8 de febrero de 2026
La entidad recibirá en estos días un nuevo mamógrafo.
Luego de un período de inusitada angustia por la rotura del mamógrafo que empujó a la entidad al borde de la disolución, gracias a instituciones y a la población LALCEC puede volver a sonreír (juntaron setenta millones en seis meses), justo cuando está cumpliendo sesenta y seis y podrá festejarlos recibiendo el ansiado e imprescindible nuevo mamógrafo, un aparato "analógico y totalmente digitalizado", como destacan los directivos.
Son sesenta y seis años y mucha historia, pero también mucho presente y futuro.
Marcelo Colombo, presidente: -Acá tenemos la foto de Raúl Otero y señora, y yo particularmente les rindo homenaje todos los días. Justamente mi preocupación es para que LALCEC vaya hacia adelante cada vez mejor en homenaje a esta gente. Hoy nadie se desprende de una propiedad así (la sede histórica de Pellegrini y Las Heras) para que una institución como esta despliegue su trabajo. Imposible olvidarlo, restarle importancia y mermar en los sacrificios diarios para que LALCEC camine cada vez mejor. Un sacrificio conjunto con varias instituciones, que salieron el año pasado a ayudarnos en la peor época que vivió la entidad, sin lugar a dudas.
¿La peor época en sesenta y seis años?
- Que yo recuerde sí, no sé si ha pasado algo anteriormente tan tremendo. Creo que hubo alrededor de don Otero más gente trabajando quizá con mayor predisposición horaria, y quién sabe las ayudas llegaban más fácilmente. Hubo un mamógrafo que se recuperó de la mano de una institución que ayudó a LALCEC en aquella época.

En este segmento de la entrevista exclusiva, Colombo relató las terribles vicisitudes con el mamógrafo que se averió, que fueron de dominio público el año pasado. Una rotura "muy grande", que provocó "un parate de tres meses" en la actividad de la entidad, y el problema adicional de tener que conseguir un técnico especializado en la marca Giotto, ya que "la fábrica prohíbe meter mano a cualquier ingeniero". Hubo que esperar, sin más, "hasta que llegó el ingeniero, Claudio Mirándola, y manos a la obra. Pero fueron cuatro meses tremendos", recordó el presidente.

Ciento veinte días en los que a la gente vinculada con LALCEC hubo que pedirle paciencia, explicarle muy bien lo que ocurría. Y recordemos que estamos hablando de la salud, no de electrodomésticos que sirven para hacer postres.
- Así es. Esa preocupación era muy grande, yo no la sabía llevar. Fue un peso que en mi vida no había soportado, y que trajo sus consecuencias para mi salud, pero hoy estoy contento de haberlo enfrentado (casi al borde de las lágrimas).
¿Quién te ayudó, cómo superaste esa instancia?
- La solidaridad de la gente cuando el agua llegaba al cuello. Mis compañeras no lo podían creer, fue un momento muy difícil. Yo les dije, en abril, "chicas, vamos a trabajar abril, mayo, junio y aguinaldo, y ahí se nos terminarán las reservas". Veníamos con veinte millones de ahorro.
Y aceptaron eso.
- Sí, lo aceptaron, pero no querían que yo hablara de que una crisis así le iba a tocar a LALCEC. No quisieron nunca. Nosotros aprovechamos la presencia acá de la entonces presidenta de Rotary, Graciela Scarillo, a quien le dije la verdad: "LALCEC se queda 'seco' y no quiero caer en deudas; se nos termina la plata que teníamos ahorrada para funcionar". Pedimos la solidaridad del Rotary, con el detalle de que en esa institución hay gente que forma parte de la Cámara Comercial, entidad que a través de toda su gente se puso la mochila de este problema sobre los hombros. Se fueron sumando instituciones a la campaña, alguna después se bajaron y yo opino que se equivocaron, pero bueno, son pareceres.
Esa movida surtió efecto, porque apareció el recurso económico.
-Sí, apareció. A tal punto que en seis meses tenemos setenta millones de pesos.
