2 de marzo de 2026
Antes de La K'onga, miles de personas de acá y del país junto a bandas locales.
por
Chino Castro
Una auténtica multitud, a la altura de las mejores noches de este ya célebre festival, le puso el sabor más rico a la segunda y última luna del Me Encanta Bolívar 2026, anoche en el Parque municipal. La novedad fue que, a diferencia de casi siempre, ya desde temprano el público, de acá y de ciudades del país, brindó un hermoso marco a los shows que fueron sucediendo sobre el escenario 'Roberto 'Tuco' Galaz (ver aparte), en espera de La K'onga, el número principal.
La apertura fue con las propuestas para las infancias, poco antes de las siete de una tarde, otra vez, serena y cálida, como si alguien la hubiese tramado en favor del festival. El Circo Bienvenir y Tiringuntingos tuvieron a cargo ese segmento, y con sus armas y su estilo encendieron el fuego que todos los demás, con las suyas, alimentarían. Tringuntingos aportó a la mesa clásicos de Xuxa, Topa y un puñado de canciones propias, con las que apuntaron directamente al corazón de los niños, o, mejor, a ese carozo de niño que todos llevamos dentro. En fila y Lucía y Romeo, que alude a dos pibes que son divulgadores de la discapacidad visual, son algunos de esos temas propios.
Enseguida se produjo un debut en nuestro hoy Me Encanta, cual fue el de Agustín Rolleri. El hombre, que profesionalmente es veterinario en la zona desde 2017, posee una poderosa pasión que también es su motor de vida: cantar, decir cosas, hablar con su hermana la guitarra, y con ella en sus manos nos regaló unas zambas, una milonga y una chamarra. Lo suyo es el canto surero. Interpreta coplas y relatos, que reflejan la vida y las tradiciones del campo bonaerense. Rolleri ya tiene dos canciones girando en plataformas: Una lágrima en el mate y Domador de estancias.
El predio seguía cubriéndose que era un contento: es que el Me Encanta tuvo de todo para ver y para hacer, porque así fue pensado y diseñado por la municipalidad a través de diversas áreas, con epicentro en la Dirección de Cultura. No hubo sólo la propuesta central, constituida por la música y su complemento la danza, sin alternativas para pasear por un lugar espléndido, como es Las Acollaradas. En total, según especificaron los conductores de la fiesta, hubo ciento treinta puestos, ubicados como dijimos ayer al modo de una larga medialuna en derredor al escenario, imponente en sonido e iluminación. Esos ciento treinta lugares reúnen a los foods trucks, los emprendedores y los artesanos y manualistas. Mientras, por el escenario mayor de la música vernácula pasaron en dos noches más de doscientos artistas, contemplando a instrumentistas y bailarines.
Adelante, bajo el escenario, varias cajas de sonido agregadas para la segunda luna dejaban blanco sobre negro que el poder de La K'onga en la materia sería mayor, en tanto que abajo la espuma de la espera comenzaba a subir, en medio de un clima de fiesta popular con mucho aroma a pueblo en paz. Arriba, bien lejos de todo pero a la vez tan cerca, como si pudiera calentar, una luna gigante, redonda y clara, parecía sonreír, como diciendo 'tranquis, que hoy todo va a estar bien'.
En la continuidad de lo artístico, subieron luego los Bolívar Trío, junto a Amigos del 2x4, ballet dirigido por Hugo y Yamile que promueve la formación artística y el crecimiento cultural a través del tango. Este grupo se ha presentado ya en ediciones anteriores de nuestro festival, pero el que es netamente un histórico, ya un emblema del hoy llamado Me Encanta, es el bandoneonista Rubén Exertier, que en este caso se da el gusto de compartir formación con dos exalumnos de diferentes generaciones, con los que moldea un peculiar trío de tango donde sus miembros intercambian los roles, de la base al solo con ensayada prestancia. Ellos son María Eugenia Alejo y Nicanor Pagola, que hoy toma clases con Rodolfo Mederos, lo mismo que hizo Exertier hace muchos años. Los músicos y los bailarines despacharon un puñado de tangos clásicos, y así representaron al género dentro de una grilla que tuvo poca 'música ciudadana'. Fueron de la partida, como invitados, un par de bailarines del ballet Tango Nuevo.

Después, surgió en escena uno de los artistas locales quizá más esperados: Rafael Doorish, de Urdampilleta al mundo porque el año pasado volvió a girar por España y tierra europea con sus canciones y su disco propio, el gran Molino bajo el brazo de su orgullo y su convicción. 'Rafa' fue el tipo que puso la pausa, como un Bochini del festival que apeló a esas canciones propias mezcla de candombe, milonga y aires rioplatenses, que miran de costado al festival pero en las que él confía y hace bien. Abrió con Rumor del viento, solo en voz y guitarra, y para el segundo tema, que se llama Siete mares y es un adelanto de su segundo álbum, convocó al multifacético Diego Peris, en violín, camiseta y gorra. Al dúo se le incorporó en trompeta Sebastián Di Pardo, amigo de 'Rafa' y actual músico de La K'onga, para versionar la bella Crol, otra canción que operó como adelanto del segundo opus del bolivarense. Pero como 'Rafa' ya maneja los climas de un recital, y acá se trata de un festival aunque sus temas porten la marca del living y lo intimista, convocó al director de Cultura, Raúl Ricardo Chillón, para meter su percusión y cerrar arriba convidándonos un candombe a la 14, su escuela de la infancia, donde también cursó Di Pardo. Cabe acotar que en su primer disco, Molino, Doorish reunió como colaboradores en diversas canciones a Hugo Fattoruso, Santaolalla, Fernando Barrientos, Alejandro Balbis y Eduardo 'Pitufo' Lombardo, entre otras celebrities, lo que le da una entidad de gran embajador de lo nuestro.
La noche continuó musicalizada por Sebastián Cayre junto a Brotes de Salinas, el Grupo Campero y otros, en espera de La K'onga.

No es habitual ver tanta gente desde la tarde. De hecho, cada vez que la organización propuso empezar temprano fue un drama, porque nadie quería tocar para tres y, como en el juego de la silla, en el que había que ponerse a salvo, las bandas esquivaban abrir. Sin embargo ayer todo fue diferente, ya que a las 19, aún a plena luz del sol, el predio del Me Encanta Bolívar ya hervía de reposeras, de mates, conservadoras, sonrisas y ansiedad. Gente de acá, pero muchísima de afuera, de pueblos cercanos y algunos más lejanos -seguramente de otras provincias también-, circulando por nuestro parque. Una postal indestructible en tiempos egoístas y mezquinos, como diría Fito Páez. Un abrazo en días desesperados.
En la foto que acompaña esta nota acaso pueda parecer poco, pero para las siete de la tarde es un exitazo. Se ve que La K'onga mueve multitudes, al punto que la de anoche ha de haber sido otra jornada de números históricos de asistencia a nuestro festival. Esto favoreció a las bandas locales, que la ligaron, pero esta vez bien, ya que todas fueron vistas por una multitud.
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