10 de junio de 2023
Fémur… fémur… como el tic tac de una pelotita de ping pong va y viene por mi cabeza mientras elucubro por qué han elegido ese nombre. Apunto a la etimología, a la función de ese hueso, uno de los más grandes en los mamíferos y en los humanos en tanto tales; me fijo en el muslo que lo contiene y le da nombre, esa parte de la pierna tan fuerte y que conforma nada menos que el regazo. Nada me convence.
Miro el hueso y se me ocurre una suerte de extraño puzzle con una cabeza cuya convexidad permite el encastre en la pelvis en ese espacio que quién sabe cómo se llama. Al otro extremo una concavidad que facilita su unión con la rótula en la rodilla.
Hueso largo… Lo imagino la zona de inflexión entre el torso, esa parte que contiene lo que somos, producimos, gestamos, portamos y hasta lo que pensamos y sentimos; y la que nos permite desplazarnos, andar, movernos.
Pienso y repienso el fémur y no logro encontrar la punta del hilo que me lleve al ovillo de las dos cabezas que han pensado en eso, aún cuando las conozco como para poder llegar a decodificarlas. Esta vez no puedo y me detengo porque estoy suponiendo que el nombre tiene un sentido, claro, pero no he pensado en el contenido, aunque algunas cosas sé y otras infiero o presiento.
Andrea y Lorena, Volpe y Mega, son amigas, amigas todo terreno, las del mate, la charla, el abrazo, la risa, un vino, mil cosas que nos hacen cercanas, pero ellas explotan, y que bueno que lo hagan, ese don de ser creativas hasta el tuétano (¿será el tuétano del fémur?) y esta vez lo evidencian con la creación de “Fémur”, un libro-objeto, como lo han definido.
Cualquiera me dirá: bueno siempre un libro es un objeto. Y no, al menos no como este. Se lo presenta como libro-objeto por “no sólo por el contenido textual. Sino objeto único en su diseño”. Esto es porque cada ejemplar de Fémur “acumula dos hechos artísticos, las artes plásticas en su exterior y al arte literario en su interior”.
Cómo si eso no fuera suficiente Tota y Lore, decidieron “realizar esta experiencia con la intención de invitar desde la acción a la autogestión, al aprovechamiento de materiales de descarte”, y así Fémur “contiene poesía, cuentos, ensayos” y además “colores, texturas” nacidas de las manos de estas dos geniales mujeres bolivarenses.
Conocerlas a ambas, quererlas, admirarlas, no implica necesariamente caer en el elogio fácil sino por el contrario, pensar y repensar por qué Fémur porque de esas cuatro manos haciendo, pintando, escribiendo, poniendo colores, voces, imágenes, sentires y reflexiones, ficciones, no puede salir algo que no sea maravilloso.
Sigo pensando por qué Fémur, y el próximo miércoles 14 a las 19,45 en La Cultural, en San Martín 1065, me voy a sacar el gusto de preguntarles o quién dice que me quede con un “Fémur” en la mano y sin palabras. Todo puede pasar, todo, excepto no sentir nada.
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