28 de enero de 2026
El artesano bolivarense Néstor González, de 77 años, donó su histórico taller de fundición a la Unidad 17 de Urdampilleta, donde ahora enseña el oficio a personas privadas de la libertad, brindándoles una nueva oportunidad de futuro.
(Material enviado por el área de Prensa del Servicio Penitenciario). En un gesto de generosidad y apuesta al futuro, un prestigioso artesano bolivarense de 77 años entregó su taller de fundición a la cárcel bonaerense de Urdampilleta, destinado a la formación laboral de las personas que se encuentran privadas de la libertad.
La iniciativa se llevó a cabo en la Unidad 17 del Servicio Penitenciario Bonaerense, con el aval del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires, conducido por Juan Martín Mena.
Para el ciudadano Néstor González, el hierro y el bronce no son materiales inertes, son el lenguaje con el que ha escrito su historia a lo largo de más de 60 años. A sus 16, en la Escuela Industrial de Bolívar descubrió el arte de la fundición. En 1966, sus maestros vieron en él una dedicación inusual y cumplieron una promesa: "Cuando termines, ponemos un taller".
Con un horno casero fabricado con un tambor de 200 litros, tierra de moldeo traída de Junín y el ímpetu de la juventud, Néstor encendió un fuego que no quiso que se apagara.
Al llegar el momento del retiro, el artesano se enfrentó al doloroso dilema de qué hacer con el taller. La idea primaria de vender sus moldes originales, los que durante días talló a mano, a un chatarrero "le dolía en el alma" y no podía permitir que sesenta años de esfuerzo terminaran convertidos en basura.
Luego de una charla con su hijo Juan Manuel, quien se desempeña desde hace más de veinte años como profesor de Educación Física en la Unidad 17, surgió una idea superadora: donar el taller por completo a la dependencia para que las personas privadas de la libertad puedan aprender el oficio y pensarse con esta nueva alternativa laboral al egresar del sistema penitenciario.
Luego de varias reuniones con la entonces directora Eugenia Barrionuevo, y el jefe del Complejo Penitenciario Centro Zona Sur, Gustavo Rodríguez, el proyecto empezó a tomar forma. A su vez, se conciliaron necesidades y evaluaron riesgos del trabajo de la mano del asesoramiento, en cuanto a la seguridad y la higiene laboral, del jefe del departamento Regional de Cultura del Complejo, Ignacio Pagano Couto.
Finalmente, Néstor no solo entregó su horno más moderno, su moledora, sus máquinas y sus tierras especiales a la Unidad 17, a cargo del director Esteban Roldán, sino que decidió compartir sus saberes. A sus 77 años, bajo el sol abrasador de diciembre, el maestro regresó al aula, pero esta vez dentro del penal.
El 4 de diciembre de 2025, con el aval de la Subdirección General de Trabajo del SPB, el nuevo Taller de Artesanías en Hierro Fundido se convirtió en un puente al futuro. Este hombre, amante de su profesión, comenzó a capacitar y supervisar, con el apoyo de su hijo, a seis hombres privados de la libertad que han encontrado en el calor del horno una oportunidad de reiniciarse.
El proyecto busca que los internos no solo aprendan a fabricar ollas, panquequeras, planchas, letras, repuestos, sino que incorporen la disciplina, la prolijidad y la responsabilidad.
"Mi ambición es que a alguien le guste, lo aprenda y pueda quedar como un maestro para los demás", afirmó el artesano. Ver a jóvenes interesarse genuinamente en el oficio es el mejor pago. En el primer día de capacitación, en solo cuatro horas, realizaron la primera fundida.
En tanto, este lunes, el artífice del proyecto llevó adelante la segunda colada en el día de su cumpleaños número 77, tomando esta acción como el precioso regalo de ver a un puñado de hombres que comprendieron esta oportunidad de formarse en el oficio y se lleven una herramienta real al recuperar la libertad.
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