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jueves, 08 de septiembre de 2022
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Aquellas músicas del patio

Escribe: Mario Cuevas. Esperando al maestro Rodolfo Mederos.

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El próximo viernes 12 de agosto Rodolfo Mederos se presentará con su trío junto a Armando de la Vega en guitarra y Sergio Rivas en contrabajo en el Auditorio de la Biblioteca Rivadavia, gracias a la gestión de la Asociación Musical de Bolívar. Mientras esperamos tamaño acontecimiento reseñaremos, junto a su testimonio, parte del preciado legado musical del bandoneonista. Mederos nació en el barrio de Constitución y pasó su infancia en Entre Ríos. En la década del 60 lo ubicamos en Córdoba estudiando biología y haciendo música con su Octeto Nueva Guardia.

Fue crucial para su inicio sus encuentros con Astor Piazzolla: en 1960 lo conoció en una radio, cinco años después su agrupación ofició de telonera del marplatense, esa noche Piazzolla le dijo a Mederos: “Dejá la biología para los biólogos, Rodolfo. Vos sos músico”. No pasó mucho tiempo para que el joven Mederos se decidiera partir a Buenos Aires, comenzó a relacionarse con músicos de rock: su bandoneón quedó registrado en Laura va, tema del álbum Almendra (1969); también en Melopea (1973), de Litto Nebbia; y en Las golondrinas de Plaza de Mayo, de Invisible de El jardín de los presentes (1976), junto a Juan José Mosalini.

“Recuerdo que en 1972, 1973 estaba abandonando la orquesta de don Osvaldo Pugliese, el panorama del tango no ofrecía demasiada sangre nueva – nos cuenta Mederos -. Probablemente la presencia de Piazzolla generó mucho entusiasmo, incluido el mío, pero también me daba cuenta que era una tarea solitaria, no era una tarea comunitaria. No había un grupo de músicos que estaban avanzando y acompañando al acontecer de este pueblo, era un músico en solitario que hacía sus audacias musicales, maravillosas pero en definitiva, creo yo, no terminaban representando la expectativa de la gente.

También comencé a notar que se sumó una especie de vacío, una meseta primero, y luego un decaimiento en la creatividad del género. Ya no había nuevas y buenas composiciones, ya no había nuevos y buenos intérpretes: todo parecía ser una repetición de lo anterior. Los años 50 fueron para mí, probablemente, la conclusión del género. Yo me considero un ser urbano, así que todas las músicas que tengan características urbanas, como por ejemplo el rock, siempre estuvieron cerca mío.

La eclosión de lo que se llamó rock nacional en aquellos años, con aquellos maravillosos grupos que hubo, a imagen y semejanza de aquellos grupos de rock ingleses y estadounidenses estimularon a que otros músicos, yo entre ellos con mi bandoneón a cuestas, hiciéramos esa especie de cruzada hacia la recuperación de una música urbana que tuviese cierto sentido de actualidad. Esto fue lo que me llevó a construir en los años 70 aquel grupo que llamé Generación Cero”.

Generación Cero tiene en su haber media docena de discos: comenzaron impactando con Fuera de broma (1976), con Mederos junto a otros dos bandoneonistas: Daniel Binelli y Juan José Mosalini; y luegocon De todas maneras (1977), con la participación de Tommy Gubitsch en guitarras y Gustavo Fedel en piano y teclados. Le preguntamos al maestro Mederos sobre el estado de salud del tango, y nos contesta: “La pregunta es muy inquietante y no es de fácil abordaje porque todos tenemos una mirada muy emocional sobre esta música, y entonces nos duele que aparezca una especie de sombra o de sospecha de liquidación de esta música.

Hay algo que hay que tener en cuenta: todo lo que existe está sujeto a cambios, el tango en un momento no fue tango, en aquella primera época los tangos que entendemos como tales no eran así, todo eso se fue construyendo por necesidad de ese pueblo. Y así como se fue construyendo, también fue cambiando, y los cambios son de tal naturaleza que llega un momento que ya no es lo que era, ahí decimos que esa música ha muerto. Muerto no significa que no ha tenido valor, al contrario, ha tenido uno de los valores más grandes en la raza humana.

