20 de julio de 2026

ENTREVISTA

ENTREVISTA. No hay mejor ciego que el que ve una salida

En exclusiva, con Rodrigo Pisano.

por
Chino Castro

Cuando vi Entrevista con el Topo, tu espectáculo con Gabriel Silva, me impactó que dijeras que a lo que más miedo le tenías era a volver a ver. Perdiste totalmente la visión a los 27 (hace unos diez años), y dijiste que te aterra pensar en cómo te verías si a los 50 o 60 recuperaras la visión, porque te quedaste con el recuerdo de tu imagen de los 27.
Rodrigo Pisano: -Sí, y ver a los demás también. Volvería de golpe a ver a gente treinta años después. Con el paso de los años todos vamos cambiando, y encontrar otra vez a toda esa gente que conocí mientras veía, sería impactante.

¿Realmente no te interesa volver a ver?
- Sí, pero si no sucede, es como que ya lo tengo tan asumido, que no me molestaría. Sí me gustaría porque hay un montón de cosas que son muy visuales... No conozco el cerro de los Siete Colores, por ejemplo.

Vos conociste lo que es ver. Es muy diferente el caso de alguien que haya nacido ciego. Conocés otra cosa, podés comparar.
- Totalmente. Tengo los dos mundos, como le llamo yo.

En tu cabeza tenés el mundo que viste, el mundo del que participaste, los rostros, los cuerpos y cosas que conociste, tu propia imagen. Supongo que todo eso da vueltas en tu cabeza, y de algún modo seguís viviendo ahí.
- Sí, sí. En mi mente, cuando camino por la ciudad, por ejemplo en la esquina de Naldo Lombardi yo sé cómo se ven las cosas, el cartel rojo. Sé que enfrente está la Farmacia Comas, más allá la Fal, la Dirección de Cultura a la vuelta. Conozco acá, La Cultural (ahí grabamos esta nota), el Museo. Tengo todos esos recuerdos visuales que me ayudan a orientarme un montonazo. Cuando ando por la ciudad me ubico por la cantidad de cuadras, inconscientemente las voy contando. Aunque las contaba cuando empecé (a quedarse ciego), ahora ya no. Y al salir caminando, si tengo que ir al diario La Mañana, por ejemplo, me acuerdo de cuando era chiquito y fuimos con la escuela, y recuerdo cómo llegar, me acuerdo de la fachada, del ventanal de vidrio, la puerta de madera. Todo eso me ayuda cuando salgo a caminar.

¿Con qué soñás? Todos lo hacemos, vos también.
- Sí, la persona ciega también sueña. Tengo imágenes, sonidos, vida, en mis sueños veo.

¿Cómo es la ceguera, blanca o negra?
- En mi condición, es blanca y negra. De día tengo todavía un ingreso muy pequeño de luz en los ojos, entonces cuando hay luz natural mi ceguera es blanca, y de noche es nocturna, ahí es oscuridad total.

Nunca aparece un color salvo en los sueños.
- Colores aparecen cuando tengo la glucemia estable tres días, por ejemplo. Ahí empiezo a ver algunos colores, y por ahí puedo distinguir alguna silueta de día, sobre el ojo derecho, margen derecho.

A la vez, como toda persona ciega seguramente desarrollaste mucho los otros sentidos. Me imagino que tenés un oído finísimo, y un olfato también muy agudo.
- En realidad todos tenemos desarrollado el olfato, el gusto, el tacto y la audición, lo que pasa es que el cerebro, al no tener esa información visual, presta atención y acude a los sentidos que sí le quedan vigentes, y es ahí donde uno agudiza el oído, el olfato, el tacto, el gusto.

Rodrigo Pisano no requiere mucha presentación, ha ido haciéndose conocer entre nosotros desde fines del año pasado, cuando su peripecia de salud y social fue 'puesta en valor' por los medios de comunicación de la ciudad, en días angustiantes en los que 'la institucionalidad' le soltaba la mano. Su lucha por acceder a mínimas pero indispensables condiciones de vida acontece en un tiempo en el que el desprecio al caído ha ido tornándose política de Estado, propiciada por un gobierno nacional que, en el pecho, donde debería restallar una banderita argentina, prefiere colgarse como escarapela una bruta motosierra.

Lo que no se ha contado es el laberinto de emociones, sensaciones, dolores, recuerdos, anhelos y también alegrías que 'Rodri' recorre cada día, su entereza para hacer algo con lo que le pasa y construir con lo que tiene su propia fortaleza. Y, contado como él lo cuenta, resulta una lección de vida y una invitación a resistir sin perder el humor y la frescura. Todos tenemos batallas que dar, más aún: todos los días hay una pelea que librar, y 'Rodri' podría darnos fe.