¿Y cómo se van a emplear, cómo sigue esta película dramática que tendrá un final feliz?
- En ese ínterin se cortó la obra social. Y arrancó el mamógrafo. En síntesis, estuvimos seis meses sin poder facturar. La ayuda inicial de la colecta fue empelada en el funcionamiento del LALCEC. En la medida en que hemos ido pudiendo facturar la tesorera ha hecho lo suyo y hemos devuelto a la colecta el dinero que habíamos usado de allí. De manera que hoy estamos con entre sesenta y cinco y setenta millones de pesos. El Giotto usado que tenemos en funcionamiento anda ahora perfectamente, con nueve o diez mamografías diarias (en verano la gente acude menos a controlarse). Está tasado en entre diez mil y quince mil dólares para entregarlo. La empresa Pimax, de CABA, tiene para darnos en estos días uno analógico, totalmente digitalizado. Y nos falta que ingresen unos diez millones de pesos del Ministerio de Salud, en base a la gestión de Eduardo 'Bali' Bucca realizada cuando era senador. Son gestiones que nosotros continuamos. Además, resta vender los setecientos cuarenta pollos que nos entregó la Cámara Comercial. Si liquidamos todos esos pollos, serán otros veinticinco millones de pesos, o un poco menos.
Vale decir que a pesar de meses tan dramáticos, se acerca un día feliz.
- Sí, sí. Vamos a tener un mamógrafo nuevo, y falta la ayuda del Rotary Internacional, que será muy importante. Con todo eso podremos hacer la operación en forma inmediata.
Ahora hablamos de que la situación interna ha ido encaminándose, pero a vos en lo personal te costó algunos trastornos de salud, porque al acatar la opinión mayoritaria de la comisión de la entidad de no hablar públicamente con crudeza de lo que pasaba, te tragaste todo ese dolor y te hizo mal.
- La pasé mal. Pero yo soy respetuoso de las decisiones de las comisiones, porque amo a las instituciones. Yo quería hacer ver la realidad, y si ellos me decían que no, el tema era ver por qué no. Había una propuesta distinta, pero yo decía que si no éramos sinceros con la comunidad, ¿qué íbamos a esperar, que se cerraran las puertas?
¿Se llegó a ese límite, LALCEC estuvo a un tris de su cierre?
- Y si no arreglábamos sí. Si nos quedábamos de brazos cruzados sin decir lo que nos pasaba, no hubiesen salido las instituciones solidariamente a ayudarnos. Y hoy quizá LALCEC estaría con juicios enormes, porque acá tenemos empleados de un millón seiscientos mil pesos de bolsillo, aparte de los dos millones ochocientos mil de cargas sociales. Empleados muy buenos, jerarquizados, pero esos sueldos no se manejan hoy en cualquier lado. La empleada administrativa de menor categoría, cobra un millón de pesos de bolsillo.
La angustia que padeció fue tal, que para la próxima renovación de miembros de la comisión directiva Marcelo Colombo declinará la presidencia, aunque seguirá formando parte en algún otro lugar del grupo que conduce a la filial local de la Liga Argentina de Lucha Contra El Cáncer. La retahíla de problemas que afrontó la entidad en este tiempo lo "sobrepasó", según sus propias palabras el viernes durante la entrevista con este diario, en la que estuvo acompañado por la tesorera de la CD, Liliana Van der Ploeg.
Finalmente durante este encuentro, Colombo y Van der Ploeg agradecieron a todos y todas las que pasaron por la institución y a su modo hicieron posible esta fructífera historia de seis décadas y media. Como representantes del total de directivos, trabajadores, colaboradores y allegados que pusieron su grano de arena mencionaron a los presidentes que estuvieron antes que Colombo: Raúl Otero, que gobernó LALCEC la friolera de cuarenta y cuatro años consecutivos; "Amanda Mezquía, que se cargó la filial al hombro y tuvo que soportar la pandemia, cerrar y hacer frente a todos los gastos con cero aportes; Elba Cortizas y la señora Osovi".
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