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lunes, 29 de noviembre de 2021
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Argentina: dólar y el “harakiri”

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El harakiri fue una práctica realizada por los samuráis en el Siglo XVII y luego por los soldados japoneses en la Segunda Guerra Mundial. La misma consistía en clavarse a sí mismo una daga en el estómago para suicidarse.

Argentina sistemáticamente incurre en practicarse el harakiri (no por honor, como los japoneses) y, una vez más, esta con la daga en la mano.

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Yendo al tema del momento (o de nuestra historia), otra vez incurrimos en mayores controles a la compra de dólares. En el mes de agosto, cinco millones de personas compraron su cupo de “dólar ahorro”, mientras que en mayo habían sido la mitad. El cupo de U$D200 esta vez fue apuntado con una retención del 35% a cuenta de ganancias, que se agregan al 30% de impuesto “solidario” vigente. Los dólares a los cuales podías acceder a comprar a $100 hace unas semanas, ahora irán a un precio cercano a los $130 a la cotización de ayer. Además, el BCRA descuenta de ese cupo los consumos que sean realizados con tarjeta en dólares (por ejemplo, Netflix o Spotify).

Esa es una de las medidas. El debate mas importante es ¿qué se quiere lograr con esto? El gobierno está fallando en su mirada sobre el problema. La falta de dólares no es un inconveniente en este país. De hecho, se estima que hay en poder de los ciudadanos argentinos entre 200 y 300 mil millones de dólares. El problema es de CONFIANZA. Confianza en nuestra moneda. Confianza en que se van a resolver los inconvenientes macroeconómicos (déficit fiscal, inflación, caída de la actividad, etc.). Hoy la confianza de los agentes de la economía es casi nula. Eso hace que el argentino busque un “refugio”, y ese refugio hoy es demandar dólares. Es decir, el argentino busca desprenderse de lo que no confía (el peso, el rumbo económico), y eso lo lleva a lo que sí confía (el dólar).

Ante este panorama, la escasez de dólares SÍ es relevante. Mirando las Reservas Internacionales del BCRA, U$D 42mil millones, pareciera que estamos en una situación holgada. Esto no es así, ya que las Reservas Internacionales netas son, según cálculos de Consultora Ledesma, unos U$D 7mil millones. Reservas netas que, además, están compuestas por oro por un valor aproximado de U$D4 mil millones. Para poner en contexto, se perdieron reservas en agosto por más de mil millones de dólares. Es decir que, hasta el día de ayer, manteniendo las condiciones como estaban, Argentina tenía Reservas para hacer frente a la demanda para unos 3 o 4 meses (el cálculo no es lineal y la dinámica puede acelerar el suceso). Había pocas opciones para no llegar al límite, entre las que se encontraban devaluar (aumentar el precio del dólar/bajar el precio del peso), desdoblar el tipo de cambio (una devaluación encubierta) o hacer mas fuerte el torniquete del control de cambios. La última fue la opción elegida.

Esto solo hará ganar tiempo, pero el destino es que, apelando a un paper de Paul Krugman de 1979 donde plantea una situación con las condiciones en las que se encuentra hoy Argentina, el goteo de reservas siga existiendo.

Otra de las medidas que es todavía más grave a largo plazo por lo cual cabe explayarse, es que el BCRA solo habilita a las empresas que estén endeudadas en dólares, a que adquieran moneda extranjera por el 40% de sus deudas y el 60% restante están obligadas a refinanciarlo. Esto conlleva a que las empresas entren en cesación de pagos de sus obligaciones. Los más incrédulos pensaran “que se arreglen como puedan, son empresas grandes”, pero en el mundo real, hay desde pymes a multinacionales que entraran en default y/o decidirán nunca mas invertir en el país. Eso nos llevará a pérdida de puestos de trabajo y mayor pobreza. Todos los incentivos están dados para que las empresas vayan a la quiebra. A la poca cantidad de ellas que hay en comparación a otros países de la región, el gobierno, en vez de generar los incentivos para que se mantengan y aparezcan nuevas, se las está empujando a su muerte (tal es el caso de Falabella que esta semana decidió cerrar sus operaciones en el país). Lamentablemente el harakiri está en marcha y no hay demasiada esperanza en que Argentina se detenga. Otra vez.

                                                                                                                                     

Alejo Rodríguez Román

Lic. en Economía.

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