A algunos les cuesta entender que la ceguera no te impide disfrutar de cosas de la vida, momentos cotidianos, de todos los días, comunes a toda la gente.
- Tal cual. Eso es también una cuestión muy personal, está en uno el querer disfrutar. Vos podés tener todos los sentidos y te invitan a un viaje y no lo disfrutás. Siendo ciego pasa lo mismo: hay veces en que uno no tiene un buen día y no disfruta de ciertos momentos, y otras veces los explota al máximo.

¿Te lo proponés así, o es que cuando perdiste la visión aparecieron en vos herramientas de lucha, un poder de resiliencia que ni sabías que tenías?
- Fue algo que me propuse. Yo a mi mamá y a mi entorno siempre les dije que no quería ser una carga. Que si me quedaba ciego no quería molestar. ¿Cómo lo resuelvo? Independizándome, valiéndome por mis propios medios, a prueba y error, como todos. Un año me llevó estar semi deprimido, en depresión funcional, como se la llama. A una gran mayoría de las personas ciegas se las considera en depresión funcional: tienen un cierto grado de depresión pero hacen cosas para no terminar de entrar en ella. Y de un día para otro me dije 'Rodrigo, basta de estar encerrado entre estas cuatro paredes, vos conocés Bolívar, conocés muchos lugares, es hora de reconocer lo que ya conocías, a través de los otros sentidos'. Y salí un día caminando, sin rumbo, sin horario. Eran como las cinco de la tarde, primavera. Y a eso de las siete y media u ocho empecé a escuchar a los pájaros, que ya anidaban. Estaba en la plaza de la Terminal. Ahí comencé a darme cuenta de los horarios, de los distintos sonidos de la ciudad. Después de la una de la tarde la ciudad queda prácticamente en silencio; a eso de las cinco, cuando el horario de salida de las escuelas, va activándose el sonido, y a las nueve y media comienza a mermar. Así me voy dando cuenta también de los horarios y del ritmo de la ciudad.

Vos sabías que ibas que quedarte ciego, supongo que eso te permitió irte preparando; ¿se puede uno preparar para algo así?
- Sí. Porque no podíamos corregir mi variabilidad glucémica. Yo esperaba quedarme ciego a mis sesenta, y tengo treinta y siete. Esperaba unos treinta años más de visión, aunque fuera borrosa, pero de un día para otro ocurrió: me acosté a dormir después de la última cirugía (por una retinopatía ocular; lo intervinieron en el hospital Santa Lucía, CABA), por una hipoglucemia se me infartó el ojo, y ahí perdí por completo la vista. Dije 'bueno, llegó el momento'. Pero sí, ya me venía preparando.

¿Le cargás la culpa a alguien de lo que te pasa? Si querés quitemos la palabra culpa, reemplacémosla por responsabilidades. ¿Responsabilizás a alguien?
- Soy diabético desde los cinco años, y en su momento me agarró toda la rebeldía de la adolescencia y de creer que me comía el mundo, como todo adolescente; iba a bailar, consumía bebidas con gaseosa dulce, fernet con Coca, Gancia, y como no me hacía nada, seguía. Esa es una de las tantas responsabilidades que puedo llegar a visualizar. Y otra cosa es el tema médico: estuve muchos años con la misma insulina. Habían salido nuevas, y no se produjo el cambio a lo moderno. También hay ahí responsabilidad mía, en no ir tanto al médico. Pero el quedarme ciego me enseñó a no mentirme. Antes me pinchaba el dedo y capaz que tenía 350, o 200, y en el cuadernito que le llevaba a la diabetóloga le anotaba 120. Me mentía yo y le mentía a ella. Obviamente la diabetóloga se daba cuenta. Yo me dije entonces 'flaco, si querés evitar quedarte ciego, dejá de mentirte, ponete las pilas y empezá a cuidarte'. Y así empecé con mi tratamiento estricto, con cuidados. Por eso digo que la responsabilidad es mía, la responsabilidad de cuidarse es de uno. Tenés el apoyo médico, pero los médicos no pueden estar con vos 24 x 7 viviendo lo que vos vivís y diciéndote 'hacé esto, hacé lo otro'.

Pero no sos un tipo que vive enojado, con enconos y broncas. Más bien tu postura es 'qué hago con lo que me pasó', en lugar del clásico 'por qué a mí'.
- A eso lo aprendí en el proceso del año que pasé en casa, 2017, que salía poco y nada. Al principio era enojo conmigo, con la vida. Pasé por esa etapa. Y también hago el ejercicio de pensar cómo hubiese sido mi vida si hubiera seguido viendo, dónde estaría.

