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miércoles, 07 de septiembre de 2022
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Búsqueda y encuentro del primer estudiante de intercambio en Bolívar

Ayer. Como lo recordamos hoy.

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Por Roberto M. Álvarez del Blanco, especial para La Mañana desde Estados Unidos.

Es fácil mirar atrás y ver lo que fuimos ayer, incluso en décadas pasadas. Todo es maravilloso una vez ha sucedido. Es una aritmética brutal, con el buen y esperanzador sabor al comprobar que estamos vivos, y con el recuerdo de todos los amados que viven en nuestro interior.

Cuando se reconecta con un viejo amigo después de muchos años se experimenta una fantástica felicidad. Incluso es una gran terapia, una inexplicable y auténtica alegría escuchar su voz después de tantos años. La siguiente historia se remonta a 58 años atrás, en Bolívar.

En 1964 la vida en la ciudad era segura, tranquila y esperanzadora. Íntegra por la ética y eficacia de los dirigentes políticos de la época. Bolívar se preparaba para exponerse al año siguiente al país con la Primera Fiesta Nacional de Electrificación Rural, mediante una capacidad e imaginación significativa, en un proyecto totalmente local.

En paralelo, un ejemplar inteligente y representativo líder social, Dr. Santiago B. Gandola Gobernador del Distrito de Rotary Internacional 221 – con talento y liderazgo – ponía en marcha el programa de intercambio de estudiantes, a través del Programa de Intercambio de Juventud de Rotary Internacional.

Este programa permitió que llegara a Bolívar el primer estudiante de intercambio, Jim Vartuli, de Endicott, Nueva York, quien fue recibido durante un año en casa de la gentil familia de Horacio “Lacho” Bedatou y Nelly Balsells.

Jim asistió a las clases del querido Colegio Nacional, hizo numerosos amigos, introdujo el jogging en Bolívar – al ser el primero que corría al amanecer por el parque – y se convirtió en el primer estudiante extranjero que estudió en Bolívar.

Su conducta siempre fue impecable, como impecable era su vestir, y sus costumbres respetuosas y educadas. Al principio nos comunicábamos con él con dificultad por la barrera idiomática, pero la candidez de la juventud superaba todos los obstáculos.

Seguramente, muchas chicas de la época aun recordarán a Jim, ya que se había convertido, por su elegancia y buena presencia, en una esperanza, en un “muy buen candidato”.

Para su cumpleaños, desde Interact Club, le organizamos una fiesta sorpresa en el Club Buenos Aires. Una cena y baile a la que asistieron más de 150 personas. Conocedores de su hobby por la guitarra, con una colecta entre todos los amigos logramos regalarle una guitarra española. Su sorpresa fue colosal, su emoción contagiosa, su alegría inolvidable.

Han transcurrido 58 años de aquello … y ¿qué ha sido de la vida de Jim Vartuli?

Luego de una búsqueda minuciosa, entusiasta, casi detectivesca, sin ningún dato de partida más allá de su nombre, he logrado localizarlo y reencontrarme con él en Estados Unidos. Fue encontrar, literalmente, una “aguja en un pajar”. En este caso el pajar es la enormidad geográfica de los Estados Unidos, pero la exploración bien ha valido la pena. Jim actualmente tiene 75 años, vive en la pintoresca ciudad de West Chester, en los alrededores de Filadelfia, casado desde hace 53 años con Jane Forliano Vartuli, con dos hijos, James y Melissa, quienes le han dado tres nietos.

Cuando regresó en 1965 a Estados Unidos, finalizado el bachillerato en Bolívar, ingresó en la Universidad Estatal de Nueva York, en Cortland, donde se graduó en Química y Física. Luego inició su doctorado en Química Física en la Universidad de Rhode Island (1969). Posteriormente cursó el programa de investigación en el postdoctorado en el departamento de Ingeniería Química en la Universidad de Yale. Ha dedicado su carrera profesional de 35 años a la investigación para la industria del petróleo en el área de innovación en catálisis y tamices moleculares.

