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sábado, 22 de enero de 2022
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“Cada vez que lo escucho me gusta más”

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Una de las voces que dio vida al radioteatro Anacleto Morones destaca que fue “una experiencia muy linda, jornadas de mucho entusiasmo”, que está conforme con el producto y con su trabajo en particular, y confiesa que cada vez que lo escucha le gusta “un poco más”.

¿Cómo fue la experiencia de participar en el radioteatro, es tu primera vez con el género?
-Nunca había participado de un proyecto así, fue una de las cosas que le advertí al ‘Mono’ (Alabart, director general del proyecto) cuando me invitó. Pero fue una experiencia muy linda, jornadas de mucho entusiasmo, de divertirnos y pasarla muy bien. La labor implicó jugar con la voz, poner toda la acción en lo vocal.

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La voz y el cuerpo también, porque lo que sale es la voz pero entiendo que usás todo el cuerpo.
-Usás todo el cuerpo, sí. El cuerpo está más contenido, pero hubo acciones en las que para grabar hicimos caídas, caminatas. (Anacleto Morones fue registrado en casa de Ana Laura Maringer, una de las protagonistas.)

¿Te conforma cómo quedo el producto?
-Sí, sí. Días atrás hablábamos con los compañeres y coincidíamos en que a medida que lo vas escuchando el oído encuentra cosas nuevas. Hay formatos en los que se escuchan cosas que en otros no.

Seguramente pasa como cuando volvés a escuchar una canción o mirar una película y encontrás nuevas cosas, otros detalles.
-Exactamente. A mí cada vez que lo escucho me gusta un poco más.

¿Y estás conforme con tu labor en particular?
-Sí. Siempre uno cuando termina una obra de teatro o el proceso de ensayos, o a partir de tantas funciones, advierte que podía hacer cosas de otro modo. Si seguís realizando funciones podés ir modificando, agregando o quitando. En este caso no, pero esta observación la hacemos con ’el diario del lunes’. A mí me parece que estuve bien. Me divertí mucho y pude jugar con mis compañeres. Que también lo que hizo cada uno implica una retroalimentación con el otro. A esto solo no lo hacés.

Una experiencia así supongo que te enriquece como actor, trabajar en un formato nuevo para vos, que has hecho bastante teatro pero nunca radioteatro.
-Sí, claro. Me hizo acordar por momentos a una materia que tuve en el Profesorado de Tandil que es Educación de la voz, donde el acento está puesto en el aparato fonador, en cómo decir diferentes frases con distintas intenciones, tonos y maneras. Según la posición del cuerpo le das otra tonalidad, otro color a la voz. Se trata de ir descubriendo todas las posibilidades expresivas de la voz.

“CON TODOS ESTOS PIBXS SE ABRE OTRO ABANICO”
¿Qué representa volver a trabajar con Alabart, un referente local, y con un grupo de nuevos valores que son no sólo el presente, sino el futuro del teatro bolivarense?
-Trabajar con cualquiera de los referentes del teatro local, y en este caso en particular con el ‘Mono’, es un motivo de satisfacción y orgullo. Siempre he respetado a los referentes, y no por antigüedad, sino porque es gente que se ha formado, estudiado y militado el teatro desde un lugar que conlleva muchas cosas más que hacer teatro, que pone en juego una ideología, una posición frente al mundo y frente a la vida, con la que en general acuerdo. Después, para mí, que pinto canas, es una satisfacción estar con tantos jóvenes. Me gusta porque hay una energía que se desprende de ellos que me hace muy bien.

Y conformados como La Barraca, surgirán lindas posibilidades de hacer cosas.
-Sí, y ya hemos empezado con Siete demonios azules, siete obras breves de Tennessee Williams adaptadas por Alabart. Muy contento también de que me dirija gente joven que por ahí acerca otra mirada. El circuito local es muy chico, como te decía hace tiempo en otra nota, y está bueno el intercambio. Sigo pensando lo mismo, y ahora con todos estos pibes se abre otro abanico.

 

Morones se metió en la grieta

Galaz evalúa que en plena era de la imagen y el color, tal vez hay una saturación y un público que “necesite” un radioteatro para cortar la monotonía, un espacio donde desplegar su aturdida imaginación. “Quizá dimos en el clavo”, reflexiona uno de los protagonistas de Anacleto Morones, a la vez que expresa su deseo de que el producto artístico “siga girando” por radios del país y de que más hacedores se lancen a cultivar el formato.

¿Esperaban esta gira del radioteatro en la ciudad y también por pueblos vecinos, como Pirovano, y más lejanos, como Mar del Plata? Desde el lugar común, cuando reina la imagen, alguien puede suponer que un producto así no tendría mucho recorrido.
-Y a todo eso que mencionás, se agregan posibilidades en Azul y Olavarría. Mientras ensayábamos, lo que me tenía ocupado era el disfrute. Ya cuando dijeron que la cosa estaba, empezamos a pensar dónde llevarlo. Todos queremos que siga girando. Pero lo de Mar del Plata me sorprendió (proyectarán Anacleto Morones el 11 del corriente en FM Stylo).

Un radioteatro hoy está funcionando. Esa es la noticia.
-Quizá haya una necesidad de algo así. Quizá dimos en el clavo, y hay un público que necesita un producto como este. Estamos saturados de imágenes tal vez, y a mí, aunque no tengo televisión, se me vuelve todo muy monótono.

En los medios todo el mundo se viste igual, habla igual y de lo mismo. Y quién sabe eso vaya provocando una saturación o una necesidad de otra cosa. En esa supuesta grieta aparece Anacleto Morones, cuando nadie está haciendo radioteatro.
-Y a mí me parece buenísimo que lo pudiéramos seguir haciendo, o que otros se sumen a la idea y hagan lo propio. Cuando hablábamos de que quizá haya gente que tiene la necesidad de algo por el estilo, pensaba que así como el teatro se completa con el espectador, en el radioteatro es con el oyente y con su imaginación. No hay nada, pero sí imágenes a partir de lo que se va narrando, y una invitación a que cada persona que escuche forme sus imágenes, su escenario, sus personajes, y eso me parece muy bueno. Es la radio eso también.

Claro, Anacleto Morones también viene a reivindicar a la radio como medio, no sólo al teatro.
-Totalmente.

 

Chino Castro

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