31 de julio de 2023

Información General

Información General. “Mi sueño es que alguien que no conozco venga tarareando un tema mío”


Una inmersión en el corazón de Daniel Maza, un hombre que se toca todo y no se cree nada. Su vínculo con el auge tecnológico. Su método compositivo. Su respeto a la música, los músicos y a sus músicos. Sus luchas. Su sueño. Todo, con el perfume de una humildad y una sencillez que son también su ética.





Me dicen que llamaste personalmente a Dani López para ver si podía armarte otro recital acá, lo que quiere decir que te gustó el concierto de febrero de 2022. ¿Qué recordás de ese show en El Taller, por qué querés volver?
- Nosotros teníamos un concierto en Pico (La Pampa), el sábado 5. Yo voy siempre a Trenque Lauquen, a pasear, de vacaciones, tengo un amigo. Y como no me gusta andar por la ruta 5 siempre me voy por la otra, que salgo a Pehuajó y agarro poquitos kilómetros por la 5. Siempre pasé por Bolívar, pero aquella vez que fuimos para ese recital, fue la primera vez que entré a la ciudad. También con la Dani, con Cable a Tierra. La Dani es una ‘crá’, tocamos con los muchachos que estuvieron antes, nos atendieron de diez, después fuimos a comer, creo que un asado, no me acuerdo.





Ahora decidí preguntarle a la Dani otra vez, ya que vamos para esos lados. Acortamos el viaje y de paso vamos a un lugar en el que la pasamos tan bien. Primero me dijo ‘uy, dejame pensar qué podemos hacer’. Pero en un momento seguimos hablando y ya dejó de importar la guita y qué sé yo, ya era hacerlo. Porque la habíamos pasado fenómeno. La Dani con nosotros, nosotros con ella; el público que vino a vernos estuvo divino, fue una noche bárbara y por eso decidimos meterle para adelante.





Irán muchos que fueron, otros que no, a los que les llegó el ‘boca a boca’ y la recomendación de verlos, pero uno dice ir a ver a Maza, y en realidad disfrutaremos de cuatro excelsos músicos, porque tus compañeros han de ser muy buenos si están con vos, y además seguramente vos los elegiste para que te ayuden a desplegar tus músicas.
- Y sí. Fijate vos que últimamente yo estoy haciendo mucho hincapié en eso. Fenómeno, vos decís es Daniel Maza, pero Daniel Maza solo puede ir una vez, pero Maza va a presentar un disco que se grabó con músicos que si no están, no se puede; sin músicos no hay música. Yo hago hincapié en que aparezcan los músicos, y en que cobren lo mejor que se pueda. De hecho, en el disco están sus nombres. Que tuve unas peleas bárbaras, porque viste que los discos ahora se hacen para las redes, y poner muchas letras parece que no queda bien. (Tan es así que el álbum iba a llamarse Cantando melodías con el Maza, pero la plataforma top lo ‘bochó’ por largo.) Yo no entiendo mucho, pero parece que no queda bien subirlo a Spotify y que tenga muchos nombres. Y, loco, pero tienen que estar los nombres de los que tocaron… Por lo menos sus nombres, ya que cuando entrás a esos lugares no aparece quién grabó, de quién es el tema, dónde se grabó, quién lo produjo. No hay data, de hecho vos ponés El día que me quieras y te aparece que es de Luis Miguel…





Un crimen, artísticamente hablando.
- Terrible. Yo de hecho me fabriqué unos para regalar. A los músicos y a algunos amigos, por lo menos para que sepan quién tocó, quién grabó.





El artista que nació en Montevideo en 1959 y se radicó en Baires a principios de los ochenta, vendrá por segunda vez a nosotres con Fabián ‘Sapo’ Miodownik (batería) y Leandro ‘Pitu’ Marquesano (teclados), dos laderos suyos hace añares. Ramiro Cubilla, el guitarrista que ingresó a la banda antes de la pandemia y grabó en Melomazeando, la obra a presentar acá, no viajará ya que se encuentra trabajando en un crucero. La alineación se completa con Agostina Bertozzi (percusión), que participó como invitada en el álbum y quedó en la banda, ya que “pegó muy bien”.