Jim recuerda la inmediata bienvenida que en Bolívar le dieron todos los compañeros del Colegio Nacional. Dice, “nunca me sentí solo ya que me incluían en todas las actividades”. “Disfruté de muchas fiestas con mis amigos”. “También tuve la oportunidad de realizar un viaje de estudios a Buenos Aires donde pude conocer al entonces presidente de la Nación, Arturo Illia.” “Asimismo, visité Mendoza y Córdoba,” concluye.

Añade, “recuerdo cuando para mi cumpleaños organizaron una fiesta y me regalaron una guitarra. La tuve conmigo durante muchos años, hasta que mi sobrina decidió aprender guitarra, y como le era imposible comprarla, se la he cedido.” “Me llena de felicidad observar que la aprecia tanto como yo mismo”.

De Bolívar, revive los kioscos que había en algunas esquinas de la ciudad en donde vendían lotería, algo inexistente en EE.UU., igual que la cantidad de candidatos que se presentaron a las elecciones en 1964. Asimismo, recuerda a la profesora de inglés que le enseñaba pacientemente castellano.

Alude una anécdota vivida con un miembro de la familia Bedatou que lo invitó a volar en un avión particular que él mismo pilotaba. Se quedaron sin combustible durante el vuelo y tuvieron que aterrizar inesperadamente en una pastura. “Cómo para olvidarlo”, dice.

Cuando evoca a la familia Bedatou surgen los adjetivos de entrañables y cariñosos. “Cuando me conoció en el aeropuerto, recién llegado, Nelly me dijo que su nombre era mamá, y desde luego que logró serlo.” “Siempre me sentí que era bienvenido por mis ‘hermanos adoptivos’ Roberto y Graciela y por otros miembros de la familia, incluidos por los tíos y por las tías”. “Especialmente me agradaban las dos abuelas con su buen ánimo para disfrutar la vida y hacer constantes bromas.”

“Siempre sentí que tanto la familia Bedatou como los amigos de Bolívar lograron que mi experiencia en Argentina fuera hermosa, inolvidable”, concluye.

Sobre el programa de intercambio de estudiantes comenta, “mi experiencia como estudiante en el extranjero fue muy positiva.” “Aprendí que el mundo es muy pequeño y que hay gente solidaria y buena en todas partes.” “Gané confianza en mí mismo que me permitió aceptar posteriores desafíos, abandonar mi zona de confort y beneficiarme de este aprendizaje.” “La curiosidad, la exploración y el descubrimiento en la vida compensa con grandes beneficios.” “Me apasioné por los viajes y conocer otras partes del mundo.” “Además de los muchos viajes por motivos profesionales, junto con mi esposa hemos viajado reiteradamente a todos los continentes, con la excepción de Oceanía y Antártica”.

En la vida hay muchos recuerdos y personas que se diluyen, pero lo que permanece firmemente en la memoria son las experiencias transformadoras. Favorecen una constante forma de renacer.

Recordar los viejos buenos tiempos es saludable. En este caso, la estadía de Jim Vartuli en Bolívar fue una aventura enriquecedora para él y para todos los que le conocimos, probablemente en uno de los mejores períodos de la vida, durante la maravillosa juventud.

Luego de haber sido el pionero, numerosos estudiantes extranjeros de intercambio han llegado a Bolívar. Y decenas de estudiantes bolivarenses han vivido la experiencia transformadora al poder disfrutar de un año de estudios en diversos destinos del extranjero. El Programa de Intercambio de Jóvenes de Rotary (RYE) permite el intercambio de estudiantes de educación secundaria en otros países por un periodo de un año. Los estudiantes aprenden un nuevo idioma, descubren otras culturas, y se convierten en ciudadanos globales, además de trabajar en pro de la paz y el entendimiento en el mundo. Alrededor de 10.000 estudiantes son patrocinados por clubes rotarios cada año en más de 100 países.

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