3 de febrero de 2026
por
Chino Castro
'Ele' Rodríguez Iglesias es una piba más y a la vez no, porque con sus frescos 23 ya ha hecho algo por mejorar un mundo que parece caerse a pedazos, en el que contra toda esperanza siempre surgen manos, mentes y corazones dispuestos a alimentarnos el espíritu con arte y así sembrar rayos de luz en medio de la espesa noche, que son los que hacen que la rueda siga girando.
La incipiente cantante, guitarrista y compositora bolivarense con base en CABA ha publicado estos dos años dos canciones propias en plataformas digitales -Algo mejor y Tropezón- y empieza a presentarse con regularidad en el circuito porteño, mientras sigue creando, da los toques finales a una nueva canción que subirá estos días y se proyecta como artista, con todo el peso que esa sagrada palabra contiene.
Por un carril paralelo, también se prepara para su graduación como licenciada en Musicoterapia, y así vemos que todo tiene que ver con todo. "La música siempre fue parte de mi vida, pero este último tiempo, cuando me fui, es como que le pude poner más empeño y personalidad, digamos", dijo 'Ele' una soleada mañana de enero durante la entrevista con este diario (la primera que da en su vida, tomá). Una 'Ele' cuya imagen marida con sus canciones: es una flaquita bonita de rasgos suaves y tirando a lánguidos, con una impronta hippie pero sin abrumar ni renunciar a una tarde de shopping, y musicalmente cultiva un pop con núcleo en el rock argentino de los ochenta y más atrás, tocado con los elementos de hoy sin correrse del plan minimalista de guitarra, voz y eventualmente una percusión, en la tradición de los trovadores y trovadoras que hablan de lo que les pasa en tono confesional, más que de la situación general. De hecho, su primera pieza, Algo mejor, destila un perfume naif de piba que sale al mundo con sus ilusiones intactas como el celofán de una caja de bombones aún sin abrir, y el segundo, Tropezón, ya pone de manifiesto (incluso desde el título) unos raspones en una piel aún finita, unos golpes de esos que arden pero enseñan.
Bebió de los manantiales del rock nuestro desde muy pibita de la mano de su madre, Claudia, fan de Sui Géneris, de esa etapa del género, de sus líderes y sus continuadores, es decir los que enriquecieron la tradición y no los rupturistas. (En cambio Martín Fernando, su padre, es un fan irreductible de Creedence y cuando aún peinaba bucles concurrió a tres clases de guitarra). Sin embargo, sólo cuando se fue de casa se dio de frente con algo que decir, y ahí empezó a frotar las astillas hasta que el fuego surgió: en su etapa adolescente flirteaba con la música, pero no sentía que tuviera algo que expresar, como ella misma confiesa, y por eso no daba a luz. Es evidente que después pasaron cosas, u otras cosas. "Irme fue como un antes y un después en mi desarrollo musical, pero por supuesto que estoy iniciando mi camino, no es que soy Drexler componiendo", se 'ataja', por si las moscas atacan.
A ambas canciones las grabó en CABA zona norte, puntualmente en un estudio de Boulogne. Algo mejor, con Spike al comando de la producción, y Tropezón junto a Sofi, que la ayudó a "redondear el concepto", y Gaspar, sus productores actuales. Gaspar Godoy es además su pareja.
¿A qué huelen esas canciones? Cada quien puede tener su propia opinión, pero estoy pidiendo la mirada de la autora.
-Si tengo que poner un olor, te diría que la primera huele a playa. De hecho, nace ahí, de una experiencia de playa. Viste que alguna vez ves el amanecer en el mar, capaz te fuiste a Mar del Plata con tus amigos y te sorprende ese segmento del día a la salida de un boliche, pero yo nunca me había planteado como actividad levantarme una mañana cualquiera a las cinco, hacerme el mate e ir a ver el amanecer en la playa. Me lo propuse así. Fue estar quieta con el mate esperando que saliera el sol. Puede parecer una estupidez, pero para mí fue hermoso. De ahí nació Algo mejor. Tiene olor a playa. No había nadie, pero nadie, y en Mar del Plata, que siempre está lleno de gente...
Llevó a cabo esa experiencia, y de ella surgió su primer tema. No se mandó al mar a ver salir el sol para intentar componer, sino que ver el amanecer desplegando su brillante toldo naranja sobre la costa atlántica y el país sola mate en mano, le produjo una emoción que terminó tomando la forma de una canción que hoy gira por el mundo a través de Spotify y YouTube.
¿Y Tropezón a qué olería?
-Ay no sé... Como a derrape, ¿viste?, cuando la tierra levanta polvareda. Siento que ahí estoy derrapando con la bici, o con el auto. Ahí estaba derrapando, había puesto mal los cambios.
En común tienen que ambas hablan de vos, de momentos personales tuyos.
-Sí, sí. Las dos tienen algo así como medio romántico, narran experiencias con personas. La primera es más linda, ponele, más hippie (se ríe).
La segunda traduce algún golpe. La protagonista de Tropezón ya es alguien que se ha 'comido' alguna curva.
-Seee. Nació no digamos de una mala experiencia, pero sí de algo no tan gustoso para mí en relación a lo romántico.
Bueno, si dejó esa canción, no habrá sido tan malo.
-Claro, se puede ver así. Le sacamos provecho.
