voces, contralto y soprano, apoyadas en guitarra, caja y bombo. París, el music hall, los cafés concerts y sus personajes formaron definitivamente al dúo. Violeta Parra, Lalo Schifrin, Charles Aznavour son sólo algunos nombres que compartieron experiencias con Leda y María.

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María Elena en Buenos Aires
El dúo regresó al país promediando los 50 y participó de los inicios del boom del foklore argentino. Se separaron en 1963, María Elena Walsh tenía otros planes, se abocó a la literatura y a las canciones para niños. De Europa trajo en su valija la canción francesa y la tradición inglesa de los juglares que, tamizada con la música argentina, terminaría de forjar a una autora sin par. La década del 60 fue fundamental en la carrera de María Elena: literatura infantil, obras de teatro y canciones para los más chiquitos se sucedían con éxito y calidad. Luego María Elena decidió probar suerte con los mayores y salta de la obra para niños ‘Canciones para mirar’ a una para grandes, ‘Juguemos en el mundo’. También conocido como ‘Show de los ejecutivos’, la obra contenía una mirada ácida hacia una parte de la sociedad “que tenía la sartén por el mango y el mango también.”
En los 70 María Elena ingresa a sus cuarenta años revelándose como una compositora lúcida y plena de creatividad. “La Walsh es Europa – dice Oscar Cardozo Ocampo, músico que la acompañó mucho tiempo y arregló sus canciones – pero también puede ser el sur con las milongas por décimas de ‘Sapo Fierro’, el norte argentino con la baguala ‘Juan Poquito’ o Centroamérica con el ritmo de guajira de ‘Sábana y mantel’. Ella conoce todos los estilos. Sabe, como yo, lo que es una vidalita y lo que es un aria operística. Esa variedad adquiría unidad en los espectáculos: sólo ella lograba pasar de lo profundo a lo sensual en un mismo recital y en forma convincente, fuera de todo género establecido.”
En julio de 1978, a sus 48, María Elena anunció que no seguiría cantando ni componiendo. Sentía que se había apagado su impulso juvenil y además la censura del gobierno militar tampoco ayudaba. Se refugió en la escritura pero no dejó de retratar la realidad: el 16 de agosto en 1979 publicó en un diario de gran tirada ‘Desventuras en el país jardín de infantes’, valiente artículo en defensa de la libertad de prensa y la creación que además retrataba verazmente el proceso con sus celadores, ametralladoras, Martínez de Hoz, el mundial y las esposas de los integrantes de la junta militar. “Que quizás influyan en alguna decisión así como contribuyen al bienestar público con sus admirables tareas benéficas”, escribía la autora. La nota tuvo repercusión dentro y fuera del país y le originó a María Elena la represalia del gobierno censurando su obra. Con su compañera, Sara Facio, emprenden un largo viaje al exterior. Se pensó que habían emprendido el exilio pero no, era sólo otro viaje, a su regreso a María Elena le esperaba una lucha de otras características.
En julio de 2008 Crónica Digital publicó una entrevista a María Elena Walsh. Hacía mucho tiempo que no hacía declaraciones; en ellas se la notaba lúcida y chispeante como siempre: “Por ahora me gusta más el silencio contemplativo que la opinión – afirmó – Tal vez porque me quedé sin palabras. Desde hace un tiempo no tengo ganas de lidiar con ningún tema de la actualidad. Por ahora, que alguien tome la posta. Después, más tarde, no sé, se verá. Por ahora me desayuno con los diarios; leo los chistes y me entero del horóscopo, nada más.”

Sus canciones
El cancionero de María Elena Walsh es vasto y rico en formatos y contenidos. Desde la hermosa zamba, ‘Barco quieto’ hasta el homenaje al music hall de ‘El viejo varieté’; podía inspirarse en los compositores clásicos (‘El señor Juan Sebastián’, ‘El señor Ravel’) o en la situación del país (‘Serenata para la tierra de uno’). Componía sola pero a menudo colaboraba con otros artistas (Jairo, Chico Novarro, Oscar Alem, Mario Cosentino, Palito Ortega). De su hermoso y a veces injustamente olvidado repertorio recurriremos a una canción que dejó profunda huella en los argentinos y que tomó varias significaciones con el paso del tiempo.
María Elena Walsh escribió ‘Como la cigarra’’ a comienzos de los 70 como un homenaje a los artistas populares y sus desventuras. La canción tomaría nuevos significados en los 80. En los primeros meses de 1981 le diagnosticaron un cáncer óseo producto de una quebradura de fémur. La juglar, que contaba con 51 años en ese momento, tuvo que luchar acompañada de su compañera Sara Facio y sus amigos, enfrentar la quimioterapia y soportar cinco cruentas operaciones para luego resurgir como la cigarra para seguir cantando.
Aparte del sentido autobiográfico, ‘Como la cigarra’ renació con la transición hacia la democracia en 1982. De la mano de Mercedes Sosa, que la cantaba en esa época y la incluyó en los recitales en el Teatro Ópera que quedaron registrados en “Mercedes Sosa en Argentina”; y del Cuarteto Zupay, la canción cobró otra dimensión, la del resurgimiento de un tiempo de esperanza luego de años de oscuridad y sangre.
‘Como la cigarra’ es la prueba de la magia y de lo imprevisible del destino. La canción describía el periplo incierto de los artistas pero años más tarde se transformaría en un canto al renacer de su autora y del país que la vio nacer.

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