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martes, 30 de noviembre de 2021
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A pedal y corazón por la 65, quizás hasta Usuhaia

Colaboración: Raúl Archy Peret.

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Viajando hacia Bolívar por la 65 y atento a los tremendos baches, me llaman la atención un par de ciclistas en sentido contrario que, en apariencia, parecía que andaban cazando perdices; aunque tampoco tienen pinta de cazadores. ¿Viajeros? No me parece, ya que andan en alpargatas y de gorritas…

¡Imposible quedarme con las ganas de saber! Ahí nomás bajé a la banquina, pegué la vuelta y me costó alcanzarlos. Llevaban una velocidad importante.

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Cuando se detienen, les digo: “¡Linda velocidad llevan!! Me costó alcanzarlos”
Riendo, uno de ellos me dice: “es que vamos con viento a favor”.
Nos presentamos y ante mis preguntas, me cuentan…

Yo me llamo Alejandro García, soy de Mar del Plata y de profesión albañil. Hace mucho que quería viajar en bicicleta y le conté el proyecto a mi amigo Hugo Leiva y decidimos viajar.
(Los dos somos de Mar del Plata y arrancamos con un pequeñísimo inconveniente, ya que quería llegar a Mendoza y Hugo, hace un tiempo tuvo un accidente en moto y perdió una pierna. Aunque su bicicleta tiene un pequeño motorcito, no se anima a ir a la cordillera y menos ahora que tuvo que pasar por Tandil y le costó mucho las subidas y en partes tuvo que ayudar con el pedal.

En realidad, Hugo me pensaba acompañar doscientos kilómetros nada más, pero se entusiasmó y ahora va conmigo rumbo a Guaminí. Soy albañil y dejé en Mar del Plata tres laburos pendientes. Pero les dije…si me esperan se los hago. Y me van a esperar, porque saben que soy bueno y cuando regrese dentro de seis meses, tengo trabajo seguro”.

“Hace diez días que salimos de Mar del Plata y pienso regresar como te dije, dentro de seis meses. En un principio, mi plan era llegar a Ushuaia, pero cambié de idea en el camino y voy a ir hasta Esquel y regresar por la costa. Ahora estoy muy entusiasmado en llegar a Guaminí, porque mis viejos me llevaban a los corsos cuando yo tenía seis años. O sea, hace 30 años que no voy y quiero aprovechar a recorrer recuerdos y visitar las ruinas de Epecuén, de las que también conservo algunas imágenes en mi mente”.

Tanto la bicicleta de Alejandro como la de Hugo están equipadas con lo indispensable y armada por ellos mismos la ubicación de los distintos elementos para la supervivencia. Bidones de 20 litros convertidos en maleteros y gracias a las ventas de artesanías y algunas colaboraciones, pueden ir avanzando. Comen liviano y se hidratan bien, para poder concretar este desafío sin inconvenientes.

Me despido de ellos, les deseo mucha suerte y Hugo me grita: “¡Yo viajo a gamba y media!!” (mostrándome su muleta…)

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