26 de febrero de 2026
Haciendo el trabajo sucio.
por
Juan Emilio Junco
El consumo elevado de pornografía ¿Es significativo? ¿Cómo analizar esos datos? ¿Qué consecuencias generan? ¿Cómo afrontar modalidades de intervención donde no se apunte solo a lo sintomático? No se trata de eliminar aspectos nocivos sino de comprender el motivo y el sentido de dicho comportamiento.
Los títulos son importantes. En ese sentido Freud es un ejemplo. Los títulos de sus escritos representan una síntesis de lo que trabaja. El título de "Cerebro Pornográfico" no sería el caso, todo lo contrario. Es una provocación y una antítesis de lo que creo esencial por trasmitirles. Si me quedaría preferentemente con los datos y buscaría eliminar síntomas, el título de "Cerebro pornográfico" seria pertinente. Representa esa avidez permanente de estímulos, sin sacar el cuerpo, buscando maneras de eliminar lo incomodo sin responsabilizarse. Esas formas descriptivas de abordar aspectos centrales de lo humano terminan en reduccionismo. Uno deja de escuchar. El título es solo una manera rudimentaria y equivoca de captar algo de atención para no quedarme solo, para invitarlos a otra cosa que sin dudas conlleva a lo imprevisible. Un mejor título: "Mirada Pornográfica". Ese sería un buen título. Sin embargo ambos títulos nos acercan de todos modos al subtítulo: Entender el más allá de la medicación ¿Por qué del subtítulo?
Ir más allá del consumo excesivo y la adicción a la pornografía implica cuestionar el sentido de nuestras intervenciones como analistas, sean por medio de la palabra o en el caso de la psiquiatría la palabra y la medicación. Leer lo cuantitativo es importante, pero en ocasiones no resulta esclarecedor ni relevante. Un caso puede decir mucho más que millones y lo que sucede en millones, nada puede servir para un caso.
En el año 2018 según Enrique Rojas, psiquiatra y escritor español, más del 80 por ciento de los jóvenes del mundo civilizado ven pornografía a diario. Señala que la pornografía tiende a ser adictiva y agrega algo relevante: "Hoy sabemos por investigaciones rigurosas que la adicción a la pornografía es más grave que la adicción a la cocaína porque afecta a circuitos cerebrales más complejos" (cita del libro "Todo lo que tienes que saber sobre la vida"). Por otra parte y complementando este enfoque, su hija la Doctora Marián Rojas Estapé en su libro "Cómo hacer que te pasen cosas buenas" apoya la posición de que la adición a la pornografía es más grave que la de la cocaína al afectar circuitos cerebrales concretos. Estos datos son importantes pero resultan escasos si pretendo entender desde un punto analítico. Aún menos importantes si busco comprender "mi mirada pornográfica" activada en la sesión. Una consideración que señala Enrique Rojas, me convoca: "...la pornografía se mueve en las cinco aes: asequible, accesible, anónima, aceptada y agresiva".
En el año 1977, Oscar Masotta, maestro, ensayista, semiólogo, crítico de arte y psicoanalista; organiza una mesa redonda en su casa de Barcelona y planteo ideas en función de "El psicoanálisis y la Pornografía" (Publicado en "La revolución teórica de la pornografía "Editorial Ucronia, Barcelona, 1978). Algunos de estos planteos ilustran la importancia de trabajar la mirada en relación con estos temas. No significa que la escucha deba dejar a un segundo plano lo cuantitativo. Ciertos aspectos no pueden quedar desoídos si queremos escuchar a un sujeto que padece de un comportamiento compulsivo o adictivo, más aún si necesitamos entender el sentido que podrá representar para él mismo, algo del orden de lo que mencionamos como: asequible, accesible, anónimo, aceptado y agresivo. Masotta señala lo siguiente: "lo pornográfico es un relato de una ideología sobre lo sexual trasmitida a nivel de los medios de masa". Significa que lo pornográfico está del lado de la escritura por lo tanto no sería erótico. Para este autor lo erótico es del orden del discurso verbal. Y agrega: "...lo pornográfico estaría del lado de la escritura, es decir, del lado de donde habría una cierta evitación de la desaparición del sujeto en el momento del decir". "...el discurso pornográfico es un discurso del exceso, y en la medida en que es un discurso del exceso, es un discurso que denuncia una falta, y por lo mismo, un discurso incómodo". No hay una exploración de la sexualidad de manera profunda, la sexualidad queda reducida a un objeto de placer o exhibición.
