12 de julio de 2026
La sobreestimulación de la expectativa y la industrialización del recuerdo. Hasta conmoverse parece un trabajo pautado por imperativos del mercado.
por
Chino Castro
La sobreestimulación de la expectativa y la industrialización del recuerdo son tales, que a la 'sociedad de la ansiedad' le obturan conectar con el momento, con el aquí y ahora, lo único que existe según nos enseñan facilitadores occidentales que trafican sabidurías orientales.
Si te gusta el fútbol y estás mirando el Mundial, pensalo: ¿Disfrutás de los partidos, o mientras sucede uno y Messi la está clavando al ángulo estás pensando en el que viene? ¿Saboreás una gambeta, o mientras ocurre que alguien, pongamos por caso el eliminado 'Vini', encara y pasa, ya estás con la mente sintonizada en lo que vendrá, y el 'caramelo' no dura nada?
Incluso la sobreestimulación de la expectativa y la industrialización del recuerdo corren en rieles paralelos: mientras te invitan -casi siempre a los gritos y con una vorágine de risotadas, como si fueras sordo del corazón- a ver el Mundial, partidos inolvidables antes aún de jugarse, y los mejores que vayas a ver en tu vida (hasta la próxima Copa), ya están instándote a recordarlos, poniéndote a trabajar, de modo que disfrutar del juego pasa a cargar con el silencioso peso de una misión: la de mirar pensando en cómo producir el recuerdo que tendrás luego que 'vender' de esa experiencia, para que la sociedad se entere de que fuiste parte, aunque sea por tevé.
El trabajo de pertenecer, por el que no hay vacaciones ni salario. Como dijo Daniel Melero: "Más importante que ver el recital de Coldplay, es haber ido al recital de Coldplay". (Sin contar que al recital de Coldplay no va necesaria o solamente el fan de la banda, sino el que puede abonar la entrada, al que podría hasta serle indiferente el grupo del bueno de Chris Martin por el que puso fortuna; lo mismo que con los partidos del Mundial).
Desde esa lógica, y aunque siempre aparecerá alguna Argentina épica que arrase con toda especulación, hasta conmoverse parece un trabajo pautado por imperativos del mercado -una especie de perfume sin frescura-, y hoy tenemos relatores que condimentan con emoción un córner cualunque y una patada bien dada. Como si a las 20 minutos hubiera que estremecerse, y a los 53 y a los 84. (Ni te digo si hay alargue y penales; los penales son ideales para fomentar el cúmulo emotivo, casi un ladrillo de llanto atorado en la garganta.)
No importa con qué, hasta en Colombia-Suiza algo se nos va a ocurrir, enseguida puede aparecer un lateral con peligro de gol y Pablo Giralt quedar al borde del patatús, a un tris de llevarse del brazo al atildado 'Juampi' Varsky. Como en esas películas yanquis en las que sabés que a la media hora va a acontecer algo disruptivo, y así. ¿Dónde quedaron la sorpresa y la espontaneidad, ya las envasaron?, ¿ya hay una publicidad con el 'Dibu' y Scaloni?, ¿a quién hay que pedirle permiso para gambetear o desmarcarse, es menester inscribirse en algún registro?, ¿se paga monotributo?
Mateo sufrió complicaciones tras su última cirugía, está internado en el Hospital Garrahan y su familia pide ayuda para solventar los gastos de hospedaje.
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