"La letra es mi aliado"
'Ele' coincide en que lo suyo porta en sus nervaduras el futuro del rock argentino, mejor aún del pop, por transparentar sin necesidad de mucho maquillaje el adn del primer Charly García y, todavía más, del Andrés Calamaro clásico, que han sido todos los 'Andreses'. (Fito también resuena por ahí, y cosas de más acá, como Bandalos Chinos, ponele.) "Es verdad que hay algo ahí atrás... Yo en mi vida lo que más escuché fue rock nacional. Soy seguidora de Calamaro y me doy cuenta de que marcho por su mismo sendero musical, pero también tengo referentes más actuales que son bien 'poperos'", marca.
Una es Zoe Gotusso, aunque le prestó suma atención hace unos años y ya no forma parte de su menú cotidiano: "Fui fan loca de ella, los primeros años que me instalé a estudiar, 2021, por ahí. No la copié, pero en mi desarrollo tomé cosas suyas, no sé si de su manera de escribir, pero sí de expresarse; me vi representada en ella", recuerda, remarca y, sin ponerlo en palabras, agradece. Ahora está más con Paz Carrara, se advierte reflejada en ella, en su pedestal de admirados ocupa el viejo sitial de Zoe, bien alto. "No intento imitar, pero esas cosas surgen en lo que una hace. Viste que Charly dice que la música ya está hecha, de algún modo todo es una copia de lo anterior, y creo que es así", define la artista.
Charly también dice que un artista debe 'robarles' a muchos, a todos, porque si le 'roba' a uno solo comete plagio.
-¡Claro! (se ríe), es así. De ese modo te vas armando tu propio rompecabezas. Sólo le interesa la música en castellano. Le da mucho valor a la letra, necesita comprender qué le están contando. "Si no, no entiendo nada. A mí me interesa la letra. Mi productor le presta mucha atención a lo musical, y a mí también me interesa, obvio, pero me 'engancho' mucho más con la letra. No me considero una buena ejecutante instrumental, una buena guitarrista, simplemente puedo defenderme, entonces la letra es más mi aliado que lo musical en sí", razona para nosotros.
Te interesa la canción, la pieza completa.
-Sí, claro. Por eso a mí el inglés me gusta pero no me llega a interpelar tanto. Salvo que de repente entienda lo que están diciendo. De hecho, me pasaba que cuando empecé a cantar en público, o frente a mi familia, sólo lo hacía en inglés. Hoy en día soy un 'perro' haciéndolo en ese idioma, porque perdí un poco el léxico, pero cantaba en inglés porque me daba mucha vergüenza que entiendan lo que estaba tratando de decir, ponerme a hacer un tema en español era desnudarme. Hoy no, no me representa el inglés, a mí me gusta que cuando una canta toque algo en el otro con lo que dice.
'Ele' adora presentarse en Bolívar, donde están sus amigos y su familia, pero sabe que hacerlo en CABA y La Plata entraña otro tipo de desafío, otro peldaño de complejidad si estuviéramos hablando de un jueguito, que en algún punto lo es, por algo en inglés -volvamos al idioma en el que ella no va a cantar- se dice play, que significa jugar. Y sabemos que no hay nada tan serio como jugar a la música y el arte. "Allá tengo amigos que me pueden bancar, pero no es la misma sensación. Acá es casa, allá un desafío, no sabés quién va a estar, aparece gente que ni sabés quién es, y te la tenés que ganar", diferencia.
Su plan -hoy, difícil que permanezca imperturbable- es presentarse sola, en voz y guitarra acústica, como quien lleva en un cofrecito para desplegar frente a muchos el living de casa donde actúa para pocos. Por la huella de las cantautoras de tradición folkie. Es la pilcha que mejor le calza: puro rock argentino de raigambre minimalista y algo personal que decir, como una pintura del alma propia más susurrada que enchastrada con una verborrea altisonante. Un collar de perlas de un suave y cálido fulgor. Sin embargo, en algunas ocasiones ha tocado con percusionistas y guitarristas, siguiendo la traza de sus productores. Una vez, en La Plata, con dos amigas bolivarenses con las que paladeó el reencuentro en un escenario lejos de casa, donde supieron ser tres: 'Mica' Giménez y 'Valen' Lautre. Tampoco le disgusta internarse por esas aguas y explorar un poco. Veremos.
Y por supuesto que 'Ele' sueña con parir su propio disco, que ya perfila bajo la forma de un EP, una breve y dichosa primera colección de canciones. Ese disquito contendrá una gemita, vamos a meterle diminutivos en busca de ese público infantil tan refractario a la prensa escrita en papel: su versión de Yo vivo en una ciudad, himno del Miguel Cantilo más pop y ameno cronista porteño, el que junto a Jorge Durietz irrumpió como Pedro y Pablo en la bullente escena del rock nacional de principios de los setenta, cuando aún estaba todo por hacerse y, aunque nos asfixiaba una dictadura, nadie veía todavía asomar entre sus colmillos la inusitada tempestad que lo cambiaria todo.
Este 2026 que recién está desperezándose seguramente se graduará como licenciada en Musicoterapia, y tiene decidido dedicarse a su profesión en hospitales porteños, ira viendo qué surge. Como música, lo inminente es dar a conocer a través de las plataformas digitales su nuevo tema, que incluirá bandoneón y la tiene entusiasmada. "Y guardo varias composiciones más que plasmaremos este año", añadió.
Ella sabe que con todo va a poder, el entusiasmo, la frescura y la paciencia son la banda de sonido óptima para un vuelo que empieza a abrir alas sin atolondrarse por llegar.
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