31 de mayo de 2026

OPINIÓN

OPINIÓN. Si entre ellos se pelean... los devora el oficialismo

Lo que se vivió esta semana en el Concejo Deliberante, no hace más que ampliar las diferencias entre los opositores y achicar cada vez más el margen de acuerdo para ir todos juntos por el municipio el año próximo.

por
Ángel Pesce

Como siempre digo, hablo de lo que sé, de lo que conozco, del pago chico, de lo que ha pasado históricamente en la política local, sus idas y vueltas, sus desacuerdos y los dolores de cabeza que duran años, décadas. Hace unos días veía un documental en YouTube que hablaba sobre la grieta y sus orígenes, ya en 1810, en el comienzo mismo de la historia del país como tal. Y acá no nos podemos asombrar mucho.

Repasemos la historia más o menos conocida y más o menos escrita y comprobable, aunque siempre hay una oficial y está la otra, la que nadie cuenta, que suele ser la más jugosa. Muchos no saben que a raíz de las divisiones política que tuvo Bolívar, en 1910 perdimos a Daireaux (por entonces localidad de Caseros) que era parte del Partido de San Carlos. Aquellas luchas intestinas, conocidas como "Los paros del 10" (el Dr. Julio Ruiz debería ser convocado a algún espacio cultural para referirse al tema) nos llevaron a perder buena parte del territorio fundado como tal en 1878.

En aquel entonces, tal como ocurre ahora, los que cortaban el bacalao eran varios, y al parecer no había para todos, entonces comenzaban las internas y los desacuerdos, que, insisto, nos llevaron a perder buena parte del territorio del Partido, ya que Don Pablo Guglieri (prócer de Daireaux), aprovechó la volteada, las disputas entre bolivarenses, y a vino a reclamar la independencia de esa porción de tierra situada al sur. Obviamente que hubo otras cuestiones que ayudaron; pero si hubiesen estado todos juntos, o mejor armados, quizás la historia hubiera sido otra.

Desde esos tiempos hasta los nuestros, siempre ha habido divisiones que han terminado favoreciendo a los que aprovecharon la división o se encargaron de agrandar la grieta que ya existía. La lista de divisiones históricas es larga, de uno y otro lado de la vereda, primero entre los conservadores y los radicales, cada uno con sus divisiones, después con los radicales y peronistas se fue repitiendo la misma historia.

De las historias más recientes, y no tanto, aquella elección de 1962 que Lito Santa María perdió a manos de Anteo Gasparri (que luego fue anulada), la perdió porque el radicalismo iba dividido entre la UCR del Pueblo y la UCRI (intransigentes), si se juntaban posiblemente hubiesen ganado la contienda. En 1973, con la vuelta de Perón al país, el peronismo local (con Vicente Caligiuri a la cabeza) no le ganó a Francisco Ravassi (que venía del peronismo, pero fue intendente por el radicalismo) porque una buena fracción del PJ de entonces no lo apoyó, incluso hay notas periodísticas que hablan de ello, históricos como Manolo Chatruc dijeron en su momento que "quizás no llevamos al mejor candidato".

De ahí para acá la historia es más o menos conocida por todo aquel que haya querido interiorizarse un poco en el tema. En 1983 el radicalismo ganó pese a su división interna (Alfredo Carretero, apoyado por Isidro Iroz, les ganó con boleta corta la interna a Francisco Ravassi y Ricardo Landoni, que iban por otras dos facciones). Allí pasaron varias cosas para que la UCR pese a su fractura no cayera en las generales, primero la hombría de bien de Ravassi y Landoni de no jugarle deliberadamente en contra a Carretero (un desconocido en Bolívar por aquel entonces). Y después que José Bucca, por entonces "el médico del pueblo", título que heredó de su mentor, Anteo Gasparri, no estaba convencido de ir acompañando a Herminio Iglesias. Hay relatos escalofriantes de algunas reuniones a las que se lo convocó en La Plata para que no depusiera su candidatura. Con ese panorama, y pese a ser el médico de los pobres y reconocido por toda la sociedad, no pudo con, insisto, un casi desconocido Carretero.

Pero las divisiones no pararon ahí. Para 1985 ya el radicalismo era una bolsa de gatos. Un episodio luctuoso ocurrido en 1984 hizo que Iroz (presidente del comité) le quitara el apoyo a Carretero, y que en consecuencia el carreterismo perdiera las elecciones internas de ese año, anunciando lo que pasaría dos años después: Alfredo Eulogio no fue por la reelección. El peronismo no ganó esas elecciones, las perdió por las luchas intestinas entre los viejos que venían de 1976 con período interrumpido y que no habían cobrado en 1983, y los jóvenes encabezados por Isidoro Laso, Juan Carlos Reina y Juan Emilio Colombo que querían tomar decisiones.

Ya empezamos a escuchar nombres conocidos, y vamos a ir agregando otros. Para ese entonces, mediados de la década de 1980, un joven abogado recibido en Córdoba comenzaba a dar sus primeros pasos como profesional en la ciudad: Juan Carlos Simón. Y a interesarse por la política también, era uno de los preferidos de Isidro Iroz y amigo de su hijo Alberto. De ahí para acá, la historia es todavía más conocida.

