26 de agosto de 2026

OBRA

OBRA. 'El umbral donde los sueños se olvidan de respirar', un duelo hecho arte

Serie de Gustavo Alaimo con la que eterniza su a su madre.

por
Chino Castro

El escultor, dibujante, pintor y docente Gustavo Alaimo ya tiene lista la segunda obra de la serie que dio en llamar 'El umbral donde los sueños de olvidan de respirar', que, aunque el azuleño radicado acá hace años prefiere no brindar mayor explicaciones al respecto, está inspirada en su madre, que falleció en 2019 y, de algún modo, activó estas esculturas.

La primera de esas obras representa a una mujer hincada en el piso. La elaboró en 2019. En la segunda (ver fotos), también hay una mujer, pero en otra posición: podría estar soñando, o muerta, o relajada, según la interpretación de quien mire. "Para mí sí tiene un significado especial, yo sé qué está haciendo", le dijo Alaimo a este diario, sin 'enturbiar' el concepto con explicaciones que tienen más que ver con teoremas matemáticos que con el arte, que casi nunca las necesita, allende la ansiedad al respecto de los críticos y del propio público.

La obra le insumió diez meses de trabajo, durante el año pasado. La modeló, y luego la pasó a cemento blanco y marmolina, para finalmente patinarla. Igual que la primera. En este caso el plazo se tornó más extenso de lo que había previsto porque a poco de lanzarse a la elaboración de la escultura, Alaimo fue contratado (el 10 de junio, puntualmente) para llevar a cabo diversas tareas de restauración/reparación de imágenes del templo parroquial, con lo que eso implica en términos de responsabilidad pública y fundamentalmente, de carga horaria. A esto hay que sumarle su labor como docente de dibujo y pintura en escuelas, en la Dirección municipal de Cultura y en su propio hogar, donde además atiende un taller de restauraciones. Por eso es que "durante varios meses pude trabajar en la escultura sólo los domingos, pero resultó un proceso apasionante: me levantaba a las cinco de la mañana y me pasaba el día entero en el taller", contó con entusiasmo el artista.

Quedó una pieza de un metro de largo por unos cuarenta centímetros de ancho, redondeando las cifras. "Ya no construyo en tamaño real, porque no tendría dónde ubicar esas obras grandes, no puedo llenar mi casa de esculturas", explicó el realizador.

Para la primera de estas piezas Gustavo había pensado un destino poético, cual era el de emplazarla junto a los restos de su mamá, en el cementerio de Azul. Luego desistió, por temor al que el vandalismo la destruyera, entonces resolvió tenerla con él y su familia, en su propio hogar. Lo propio hará con la obra que completa la serie 'El umbral donde los sueños se olvidan de respirar'.

Si lo pensamos en términos espirituales o místicos, su madre verá estas esculturas a la distancia, dondequiera que esté, en cambio algunos familiares las han podido apreciar 'in situ', convocados por el propio artista, quien, sin embargo, nunca les explicó el significado: "Ellos ven una obra, les gusta, pero no saben lo que este trabajo representa para mí", puntualizó Alaimo, dejando en claro que estamos en presencia de una escultura que es más para él que para el público, aunque cualquiera podría verla y apreciar la magnitud del trabajo y su talento como escultor.

Finalmente, y ante una pregunta puntual, el autor afirmó que estas dos piezas de 'El umbral donde los sueños se olvidan de respirar' lo ayudaron a hacer el duelo por el adiós de su mamá. Con la primera, ese doloroso pero necesario proceso se iniciaba, y con la segunda, sobre la que trata esta nota, se completó. "Volqué (en la primera) toda mi carga emotiva, pero como quedaban cosas pendientes, realicé la otra", dijo el escultor.


"Que el cemento se vuelva carne"

Ahora, lo que viene para él es elaborar lo que llama "un grupo escultórico": "Dos en uno: una figura masculina junto con una femenina, dos figuras humanas enteras. Estoy analizando los bocetos, los pesos, porque tengo que ver asuntos tales como el apoyo, la estructura donde montarla para que no se caiga", y algunos más. Será "una especie de El rapto de Proserpina, de Gian Lorenzo Bernini, o de El primer entierro (de Louis-Ernest Barrias), que está en el museo de Bellas Artes. O algo fusionado entre ambas, con la idea de que el cemento no sea cemento, sino que se vuelva carne, por lo que entonces habrá un abrazo, un apriete, y se tiene que sentir la tensión humana", anticipó sobre un laburo artístico con el que volverá a la anatomía masculina, tras años de dedicarse con sus esculturas a la figura de la mujer.

La hará en arcilla, cemento blanco y marmolina, los materiales que elige. Por nobles, toda vez que "tenés otros, pero hay que analizar la durabilidad de la escultura: si querés que permanezca muchos años, pesará un poco más pero deberías optar por el cemento".

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