En el álbum hay más participantes





A propósito de lo que dice, le pregunto por su vínculo con el auge tecnológico y las nuevas herramientas digitales de que dispone la sociedad global, en su caso como músico. Ya sea para adaptarse o para negarse a algunos de esos nuevos imperativos, uno está compelido a vincularse. Un tipo de caso extremo es el de aquél que escoge qué desayunar en función de su impacto mediático, de modo que quizá se incline por la mermelada de arándanos en lugar de la de duraznos porque el rojo intenso tiene más punch que un naranja. Los pueblos han llegado a punto tal que hasta pareciera que amamos, u odiamos, para las redes. Claro que una cosa es emplear una plataforma para tramarse un perfil, una suerte de emprendedurismo de teclas que suele demandar poco menos que ‘vivir’ en el Facebook o en Instagram cual un trabajador que se autoexplota, y otra usar dispositivos que simplifican tareas. En su tono sereno y cuasi campechano Maza me responde que usa las redes para lo que necesita artísticamente, “para mi trabajo”, en sus propias palabras, y se esmera en aclarar que no está “en contra” ni le “molestan”. Pero también remarca que no le interesa, y hasta le parece peligroso, publicar cuando se va de gira y su familia queda sola, o cuando compra un instrumento u otro objeto caros. Menos aún realizar posteos referidos a su vida privada, con alguna excepción, como cuando su mujer dio a conocer en el Facebook que el artista había salido bien de una intervención quirúrgica en un ojo. “El músico vive de viajar, te lo entiendo, pero viste que hay gente que no es música y pone ‘hoy me voy a Mar del Plata quince días’. Yo no lo haría, pero bueno, muchos lo hacen y a mí eso no me molesta”, afirma.





Pero está claro que la paciencia, esa condición tan suya, al necesitar desplegarse no cabe en las redes, o no se lleva bien con la histeria que es el alimento de la madeja global, esa mermelada ácida, en la que todes estamos atrapados.





Sí está en desacuerdo con “cómo los músicos terminamos grabando un disco y yendo a ponerlo a Spotify. El dueño de Spotify es uno de los tipos más millonarios del mundo, y andá a saber si toca algún instrumento”.





O si escucha algo de lo que hay allí o sólo hace un gran negocio. No sé si habrá escuchado Melomazeando, pero Melomazeando está ahí…
- Por cada pasada por Spotify cobrás 0,0000 y aparece un número, que no sé cuánto es, no se sabe, yo no tengo ni idea. Pero bueno, hay que ponerlo ahí. Por otro lado, yo tengo más escuchas en Australia que acá. Tampoco sé si eso es verdad, nunca me llamó nadie de allá para decirme ‘che, qué bueno tu disco’, qué sé yo, eso es lo que dicen los tipos de Spotify. A mí me hubiera gustado que eso estuviera, pero que también siguiera el disco físico.





(…) En Japón están saliendo de vuelta los cassettes (se ríe), la gente está prendida fuego comprando casetes. Y hay unas caseteras súper ‘estrambólicas’, viste, así muy adelantadas que vos decís paaa, loco… Nunca vi que una casetera fuera así. Y hay casetes de cromo, de metal, de plata, de no sé qué, de cinta de no sé qué…   





La época de los casetes de cromo. Siempre aparecía alguien que tenía uno reservado para grabar algo especial, algo que amaba. Ese tipo tenía un tesoro.
- Claro. Y otra cosa que tenía era el riesgo de que se rompiera, entonces lo tenías que cuidar, porque viste. O el cd, que tenías miedo de que se te rayara.





Y era todo un tema ver a quién se lo prestabas; cuando la cinta se enredaba había que pasarle una lapicera… Y era bravo decirle a alguien que no, cómo le vas a decir ‘a vos no, sos medio desastroso’…
(Se ríe). - Vos le decías al tipo traeme que te hago una copia, para no prestárselo.






“No me puedo sentar a componer, yo a los temas me los encuentro”






¿Cómo fue el proceso de gestar Melomazeando? Leo por ahí que vos no sos un tipo que se sienta a elaborar un disco como quien se pone a hacer unos ñoquis.  
- Es así. En mi caso, yo no digo que sea como yo digo. Primero me empiezo a encontrar unos temas, porque pueden pasar unos años. En algún momento le decía a mi mujer, a la Piojo, ‘será que no voy a componer más, porque no me sale nada, no se me ocurre nada’. Porque no me puedo sentar a componer. Tengo amigos que sí. Yo les digo de juntarnos y me dicen ‘no, ese día no, si querés al otro sí, porque me tengo que sentar a componer tres temas’. ‘¿Vos te sentás a componer cuando querés? Faa loco, yo te envidio’. Yo no me puedo sentar a componer, yo a los temas me los encuentro. Algo hace que componga un tema.





