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sábado, 17 de julio de 2021
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A patear el tablero propio

El 24 de marzo nos interpela.

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Tengo muchas dudas con respecto a este artículo, y eso es lo mejor. Más que nunca, al final de cada párrafo pondría un gran signo de pregunta. Podría decir que son cavilaciones en voz escrita, e incluso invitarlo a no leerlas. He a continuación una columna que usted no puede dejar de perderse:

 Hagamos de este 24 de marzo un día propicio para refrescar la efeméride, cosa que no se consigue con canciones de Víctor Heredia ni La noche de los lápices. Sí reflexionando sobre por qué tras tanta muerte, guerras, atrocidades, lucha y dolor, las derechas avanzan en el mundo con un poder seductor que hace apenas una década suponíamos que no tendrían jamás. Avanzan arrasando, la sutileza jamás fue lo suyo.

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Con una novedad/agravante: ahora ser de derecha pareciera que es cool, porque los cultores mundiales de esa corriente se han apropiado del sentido de la libertad y el corpus conceptual que conforma lo antisistémico, entendido como la idea de que los estados son los grandes enemigos del progreso de los pueblos al ser manejados por políticos corruptos. Siempre encarnaron la modernidad, la astucia y a veces también la inteligencia, aunque en la vereda de enfrente nos siga tranquilizando creernos superiores. Sólo les faltaría apropiarse del sentido de la solidaridad.

Hoy, a la flecha del futuro la tienen ellos. Es paradójico en un insoportable contexto de violencias. Y no todo es culpa/’mérito’ de la massmedia y su monstruoso poder de penetración/cooptación. La pandemia sí que los ayudó, pero había cambios que venían perfilándose.

Tal vez la derecha, que creemos conformada por gente poco dada a complejizar, utilitaria y sin empatía social, estudió a la izquierda con una aplicación de poco poéticos tacticistas, que nosotros nunca ponemos en ese menester. Para qué, si somos mejores. Ahora a la flecha la tienen ellos. Fijan la agenda, nos llevan a su terreno, el cuadrilátero de los fajadores. Golean cuando crece la anti política. Inflan pectorales cada vez que en algún café un pelunyín grita que los milicos se quedaron cortos. Hacen clinc, caja cuando la centroizquierda se abraza al centro para ganar elecciones y después no puede cambiar (casi) nada. Lula es una hermosa bocanada refrescante, casi un milagro, y hay otras. Veremos qué puede. O, en vez de mirar, ayudémoslo, contribuyamos a unir esas brisas para que formen viento. Si nos fuera posible, con alguna novedad, ¿cachai?

A pesar de adefesios como Trump y Bolsonaro, a pesar de una brutalidad sin precedentes, la derecha da esperanzas, no sólo cohesiona el odio a que el negro te empareje. ¿O gracias a ellos, que interpelan a capas sociales mayoritarias con una desfachatez ajena a la verba densa de un intelectual? ¿O hay un poderoso armado intelectual detrás de ellos? Gran noticia que Trump y Macri perdieran pronto, pero sembraron algo que otros ya están afinando. Durán Barba no era ningún pelotudo, pero recién nos dimos cuenta cuando teníamos que sacar del medio, y ya nos habían corrido el eje político que, aunque sea unos centímetros, tanto esfuerzo había demandado enderezar. ¿La derecha no enamora pero la ‘pone’?

El supremacismo progre (Daniel Tognetti dixit) está quedándose sin herramientas. Los viejos cinceles con los que históricamente modeló la realidad han perdido filo. Se relame en sus heridas, sus libros y sus luchas, se vanagloria de su poética, su sensibilidad social y bien que algún golazo también, pero el piberío lo escucha poco, acaso con el gesto empático de quien recorre una casa de antigüedades, pero nada más. Es como continuar haciendo televisión cuando ya todos consumen on demand, YouTube y redes. Es como si algo hubiera cambiado para siempre y no nos resignáramos, te lo digo yo que aún gambeteo el whatsApp (los pokes que quedamos sin wsp tendríamos que hacer un grupo, pero no tenemos wsp, ¿seremos medio pokemones?). “¿Para qué carajo mandaría a un pibe a leer a Norman Mailer?”, se inquirió Indio Solari. La izquierda necesita elaborar y en ese procedimiento se pierde el punch, pero seguir intentando ‘evangelizar’ con la misma doctrina y una biblia que ni de tapa cambió, en un mundo que sí cambió pero al revés de lo que queríamos, sólo conducirá al desencanto, el desdén y la derrota del campo popular. A más injusticia, más dolor y acaso la renuncia a soñar con la igualdad. Vamos a terminar creyendo que la concentración económica es natural. Quizá no se trate de comunicar más, sino mejor, más eficazmente, sin desdeñar instrumentos que la derecha ya impuso ni ‘canchas’ donde disputar sentidos. Nos cuestan las consignas, que son el pan de nuestro adversario, y se nos habría acalambrado el swing.

También deberíamos ser capaces de unirnos. Se pasa la hora. La derecha, que por definición es egoísta, individualista, materialista e insensible, se une de un modo mucho más simple y genuino que el progresismo. Hoy ya articula a nivel global.

¿No sería más productivo, para torcer la pulseada, ponerse a pensar este 24 de marzo qué significa el 24 de marzo para las nuevas generaciones, si la transmisión fue la correcta o hay que recalcular? Para hacer prevención. Si para algo nos sirvió el macrismo fue para comprobar que todas las tempestades pueden regresar, aunque sea bajo el packaging de nuevos nubarrones y relámpagos solapados. Sacar la cabeza de abajo del foco y entregarse unas horas a pensar. Nadie tiene por qué enterarse, a nadie le importa si preferís el helado de sambayón. Porque a los héroes del período más oscuro de nuestra historia habría que honrarlos saliendo de la comodidad, que siempre es conservadora, por encima de lo ideológico.

Cada cual desde su ‘burbuja’, todes los que vemos/hacemos la vida de este lado de la grieta podemos aportar a una gran creación colectiva que recoja y renueve los pilares de siempre. Nos la debemos. No pensando en quienes ya no van a ablandar su corazón, sino en las flamantes generaciones, que tendrán que cambiar este diseño tan injusto y asesino de preeminencia de lo económico, lo pragmático y lo resultadista por sobre todos los valores del humanismo. En sus nervios hay más información del futuro que en cualquier distopía, vuelvo a Indio Solari. Pero lo primero tal vez sea estudiar, despojades de los viejos prejuicios que nos vistieron hasta hoy, por qué la derecha resulta atractiva a nivel planetario, cuando nunca tuvo poesía y sólo fusiles. A patear el tablero propio. De nada sirve fortalecernos en lo que ya somos fuertes.

Chino Castro.

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