¿Y? ¿Hasta dónde llegás cuando pensás eso?
- No tengo una conclusión. Sí te digo que no sé si hoy estaría en La Fábrica del Ritmo.


Dejame meter esta punta: uno tiende a pensar en todo lo que te has perdido por no ver, pero es contrafáctico, no sabemos. Lo que sí sabemos es que, de haber seguido viendo, te hubieras perdido mucho de lo que te está ocurriendo hoy.
- Yo lo veo por ese lado. Concretamente: a la ceguera le agradezco que me haya hecho llegar a La Fábrica del Ritmo. Conocer a la gente que hoy conozco gracias a La Fábrica.

La ceguera también te hizo conocer a Gabriel Silva. Cuando hacen Entrevista con el topo, muchos se sorprendieron de que el primero capaz de hacer humor con su situación, eras vos. Podés ser el tipo más ácido con vos mismo, entonces nadie va a poder burlarse. De algún modo le cerraste la puerta a la crueldad.
- Tal cual. Me lo propuse yo, para asumirme. Es un mecanismo de autodefensa, como bien dijiste, pero también de aceptación del problema. El humor negro es lo mejor para eso.

Y 'Gaby' ahí ha sido clave. Lo nombrás y te reís.
- Sí, claro. 'Gaby' es una gran persona, un tipazo. Nos conocimos, él no sabía cómo acercarse a mí. Charlamos, me dijo que hacía stand up, me preguntó si yo era capaz del humor negro con mi discapacidad, le dije que sí y ahí me propuso lo que terminó siendo Entrevista con el Topo. Eso fue en un cumpleaños. Cuando llegué a casa me puse a cuestionarme lo que había hecho, porque yo humorista no soy, más allá de hacer humor negro conmigo mismo, pero de ahí a salir frente a un público... Nos juntamos de nuevo en casa, empezamos a hablar, él trajo un par de ideas y nos pusimos a guionar el primer espectáculo. Quedó hermoso, salió excelente, nos encantó a los dos.

Habituado a su condición, 'Rodri' se pone en peligro. Visto desde la perspectiva de alguien que ve, ya que para él es rutina cortar el pasto de su patio e incluso pasar la bordeadora. O cambiar un foquito de luz de su hogar, donde vive solo y se hace todo: se cocina, se lava su ropa, arregla lo que se rompe. "Ojo, en mi casa hago todo eso, en otro lado tantearía bien el terreno", dice, con humor. "Plomería también hago: arreglé una pérdida en el baño, en la mochila, tuve que cortar una pared. Es más: cocinando me he quemado más viendo que siendo ciego", remata.

Lo que dijiste en Entrevista con el Topo es que lo peor que puede pasarte es que te cambien las cosas de lugar. Lo que hace tu tía Marcela, en el afán de ayudarte y ordenar. Te modifica la ubicación de las cosas y te 'prendes fuego'.
- Sí (se ríe). Siempre terminaba llamándola para ver dónde puso tal cosa. Pero ahora aprendió, con los años. Me guardaba la sal en la heladera, por ejemplo, cuando yo no la guardo ahí. Yo en casa tengo cada cosa en su lugar.

Varios millones de pesos se habían recaudado en mayo, cuando nos juntamos con 'Rodri' para esta entrevista (otra Entrevista con el Topo), en el marco de la movida solidaria que sus amigos impulsan para cuidarlo y que pueda acceder a la calidad de vida que merece por derecho. No hablaremos de ello acá, sólo recordaremos que el propósito de fondo es adquirir una bomba de insulina, que en marzo costaba veintitrés millones de pesos, a lo que habría que sumar diez cada tres meses, para renovar elementos.

Por otra parte, después de bastante bregar, según señala, consiguió reunirse con el intendente Bucca en pos de una salida laboral: "Tuvimos un encuentro muy ameno, que derivó en mi ingreso a la planta permanente del municipio, un trabajo en blanco por el cual además conseguiré una obra social que me ayudará mucho para insumos y medicación".

¿Pensás en el futuro, te ves viejo?
- Sí. Me veo un hombre ya retirado, cómodo en su casa, rodeado de amigos, siguiendo con el humor con mi ceguera. Y me interesa acompañar a las personas que en el transcurso de mi vida vayan ingresando en este camino, para que no se sientan solos, estar abierto a escucharlos, a contarles mi experiencia, a ayudarlos.

¿Y el amor? Para enamorarse no hace falta ver. ¿Soñás con el amor, proyectás?
- Sí, yo al amor estoy dispuesto, abierto. Creo que de eso se encargan la vida y el destino, de ponerte al lado a la persona que quiera acompañarte y que sea compatible con vos. En ese sentido, todo puede pasar.

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