Melomazeando contiene varias “dedicaciones, no homenajes”. A su nieto “el Benja”, a su otro nieto, Astor, a su amigo Marcelo y a una amiga que una madrugada lo llamó desesperada, “re triste” por un “problema sentimental”, y la angustia que transmitía era tal que cortó con ella y “automáticamente” le brotó Kandorina, un milongón que está en el disco. “Me salió tan entero que me agarraron dudas, ‘¿le estaré robando a alguien?’. Lo llamé al Hugo ‘Fatto’ (Fattoruso) y le digo ‘Hugo, ¿conocés este tema?’ Se lo toqué y me dice ‘no, tá buenísimo vo’. Lo llamé a Ricardo Nolé, otro capo, y me dice ‘no, no lo conozco’. ‘Bueno, entonces es mío’, le digo”, dice, y se ríe ‘a la uruguaya’, casi sin estrépito, como pidiendo permiso, un tipo de risa que parece que siempre contuviera reflexión, este poderoso hombre de las cuerdas gordas que ha tocado por el mundo con Ray Barreto, Simon Phillips, Djavan, Steve Lukather (Toto); acompañado en giras a Willie Chirino, el citado ‘Fatto’ y a Celia Cruz, e integrado las bandas de Horacio Fontova, Luis Salinas y Edelmiro Molinari.   





Así van apareciendo las canciones, que en el caso de Melomazeando son muy ‘tarareables’. “De repente un día compongo un tema a la mañana y otro a la tarde, y al otro día otro”, y entonces el disco va imponiéndose como flores que se transformaran en un árbol, no al revés. Esas flores a menudo también surgen de hilvanes de ideas que graba en su celular. Como quien almacena un bollo de masa para sacar alguna pasta en otra ocasión, sin necesariamente tener claro si vermicellis o moñitos, ya se verá (y se devorará). “O me voy a comer con mi amigo ‘Petaca’, que me hace revuelto de papa y huevo, y ahí mi amigo me dice ‘mirá, compuse este tema, pero me falta un pedazo’, y le digo ‘a ver, dame la viola’, y mientras él cocina le meto y encuentro la parte que falta. No es ni antes ni después, es en ese momento. Ahí aparecen los temas y yo ya sé que eso va a ser un disco”.





Boceta las piezas, se las manda “a los muchachos”, se juntan, escriben, “cada uno le empieza a poner su impronta y así el tema se va moviendo y asentando”, describe un hombre grande que cabe cómodo en su humildad de tipo forjado en la ruta de (y junto a) los maestros. Maza participó en los dos últimos discos de Mercedes Sosa, los Cantora; grabó con Jairo en Ferroviario, con Carnota en Espejos 2, con Guillermo Fernández, Julia Zenko y más, y se nota que semejante derrotero lo ayudó a consolidar una esencia férrea pero a la vez liviana, que no necesita demostrar nada.





Volviendo a su amasado: “Siempre lo primero que me sale son candombes”, confiesa. Después les va probando “distintas ropas”, los pasa “a funk, a bolero, a balada”, somete la estructura básica a otros caldos rítmicos y armónicos y así la pieza adquiere su forma definitiva. Un proceso apasionante que es la sal de su tarea. “En los discos míos el estilo es que no hay estilo: puede haber un funk, bolero, alguna cumbia…”.





A la hora de componer, va por el lado de Juan Gelman: el poeta decía que no se ponía a escribir sino hasta que “la señora” (así le llamaba a su musa) lo visitaba. Ahí sí se producía una suerte de hemorragia poética y tenía que sentarse a elaborar, para no “poemarse” encima, como él mismo graficaba con su fino humor de hombre sensible y atento a detalles que a una mayoría se le pasarían de largo mientras mira el medio de las cosas. Otro modo es el de su colega Paul Auster, que escribe en su ‘oficina’ de 8 a 12 y de 15 a 19, cual un vendedor de seguros, quizás con siesta y todo. (El bueno de Paul cierra más o menos a la misma hora que Macri cuando era presidente, la diferencia es que tiene novelas gloriosas, no obras de un terror que no deja de drenar su desgracia incluso sobre los que no las ‘leen’, o pertinazmente sobre ellos.)





“Mi sueño es que un día venga un tipo que no conozco doblando la esquina y tarareando un tema mío; yo me vuelvo loco”, dice de repente Daniel con su decir encantador. Dice, se desarma, y se desnuda. Tanto, que le vemos el corazón.





Daniel Maza Cuarteto se presentará el viernes 4 de agosto en El Mangrullo, desde las 21. Organiza Cable a Tierra. Las entradas anticipadas tienen un valor de 3000 pesos, en puerta será de 4000.





Chino Castro.


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