Creo que el tango ha generado una huella muy profunda no solamente en otros músicos de tango sino también en otras músicas del planeta, pero también tenemos que entender que a todos nos toca el envejecimiento, y la muerte nos toca a todos. La muerte no significa olvidar esa música, significa que hay que respetarla, venerarla, aprender de ella pero también ocupar nuestro propio lugar hoy. Y hoy el universo ha cambiado, hay que tener noción del proceso de cambio. Los jóvenes han quedado en un eslabón perdido porque se conectaron con el tango cuando el tango ya había hecho su mejor tarea.

Se conectaron después de la dictadura militar, se conectaron de manera indirecta, están haciendo su experiencia ‘in vitro’, no en vivo. Nosotros aprendimos a tocar esta música sentados al lado de esos músicos, estos jóvenes tienen que escuchar discos, ya no es lo mismo, aunque es lo único que pueden hacer, y no es poco. Una vez que conozcan este género, que lo disfruten y lo entiendan, lo que tendrían que hacer es interpretar la realidad que ya no es ésa precisamente. Para interpretar esa realidad tendrían que recurrir a esas raíces y luego volar, lo que sería alas y raíces.

Por supuesto que cada persona tiene su objetivo, hay músicos que solamente quieren hacer música para mostrar lo bien que hacen las cosas y cuantas variaciones pueden tocar; hay otros músicos que solamente les interesa ganar dinero, y hay otros que tienen una mirada ideológica y que hacen música porque es una contribución y un testimonio a la sociedad que pertenecen. Cada uno hará la música que cree que debe hacer, yo creo que hay que alimentarse del pasado pero mirar al futuro”.

A partir de los 90 Mederos iniciaría un regreso a las fuentes del tango: en 1994 registró Carlos Gardel por Rodolfo Mederos; en 1995 grabó Mi Buenos Aires querido (1996), con el pianista Daniel Barenboim. En 2000 profundizó ese retorno a las raíces registrando Tangos, con el guitarrista Nicolás Colacho Brizuela; más reciente es Tango sacro (2019), junto al cuarteto de cuerdas QArte. “Soy bastante ecléctico, el trío es una de las formaciones que actualmente tengo en actividad, pero la otra novedad, si queremos llamarlo así, es la recuperación de Generación Cero – relata Mederos – La recuperación no es volver a los viejos éxitos (esto lo digo entre comillas), si no la vuelta a sentir la necesidad de reflejar la realidad según yo la veo.

Con Generación Cero siento el deseo de expandir mis propios límites musicales, no quedarme encerrado en viejas experiencias, tener la expectativa de poder contribuir a un diseño de una nueva música de la ciudad, y finalmente el placer de estar en oposición con el mercado de consumo. Creo que siempre es posible hacer música fuera de esta atroz actividad que es el mercado de consumo, fuera de las normas y de las modas.

Tengo muchas ganas y mucha alegría de estar ese día en Bolívar. Con el trío haremos un repaso de la vieja música de tango, es un homenaje a aquellos grandes compositores de los cuales hemos aprendido y alimentado. No es una propuesta de música distinta pero sí es una propuesta a la emoción. Está tocada con honestidad, con profundidad y con mucho amor, de alguna manera me recuerda a las músicas de patio, esas músicas que tocábamos cuando los vecinos se reunían en el patio de la casa y tocábamos música para nosotros.

Ese día, en Bolívar, tocaremos música para nosotros, y por supuesto para todos los enamorados de esta música que quieran venir a escucharnos”. Como dice el Maestro: el viernes 12 de agosto el auditorio de la Biblioteca Rivadavia se convertirá en un patio, comenzará a sonar esa música y nosotros estaremos allí presentes, oficiando de vecinos.

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