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sábado, 28 de mayo de 2022
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Argentina es desde ayer, un país más justo

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“A partir de hoy saben qué cambia para las mujeres que no quieren abortar? Nada cambia, amigas”, escribía ayer una usuaria de Twitter y me parece un buen resumen, que debería ser útil para tranquilizar conciencias y estados de ánimo en quienes se opusieron a la sanción de la ley de interrupción voluntaria del embarazo.

 

En la madrugada del miércoles 30 de diciembre, el Senado de la República Argentina sancionó la ley de IVE (38 votos a favor, 29 en contra, 1 abstención) y con esta decisión la sociedad avanzó en materia de derechos para las mujeres y, que quede clarísimo, no se vulnerarán los derechos de nadie a partir de que se ponga en vigencia la normativa.

 

Lograr este progreso en materia de derechos, que pone a la Argentina a la vanguardia (junto con Uruguay) en América latina y que está siendo y fue observado por millones de mujeres en distintas partes del mundo, es consecuencia de la lucha de cientos de organizaciones feministas y de mujeres que levantaron la bandera desde hace muchísimo tiempo. Y también de la movilización callejera en la que las más jóvenes pusieron el cuerpo (las mayores también, claro) tanto en agosto de 2018, cuando se rechazó la ley, como ahora.

 

En Bolívar fue Ni Una Menos el colectivo que puso el aborto legal seguro y gratuito en la agenda o al menos en la conversación local. Las integrantes de NUM Bolívar fueron las primeras que empapelaron el centro de la ciudad con carteles y pancartas demandando “educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, de consuno con la Campaña por el Aborto Legal Seguro y Gratuito.

 

La “Campaña” nació al calor de los encuentros de mujeres, por mandato y demanda de mujeres de todo el país, conocedoras de las realidades de cada ciudad, de cada provincia, de cada barrio argentino. La Campaña, los movimientos feministas, los colectivos de mujeres siempre lo supieron: los abortos existían, pero mientras quienes podían someterse a un aborto aséptico seguían con sus vidas normalmente, las que no tenían acceso a una atención profesional y en buenas condiciones sanitarias, corrían el riesgo de morir y muchas murieron.

 

Para que las luchas de las organizaciones actuales como la Campaña, Ni Una Menos o Católicas por el derecho a decidir, o como los espacios de género de los partidos políticos y sindicatos (a los que no les quedó alternativa que sumar a las mujeres) hayan sido posibles, tuvo que pasar mucha historia. Las victorias de hoy reconocen largas trayectorias e infinitas tramas. Para que en la madrugada del miércoles tuvieran uso de la palabra en la Cámara de Senadores tanto hombres como mujeres, tuvieron que existir las Julieta Lanteri, las Carolina Muzzili, por nombrar solo dos. De ahí se viene.

 

También hay un recorrido de años en los que quedó demostrado que “las luchas sirven”. Hay una generación que maduró al cobijo de las movilizaciones callejeras sin violencia ni represión, cuando marchar y ocupar las calles y plazas para ejercer el derecho a ser ciudadanxs, era valorado, respetado, reconocido. No es un detalle menor y hay que señalarlo.

 

Entonces, la suma del trabajo y la lucha de distintas generaciones, más los pertinentes marcos teóricos y científicos que se han tenido en cuenta para el debate de esta ley, le dan consistencia y fortaleza. Para lograr que todas las leyes tengan perspectiva de derechos humanos y de género habría que empezar de nuevo, en la foja cero de la historia jurídica, porque hasta ahora, está todo escrito por hombres en el contexto del patriarcado. A pesar de eso, hay motivo para celebrar la conquista de este nuevo derecho largamente esperado, duramente defendido y felizmente alcanzado.

 

Hace dos años, en agosto de 2018, desde este mismo espacio en el diario La Mañana, escribía que no había que guardar los pañuelos, que esos trapos verdes que se convirtieron en un símbolo de la autonomía de las mujeres que históricamente fue tutelada por los hombres, más temprano que tarde, iban a agitar victoriosos.  Y esos pañuelos no se guardaron, se multiplicaron por millones en todo el país, crearon su antítesis en los pañuelos celestes y bancaron la resistencia durante estos dos últimos años con la paciencia de una orfebre y con la determinación de quienes se saben sujetas de un derecho a conquistar y se saben también, protagonistas de la historia que se escribe colectivamente. #EsLey

Daniela Roldán

 

La vigilia desde adentro

Lucía Sarnari, integrante de Ni una menos Bolívar, fue parte del ‘movimiento verde’ local y brindó detalles de cómo vivieron la jornada.

 

“Ambos debates fueron días de mucho calor, conociendo esta realidad y la situación epidemiológica de la ciudad decidimos movilizarnos a la tarde noche bajo el pedido del cuidado, llevar barbijo, mantener distancia, etc. Llegaba la hora de la concentración y daba la sensación que en las calles no íbamos a ser tantas, pero de pronto empezamos a mirar la plaza y se veían grupos por todos lados, respetando lo que les pedíamos, pero sabiendo que la lucha tenía que estar en las calles, concentramos, leímos puntos del proyecto, nos organizamos, colgamos la bandera verde y salimos a marchar pidiendo una vez más que el aborto sea legal, cancioneros, megáfono, saltos, ronda, gritos. ‘Somos las nietas de todas las brujas que nunca pudiste quemar’ fue la última canción que se escuchó al unísono, mirándonos lxs unxs a lxs otrxs, sabiendo que el pedido era unánime y todxs teníamos a la clandestinidad cerca. Nos sentamos a ver el debate, escucharlos, se pasaron audiovisuales, escuchamos canciones, nos corrió la lluvia pero ahí seguíamos firmes esperando el resultado, bajo lluvia, viento y tormenta, sin embargo algunxs tuvimos que bancarla en casa pero siempre moviendo desde donde podíamos. 4.11Am grito multitudinario, es ley compañerxs, los cuerpos gestantes no vuelven nunca más a la clandestinidad, tenemos mayor soberanía sobre nuestros cuerpos, tantos años de lucha, de debate, de marchas son el resultado, la tranquilidad de saber que les dejamos un país más justo a las generaciones que vienen, la marea feminista logró ganar un derecho que pedimos hace mucho y ahora no nos callan más”.

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