8 de febrero de 2026
Una experiencia que propone renovar las noches bolivarenses.
por
Evelyn Peret
Alvaro Ducasse y Victoria Sotullo, amigos de la casa, traen una propuesta diferente para los viernes a la noche, en Bolívar. Con una impronta distinta, íntima y curiosa, proponen tragos de autor y comida gourmet, todo elaborado por ambos. La cita es con reserva previa y,para febrero, sólo quedan unos pocos lugares para el 27.
Ellos son ingenieros agrónomos, pero sobre todo grandes anfitriones. Curiosos por naturaleza, empezaron a investigar, a formarse, a probar tragos, combinaciones y técnicas que el pasado viernes 6 salieron a la luz. Como suele pasar con las grandes ideas, esta también salió de un asado. Entre charlas, copas y ganas de abrir las puertas de su casa -de su quincho más precisamente- nació "Ritual", tal como la llaman.
Nada está librado al azar en esta experiencia gastronómica que se vive alrededor de una mesa larga, de esas que invitan a mirarse a los ojos y a charlar con el de al lado. Una cena íntima pensada para compartir entre 8 y 12 personas que pueden ser amigos, parejas o completos desconocidos. Incluso quienes deciden ir solos, con la excusa perfecta de vivir algo nuevo y, de paso, conocer gente.
Me tomaré el atrevimiento de hablar en primera persona, porque fui parte de la experiencia cero, de la primera Noche Ritual, que era sólo con invitación y en la mesa estábamos sus amigos y su familia. Éramos diez, mujeres y varones, todos dispuestos a beber y a comer, ¿quién no? Nadie en su sano juicio se niega a semejante invitación. Se pedía puntualidad al llegar y al ingresar al lugar los platos blancos con fiambre cortado de manera delicada, se veían sobre la mesa.
Nada estaba librado al azar: tablas de madera con quesos, frutos secos y uvas estaban en la mesa, a juzgar por lo prolijo, esa fue Vicky. Luz tenue, cristalería seleccionada, adornos y velas decoraban el lugar .La noche comenzó con un champán dulce, con un toque bien seleccionado que no revelaremos acá, y un plato de fiambres que acompañaban y equilibraban ese primer sorbo.

Los tragos empezaron a desfilar: fueron más de diez, todos distintos, en tamaños, colores y sabores, por supuesto. Hubo tragos suaves, intensos, otros dulces y algunos amargos. La cristalería, protagonista silenciosa, parecía pensada especialmente para cada bebida. Vasos, copas, shots y al final, tazas. Todo a tono.
El desfile de copas no venía solo, ¡menos mal!, los platos acompañaban cada trago. La carta, cuentan ellos, ronda los 200 tragos. La idea es que cada viernes sea distinto: Menú nuevo, tragos nuevos. Aunque nada se revela de antemano, ellos consultan previamente si hay alguna restricción alimenticia por gusto o por salud, para que nadie se quede afuera. Por ahora, y al ser en la cocina de su casa, no hay opción sin tacc, pero como buenos anfitriones, saben que llegado el caso terciarizarán ese menú.

Antes de servir, Vicky y Alvaro, explicaban qué tenía cada plato y cada cóctel y nos pedían a los invitados devoluciones acerca de lo que comíamos y tomábamos. Por un rato, todos éramos jurados de MasterChef, pero sin una cámara al frente sino con el propósito de que ellos puedan tener una devolución genuina de lo que estaban ofreciendo, y la verdad, para ser sincera, ¡estaba todo buenísimo!
Como dijo Álvaro, ellos son "de cabeza muy estructurada, de la ingeniería, de querer dominar las situaciones" y saben que el proyecto va más allá, tal vez un restaurante, pero hoy eligen empezar así: abriendo su casa, siendo anfitriones, compartiendo lo que les gusta. Lo definen como un hobby, aunque la pasión por la gastronomía y el detalle hacen pensar que hay algo mucho más profundo gestándose.
"Ritual significa para nosotros compartir sin apuro" y ese es el camino que han emprendido. La primera noche estuvo cargada de risas y de charlas. Fue íntima, cálida, entre amigos y conocidos de la casa. Fue el punto de partida para algo nuevo y distinto en nuestra ciudad. Desde La Mañana, les deseamos todos los éxitos.
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