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jueves, 30 de septiembre de 2021
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A fondo, una invitación a nadar en ideas, por Chino Castro

Un ciclo de entrevistas que marcó una época.

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Cortázar, Borges, Mujica Láinez, García Márquez, Yupanqui, Facundo Cabral, Rulfo, Onetti, Zitarrosa, Serrat, Quino, Vargas Llosa y varias figuras más de las letras, el pensamiento y las artes, en general, del mundo que habla en castellano, dieron sustancia y brillo al ciclo de entrevistas A fondo, que se emitió por la Televisión Española (TVE) entre 1976 y 1981, bajo dirección y conducción de Joaquín Soler Serrano.

Durante episodios semanales de una extensión promedio de una hora (el reportaje a Cortázar, uno de los más entrañables capítulos del programa, se extendió bastante más y no tuvo desperdicios), cada invitado hablaba de lo suyo con la confianza y soltura que da saberse cuidado por un entrevistador que ‘hacía los deberes’, al punto de estructurar quizá en exceso una charla que, de cualquier modo, siempre resultaba interesante por la envergadura de los convidados a la mesa, gente de la más interesante, en términos de lucidez intelectual, creatividad y sensibilidad, de cualquier tiempo y lugar. Y ese apego por elaborar con meticulosidad cada reportaje, es justamente un atributo de Soler Serrano que contrasta con el perfil de los entrevistadores televisivos de hoy (por supuesto que hay excepciones), que suelen caer en la tentación de ubicarse a la par o incluso por delante del entrevistado, como si el propósito final del encuentro fuera su propio lucimiento.

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En un tono intimista, por momentos cálido cuando se trata de figuras proclives a la afectuosidad, la charla discurre rica en anécdotas de la vida de personajes bien interesantes, pero fundamentalmente en disquisiciones sobre el arte en general, el lugar del artista en el mundo, las obsesiones de cada creador y las herramientas y procedimientos con los que trabaja, hasta donde cada quien esté dispuesto a revelar. Soler Serrano no invade, se limita a invitar, asistir más como un esforzado wing que como esos volantes creativos que hacen todo fácil, aunque también condimenta la charla con sus propias reflexiones. Como destacamos, se trata de alguien preparado, a contramano de esos colegas que confían todo a su espontaneidad y algún arresto de ingeniosidad.

El formato propuesto es clásico y moderno a la vez, ya que desde el punto de vista del contenido, lo que en verdad interesa aquí, cuarenta años después no se ha inventado algo superador, ni podrá hacerse: una buena charla mediatizada fue, es y será imbatible, por más recursos tecnológicos con que se la edite.

Un ítem criticable, claro que con el diario de hoy, al que no es justo recurrir para imputar algunas expresiones del pasado, es que por el living de Soler Serrano casi no pasaron mujeres en cinco años de recorrido, como si los grandes pensamientos y magnificentes obras de arte sólo pudieran ser alcanzados por hombres.

El programa comenzó a emitirse en blanco y negro, y ya para 1981, en su temporada de despedida, salía en colores. Borges probó las dos alternativas, ya que concurrió dos veces al sobrio estudio de su interlocutor.

Podrá verse que en más de una ocasión, el entrevistador tuvo que sobreponerse a la poca disposición de los entrevistados, en general escritores, figuras poco afectas a la tv y sin ningún interés en ‘quedar bien’ con la audiencia. Pero como conocía a quien tenía enfrente (aunque casi nunca personalmente) y confiaba en la carpeta de apuntes que sostenía siempre en manos, como si fuese parte de su indumentaria, Soler Serrano conseguía encauzar la conversación, extraer frutos del viaje. En la categoría hoscos, campeona la figura del uruguayo Juan Carlos Onetti, a quien poco más que monosílabos y algún hiriente “No comprendo el sentido de su pregunta” pudo extraerle el conductor, a pesar de sus denodados esfuerzos (y su prolija carpeta de apuntes, una ‘tabla’ que esa vez no pudo evitar el naufragio). (Al menos, el autor de Juntacadáveres y El astillero se tomó la molestia de ir al estudio de Soler Serrano, no obligó al periodista a costearse un viaje hasta la orilla de esa cama a la que muy pronto, ya desencantado con todo menos con escribir, que era su genial manera de continuar encantado con todo, se mudaría a vivir.) Lo mismo con el mexicano Juan Rulfo, pero en este caso por la proverbial timidez del ‘padre’ de Pedro Páramo y El llano en llamas, un hombre diminuto físicamente, que hablaba -al menos bajo los chirriantes focos de la tv- como si el mero hecho de respirar en público lo incomodara (hoy se hablaría de ataque de pánico). En la otra punta del arco, en el renglón afables y dispuestos, podríamos ubicar al mencionado Cortázar, cálido, abierto y hasta simpático, casi como si estuviera en un mano a mano de copas con un amigo, y a contramano de la imagen de arrogante que cierta historia oficial ha difundido de él, y a Manuel Mujica Láinez, quien sin bajarse de su aire aristocrático no se privó de regar la charla con anécdotas que hasta pueden resultar hilarantes.

En tiempos de confinamiento duro -igual que hace un año, pero millares de contagiados y fallecidos después, qué humillante manera de no aprender nada-, muchos se ven compelidos a ocupar el tiempo en/con algo, en especial aquellxs privilegiadxs que pueden trabajar sin salir de casa y tienen la mente despejada para unas horas de ocio. Mirado desde ese ángulo, un buen ciclo de entrevistas con figuras que no pasan de moda constituye una hermosa invitación a escapar un rato del ruido mediático para profundizar en las grandes ideas, algo para lo que casi nunca tenemos tiempo, y que es cada vez más necesario para entender lo que nos pasa individualmente y como sociedad mundial, a fin de emerger de esta ciénaga y trazar las coordenadas de un mundo mejor, más justo, solidario, sustentable y también inteligente, ya que sólo así evitaremos otra catástrofe como la que nos ha empujado a un inaudito límite de sobrevivencia como especie.

A fondo se halla disponible en la plataforma YouTube, capítulo por capítulo.

Chino Castro

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