Retomo lo de la mirada ¿qué entiendo cuando digo: "trabajar la mirada"? En psicoanálisis, en el dispositivo analítico, ver no es lo mismo que mirar; como no es lo mismo hablar que decir. Por lo tanto cuando Masotta propone que el discurso pornográfico es un discurso que denuncia una falta, esto significa que hay una posibilidad. La posibilidad de una articulación como medio para explorar aspectos inconscientes. El sujeto no ha encontrado otros medios más que el síntoma o la adicción, para señalar algo ausente, reprimido o no tramitado que ejerce significativamente un efecto molesto, incomodo, intrusivo en su vida. En ocasiones encontramos intervenciones donde se bloquea o se obtura la posibilidad de desplegar y trabajar esa incomodidad. Desanudar esas cuestiones es relevante para desactivar la repetición compulsiva, el síntoma. Lamentablemente esto no solo puede estar bloqueado por palabras, silencios o acciones, que con las mejores intenciones, empeoran la cuestión. Además señalo ciertas prescripciones medicamentosas que al no ser acompañadas por un trabajo de análisis, profundiza esa ceguera. No estoy poniendo ni siquiera en discusión la necesidad e importancia de los fármacos. Inclusive sus avances han sido notorios en los tratamientos. Sino cuando estos, favorecidos por un mal manejo trasferencial, dificultan o inclusive eliminan el trabajo analítico.
Sostener cuestionamientos, interrogantes, incógnitas, permite confrontar aspectos en nosotros mismos. Pensemos en pacientes que plantean dificultades de erección como "síntoma" porque altera su "supuesto rendimiento" inclusive tomando viagra y consumiendo excesivamente porno. Es un planteo diferente de aquellos hombres que en épocas anteriores lo manifestaban como una debilidad masculina, estos mismos hombres ahora suelen expresar esos resabios vinculándolos con frustraciones económicas. O cuando la masturbación es una defensa contra el orgasmo, la "anorgasmia masculina". Hay eyaculación pero es solo una descarga fisiológica. El analista para escuchar y trabajar con esto que aparece, "habilita su mirada pornográfica" y se interroga: ¿Cómo surge esa mirada en el ámbito analítico, en las sesiones? Como notamos, el asunto no es solo una cuestión del paciente (recomiendo dos libros: "La mirada en Psicoanálisis" de Juan David Nasio, Editorial: Gedisa y "Manifiesx pornológico" de Daniel Mundo. Ediciones: Qeja).
El analista confronta su mirada erótica y "su mirada porno" para captar un más allá del síntoma, la medicación, los prejuicios, aspectos narcisisticos, o el consumo. Por eso el subtítulo: "Entender el más allá de la medicación". Si no me implico en esa afección, no activo dispositivos para tratarlo. Para hacerlo me coloco en posición de afectado. Permitiendo discriminar lo propio, lo del paciente y lo que va aconteciendo en las sesiones y si fuera necesario fármacos, no deben quitar "en el sentido" que propongo, esa afectación.
La pulsión autoerótica por excelencia para Freud es la mirada (la pulsión autoerótica es una forma primaria de sexualidad infantil donde las pulsiones parciales buscan satisfacción en el propio cuerpo; las pulsiones parciales son aspectos sexuales originarios y polimorfos que buscan placer en zonas erógenas específicas del cuerpo, la boca, el ano, la piel, etc.). Es el yo como ser sexual que involucra escenas, imágenes. Gracias a estos conceptos puedo trabajar, la excitación, la masturbación, el autoerotismo, el erotismo.
Quisiera incluso extrapolar estos planteos con otro campo. Luis chiozza en su libro: "Cáncer ¿Por qué a mí, por que ahora? expone una concepción psicoanalítica del cáncer. Comenta que la "zona" enferma de cáncer satisface, de un modo insalubre, una tendencia inconsciente que no ha encontrado su camino normal y se pregunta: ¿Por qué motivo los deseos incestuosos, de naturaleza erótica, despiertan el mismo temor que despierta una fuerza destructiva? ¿Es acaso cierto que el horror al incesto en un adulto normal es sólo producto de la persistencia anacrónica de un prejuicio infantil que ya no se justifica? Estos cuestionamientos y otros lo llevan a entender la psicología profunda debajo del cáncer. Para ello vuelve a pensar el carácter narcisista de la fantasía incestuosa. "Nada tiene de extraño que pueda utilizarse la representación de un crecimiento tumoral para eludir al contenido narcisista de una excitación incontrolada".
¿Qué excitación incontrolada lleva al consumo pornográfico? ¿Es algo del orden de la excitación, que incluso no alcanza con el consumo? Es lo que aparece en los relatos de los pacientes cuando hablan del aburrimiento. ¿Qué tipo de aburrimiento es? ¿Es un aburrimiento ligado a la muerte? Prefiero analizar la consulta frente al consumo pornográfico de esta manera y poder pensar modalidades de intervención conjuntas.
Voy a dejarles una reflexión de síntesis: El que solo ve no puede mirar su interior, desesperadamente intenta colmar esa excitación incontrolada en imágenes externas, buscando eludir escenas sobre sí mismo que lo mortifican y lo estimulan a seguir consumiendo. Cabría observar el papel preponderante que puede tener la pulsión de muerte, pero esto lo trabajare en otro momento.
Queridos lectores los dejo con la reflexión de Plotino (Filósofo helenístico): "Si aún no ves la belleza en ti, haz como el escultor de una estatua que ha de ser bella. Esculpe el mármol, púlelo, saca todo lo superfluo hasta poder reconocer el verdadero bien".
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