Simón fue formándose, observando los errores de los demás y esperando su chance mientras Julio Ruiz gobernaba con problemas en el municipio tras haber ganado la Municipalidad que heredó de Carretero. "Julio vivía en Buenos Aires, Alfredo no quiso ir por la reelección (en realidad la tenía complicada, pero esa es otra historia) y lo tuvimos que ir a buscar. Hicimos campaña casi con la foto", recordó no hace mucho un compañero de mil batallas de profesor e historiador.

El peronismo unido, o más o menos unido, tuvo su chance tras el gobierno de Ruiz. Pero el gobierno de Juan Carlos Reina no fue de los mejores, mejor dicho, no terminó de la mejor manera, pese a tener a Laso en la Legislatura en La Plata, a Cafiero en la Provincia y a Menem en la Nación. Y desembocamos así en la historia mucho más conocida: la llegada de Juan Carlos Simón al poder.

Pero no vayamos tan rápido, detengámonos en 1991, cuando Julio Ruiz dejó el municipio. Allí se dio una interna feroz en el radicalismo, entre Eduardo Alzueta, Juan Carlos Simón y Carlos Alfonso Díaz. Ganó Alzueta, dicen que no supieron repartir a tiempo los lugares en el Ejecutivo, "el Turco (Ricardo) Asín en una reunión en el comité nos dijo que los que perdimos la interna la teníamos que mirar de la tribuna", recordó otro viejo afiliado. Y así fue como Alzueta se quedó sin el apoyo de esos dos importantes grupos de militantes (la interna fue muy pareja) y Reina aprovechó la división de votos que logró Félix Bereciartúa con su Unión Vecinal para ganar las elecciones.

En 1995 llegó Simón, ganándole al senador Juan Emilio Colombo, que perdió las elecciones, pero tuvo dos años más de mandato en la Legislatura Bonaerense. A partir de ahí, con la derrota de Reina, el peronismo se partió en varios pedazos, Reina se recluyó con sus más allegados junto a Mirta Linares en la Unidad Básica Eva Perón. Vicente Caligiuri (sí, aquel de 1973) abrazó la causa Menem. Laso con Colombo y Bucca se quedaron en el PJ y comenzaron las derrotas a manos de un Simón muy maquiavélico, que logró romper a la oposición con movimientos astutos para que no llegaran nunca abroquelados a enfrentarlo. Son recordadas las entregas de escrituras de Néstor Sarlo en el Salón Rosa de la Municipalidad junto a Simón y Mirta Linares. Mirta estaba marginada del peronismo y Sarlo le tendió una mano.

Del otro lado se trató de hacer lo mismo. La Fundación Futuro de calle Sarmiento llegó a funcionar como una Municipalidad paralela a la que la gente recurría cuando no encontraba respuestas en Belgrano 11. Allí fue famosa una foto de la entrega de un subsidio que en 2003, en plena campaña, José Bucca le entregó a Julio Ruiz que fue en representación de una institución. Ruiz y Simón nunca se llevaron del todo bien, incluso Julio le ganó una interna partidaria a Juan Carlos en tiempos en que ambos usaban el bigote.

Simón se encargó de mantenerle dividida la tropa a Laso, siempre le comía algún "peón" y en ese tablero de ajedrez que a veces se transforma la política, se quedó gobernando 14 años. Recién cuando Simón se fue de senador en 2009 y quedó José Gabriel Erreca dos años en su reemplazo, aparecieron grietas que estaban disimuladas. El escribano hizo un par de cambios fuertes en el gabinete, dos alfiles importantes de Simón tuvieron que irse en busca de módulos al Senado para poder jubilarse, y algo se rompió. La consecuencia fue el no apoyo de manera contundente a la candidatura de Erreca y la llegada de Bali Bucca al municipio, que no tuvo a todo el peronismo consigo; pero que quebró muchos votos de derecha que veían en el joven médico, rubio y de ojos celestes, una buena opción más allá del partido al que representaba.

Y Bali ha llegado a nuestros tiempos haciendo cosas parecidas de las que se aprovechaba Simón cuando gobernaba. Ambos han tenido a la oposición muy dividida y eso les permitió perpetuarse en tiempo en el principal sillón de la ciudad, los nombres que andan en danzas son mayoritariamente los mismos de siempre, quizás no los candidatos, pero sí los que cortan el bacalao, entonces poco puede cambiar de cara al 2027.

Lo que se vivió esta semana en el Concejo Deliberante, que es historia conocida por todos los que se han querido interesar en el tema, no hace más que ampliar las diferencias entre los opositores y achicar cada vez más el margen de acuerdo para ir todos juntos por el municipio el año próximo. La oposición hoy está partida en 4 bloques, dos de los cuales (UCR y Hechos) se mueven juntos (al menos por ahora), mientras que están cada vez más disociados de los otros dos (La Libertad Avanza y la Coalición Cívica), con declaraciones públicas que lo único que hacen es dividir más las aguas todavía, mientras Bali observa con un balde gigante de pochoclos.

Obviamente que ninguno va a tirar la toalla de cara a 2027. Ahí anda Juan Carlos Morán dando vueltas, ahora por asumir la presidencia de la UCR local. Y están los otros actores, casi los de siempre, con sus mismas diferencias, casi irreconciliables. Volviendo al principio, siempre entre ellos se pelean, los devora el oficialismo.


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