29 de abril de 2026

MARIBEL GARCÍA

MARIBEL GARCÍA. "Hay que trabajar mucho en lo relativo a los sentimientos y las emociones"

La museóloga olavarriense abrió la semana de actividades por los cien años del Museo y el Archivo.

por
Chino Castro

Como estación inicial de la semana de actividades que el Museo y Archivo municipal 'Florentino Ameghino' llevará a cabo para celebrar el centenario de la institución, el lunes recibimos en la ciudad la visita de la museóloga olavarriense Maribel García (también es locutora y narradora), quien coordinó una serie de propuestas orientadas a docentes de Artística, niños y público en general.

Lo primero fue un taller para educadores, por la mañana y con muy buena concurrencia en una sala que el museo ha inaugurado como un punto más del programa por el centenario, cuyo acto central será el jueves, como informamos en estas páginas hace unos días. El título fue Yo soy mi propio museo.

"Resultó un trabajo hermosísimo el que hicimos con los docentes. Una mañana maravillosa, sobre todo por estar celebrando los cien años de un museo, no tenemos en la región muchos museos que tengan cien años, y como museóloga estoy fascinada con el trabajo que están haciendo las chicas acá, es excelente. Las vengo siguiendo desde hace mucho, yo trabajo en el Instituto Cultural de la Provincia, dando talleres, así nos conocimos y estuve no hace mucho aquí con la muestra Carteras con historia, donde se mostraban carteras de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo", contó Maribel abordada por este diario tras finalizar el primero de los tres encuentros que encabezó en Bolívar. "Realmente, un día para celebrar", completó la museóloga.

¿En qué consistió el taller?
- Fue acercarnos entre nosotros y saber que todos tenemos algo para contar. Nos fuimos a la infancia, y cada uno debió encontrar en esa etapa un objeto que recordara. Así aparecieron unas cosas hermosas, que muchos compartían, como el tobogán altísimo que estaba en la plaza, donde de niños jugaron. Y desde la oralidad, convertiremos ese recuerdo en una pieza de museo. Llevaremos esa oralidad a un objeto, para que el objeto cuente esa historia como en una cartela de museo, súper sintético par que la gente lo pueda leer, pero sin perder esa emoción que contiene cada historia. Hoy cumplimentamos la primera etapa, con lo que sería la aproximación a un texto museológico, ahora todos los que hicieron el taller están invitados a traer la obra terminada para exponerla en el 'Florentino Ameghino'.

"Uno siempre se siente representado en la historia del otro".

¿Y qué objetos surgieron?
- Cosas preciosas: cucharitas de las de alpaca, que se robaban para jugar a las tortitas, en el patio; cochecitos de bebés; latas de durazno y canciones; muñecas; ropa que usaban en determinado momento para salir e ir a la ciudad, y otras prendas que se empleaban para estar en el campo; hablaron mucho de su vida en el campo, de los sonidos en el campo, de los gallineros, de las siestas, de a qué se jugaba en la siesta. Alguien contó de una pintora a la que veía trabajar en Bolívar, y de cómo eso marcó su infancia. Temas muy diversos que nuclearán historias contadas a través de esos objetos.


Como concurrieron docentes, seguramente este taller podría replicarse en aulas de la ciudad.
- Muchos ya me dijeron que es una herramienta que sería hermoso llevar al aula. Una herramienta que moviliza mucho: hablar de infancia, de esos momentos. Y charlábamos sobre cómo nos hace falta hoy para trabajar con los chicos todo eso que tiene que ver con lo emocional. Más allá de lo que uno pueda aprender en cuanto a conocimientos, también hay que trabajar mucho en lo relativo a los sentimientos y las emociones, porque es muy necesario, y creo que se llevan de acá una herramienta valiosa para poder desarrollar con sus propios alumnos.

Se habla mucho de inteligencia artificial, y nada, o muy poco, de inteligencia emocional.
- Justamente. Y es esa inteligencia emocional la que necesitamos. Ese abrazo, esa historia que compartimos. Hoy fue hermoso esto de que cuando uno escuchaba la historia del otro, se identificaba, '¡no, a mí me compraban las Tooper!', cosas así. Uno siempre se siente representado en la historia del otro. Entonces los sonidos, los aromas, los sabores, constituyen esa memoria emotiva que nos permite sentirnos parte de una comunidad, y qué mejor que en este museo que está cumpliendo cien años el sentirnos parte de Bolívar, de tener una historia en común y saber que justamente el museo aúna todo eso.

Más allá de lo individual, de la historia particular de cada uno, hay una historia común.
- Claro, ya el vivir en una misma ciudad lo determina. Hoy era muy lindo escucharlos decir cómo habían pasado su infancia acá, corriendo, sin horarios, donde se podía ir a la casa del vecino cuando se quisiera. Esa libertad que tuvimos los que vivimos en ciudades pequeñas (es de Hinojo), esto tan lindo de poder hoy redescubrirlo y valorar esa infancia hermosa que tuvimos, y que muchos de los que estuvieron acá compartieron, por ser parte de una misma generación.

Después del mediodía, Maribel García llevó adelante la misma propuesta para adultos, y otra para niñas/os: el Especiero Poético.

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