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jueves, 03 de junio de 2021
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Asociación Sanmartiniana de Bolívar: La lección civil de San Martín

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La batalla de Cepeda el 1 de Febrero de 1820, produjo la caìda del Directorio y los porteños siempre recriminaron a San Martin, que no concurrió con su ejército a sostener a los directoriales en contra de los caudillos del Litoral.
El pensamiento sanmartiniano, estaba puesto en la Libertad de America, no en las guerras civiles. Por eso, la expedición libertadora argentino – chilena bajo el mando de San Martín, partió hacia el Perú en agosto de 1820, (sin el apoyo del gobierno de Bs.As), lo liberó de los realistas y declaró su independencia en 1821
Poco antes de partir, San Martín escribía al pueblo de Buenos Aires una larga despedida en la que mencionada, entre otras cosas:”…vosotros me habéis acriminado no haber contribuído a aumentar nuestras desgracias porque este habría sido el resultado si yo hubiese tomado parte activa en la guerra contra los federalistas. Mi ejército era el único que conservaba su moral y lo exponía a perderla, abriendo una campaña en la que el ejemplo de la licencia, armase mis tropas contra el orden…suponiendo que la suerte de las armas me hubiese sido favorable en la guerra civil, yo habría tenido que llorar la victoria con los mismos vencidos…”
En 1822 San Martín renuncia al mando supremo en el Perù, luego de haberse negado a idénticos honores en Chile, regresó a Mendoza donde soportó continuos ataques y agravios de los porteños despechados por su actitud en el año “19”.
Llegò a Buenos Aires, silenciosamente en 1823, recogió a su hija, y el 10 de febrero de 1824 se embarcó en el navío “Le Bayonnais” rumbo al olvido.
A principios de 1829, bajo el nombre de José Matorras retornó al país en el buque inglés “ Condesa de Chichester”. No desembarcó en Buenos Aires por las luchas civiles que en ese momento azotaban a la patria, y se dirigió hacia Montevideo donde permaneció tres meses. Allí fué declarado Ciudadano de Honor y objeto de las más cálidas muestras de reconocimiento por parte de la ciudadanía y gobierno uruguayo recientemente constituído.
En febrero de ese año le remitió carta al ministro de Lavalle, Díaz Vélez donde le explicaba su decisión porque “no perteneciendo ni debiendo pertenecer a ninguno de los partidos en cuestión, he resuelto pasar a Montevideo desde cuyo punto dirigiré mis votos para el pronto restablecimiento de la concordia”.
El diario “El Montevideano” del 21 de febrero de 1829 repudiaba la actitud de los porteños que criticaban al Libertador, al editorializar “…cierren sus puertas a los héroes ínclitos de la libertad de América, sigan su obcecación, sigan su marcha y a ellos también les llegará su San Martín…” y el gobernador Montevideano, Rondeau y el caudillo uruguayo Fructuoso Rivera, ponían a su disposición dos edecanes militares.
En marzo de 1829 fué entrevistado por los representantes del gobierno de facto de Lavalle, y le reiteraron el ofrecimiento de hacerse cargo del gobierno de Buenos Aires y en su caso, de comandar la lucha contra los federales Les respondió por segunda vez en forma negativa
En Montevideo, asistió a varias reuniones de la Convención Constituyente de la nueva República Oriental del Uruguay, la que tomó como antecedentes legales para organizar el nuevo estado uruguayo, los Estatutos Provisionales que San Martín había dictado para el gobierno del Perú en febrero y octubre de 1821.
Atento a las diferencias políticas que ya existían en el vecino país, Fructuoso Rivera, de común acuerdo con Lavalleja, le ofreció a San Martín permanecer en el nuevo Estado uruguayo, honor al que declinó diciéndole a Rivera : “ me voy, 1º : por no mandar. 2º : por la convicción de no poder sustraerme a las divisiones…”
Desde la misma ciudad, se despedìa de su amigo Tomas Guido explicandole su partida en los siguientes tèrminos:” las difíciles circunstancias en que se halla nuestro paìs, hacen clamar al general de los hombres (que ven sus fortunas al borde del precipicio y su futura suerte cubierta de una funesta incertidumbre)por un gobierno vigoroso: en una palabra, militar. Porque el que se ahoga, no repara en lo que se agarra.
Igualmente convienen (y en esto todos) en que para que el paìs pueda existir es de absoluta necesidad que uno de los dos partidos en cuestion desaparezca.
Al efecto, se trata de buscar un salvador que reuniendo el prestigio de la victoria, el concepto de las provincias y un brazo vigoroso, salve a la patria de los males que la amenazan, la opinión presente es que ese candidato es el general San Martín.
Ahora bien, partiendo del principio de ser absolutamente necesario el que desaparezca uno de los dos partidos contendientes, por ser incompatible la presencia de ambos con la tranquilidad pùblica, ¿serà posible sea yo el escogido para ser el verdugo de mis conciudadanos…? No, jamas, jamas mil veces preferirè envolverme en los males que la amenazan y ser el instrumento de tamaños horrores.
Mi amigo, seamos claros, la situación del pais es tal que al hombre que lo mande no le queda otra alternativa que la de apoyarse en una facciòn o renunciar al mando. Esto ùltimo es lo que yo hago… No faltarà quien afirme tener la Patria un derecho de exigir de sus hijos todo gènero de sacrificios; yo responderè que esto, como todo, tiene un lìmite: que a ella se deben lacrificar los intereses y la vida pero no el honor y los principios…” Luego de asistir al retiro de las tropas brasileñas de Montevideo, el 1 de mayo de 1829, partió hacia Londres en el barco “Lady Wellintong” el 6 de ese mes
Viviò en el exilio, agobiado por las deudas y las enfermedades, sus primeros tiempos. Luego mejorò su situación por la ayuda de su viejo amigo el marques de las Marismas. Por las luchas de la independencia Belga ,dejó Bruselas y emigrò a Francia, donde pasò sus últimos años.
El 27 de agosto de 1850, el “Journal des Débats” de París publicaba que había fallecido el eminente guerrero, agregando que “ dominado siempre del noble deseo de sacrificarlo todo a la causa de la independencia, y para que su nombre no fuera una tea de discordia en la organización de los nuevos estados Sudamericanos, se alejó del teatro de sus hazañas y vino a Francia en 1822, donde ha permanecido siempre alejado de las estériles convulsiones que los han dilacerado…”

Adhesiòn de la Asociacion Cultural Sanmartiniana de Bolivar en el 169 aniversario del paso a la inmortalidad del general Jose de San Martin.
Julio C Ruiz
Presidente

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