16 de agosto de 2020

Opinión

Opinión. Duquesa de Coolsville

Escribe: Mario Jesús Cuevas


Hija de hippies, Rickie Lee Jones llegó a Los Ángeles desde su Chicago natal, a mediados de los 70, pronto consiguió trabajo como camarera mientras componía y tocaba en algunos bares de la zona. En esos días Rickie era una veinteañera inexperta eclipsada por la bohemia de la ciudad y la figura de Tom Waits, quién se convertiría en su pareja.
Su primer disco, “Rickie Lee Jones”, data de 1979 y contenía el hit ‘Chuck E’s In Love’, dedicado al amigo de Waits, el baterista Chuck E. Weiss. Hasta hoy, el tema posee el swing suficiente como para no quedarse indiferente ante su escucha. Ese ritmo intrincado y la voz aniñada de Rickie hipnotizan, provocando adicción a la canción, aunque lo fundamental está en la interpretación, Rickie siente, vive, canta su composición con todo el cuerpo. ‘The Last Chance Texaco’ es una lograda balada que sobresale en ese bello ramillete de canciones. “Rickie Lee Jones”, que contó con las colaboraciones de pesos pesados de la talla de Randy Newman y Dr John,  le significó cinco nominaciones, ganando al rubro Mejor Nueva Artista y la aparición en la portada de la Rolling Stone.


“Pirates” (1981), su segundo álbum, es una contundente continuación del impulso creativo de la Jones, con ‘We Belong Together’, ‘A Lucky Guy’ y ‘Skeletons’ como temas estandartes. La lista de músicos que la acompañan es escandalosamente extensa: desde uno de los integrantes de Steely Dan, Donald Fagen en sintetizadores, hasta el sentido rítmico del baterista  Steve Gadd, más los aportes de los vientos de Randy Brecker en trompeta y David Sanborn en saxo alto por citar por citar sólo cuatro músicos al azar.


Luego de “Girl At Her Volcano” (1983) y “The Magazine” (1984), el fantasma del alcohol le hace desdibujar su carrera. Comienzan los altibajos y su rastro se pierde hasta 1989, año que sale a flote con “Flying Cowboys” y más tarde “Traffic From Paradise” (1993), álbum del cual es imprescindible visitar ‘Tigers’, con su ritmo contagioso y su historia enigmática. En 1997 se asoció con Rick Boston y entre los dos ejecutan casi todos los instrumentos para crear “Ghostyhead”, álbum volcado de manera indisimulable al trip-hop.


 


58 canciones


“Duchess of Coolsville” (2005) es una excelente oportunidad para conocer el mundo de Rickie Lee Jones a través de esta edición compuesta por tres compactos. Los dos primeros volúmenes son un resumen de la historia discográfica de Rickie desde “Rickie Lee Jones” (1979) hasta “Evening of My Best Day” (2003), su último trabajo hasta el momento de su salida. Los temas no están presentados cronológicamente, por lo que se supone que la artista los ha ordenado con una lógica personal; el tercer volumen aporta grabaciones que muestran a Rickie en diferentes facetas: abre con una versión del tema de Donovan, ‘Sunshine Superman’; hay un dueto bien sabroso con Dr John en ‘Makin´ Whoopee’; una interpretación desgarrada de ‘Autumn Leaves’ con la sola compañía del contrabajo de Rob Wasserman y un registro en vivo de ‘Atlas’ Marker (The Aviator), con el aporte sutil y puntilloso del guitarrista Bill Frisell. Completan este cd tomas en vivo y demos diferentes de temas que Rickie había registrado de otras maneras.


“Aquí adentro hay canciones que tratan de ventanas imaginarias, de calles, y de los espíritus - explica en el libro de “Duchess of Coolsville” - Chicos que salen al caer el sol y corren por los callejones que yo domestiqué y que me arrastran hasta el suave color violeta del crepúsculo, riendo, más jóvenes de lo que jamás fueron, en el atardecer de mi mejor día. He aquí a mis piratas y aviadores, arrojados contra el techo del desierto. Belleza insoportable contemplada a través de los ojos de un niño encaramado allí arriba y flotando, con la ayuda de cierta rara gracia, por encima del abismo de varios años en una terrible y solitaria batalla, pero aferrando el mapa que conduce de regreso a mí”.


 


Regreso con rabia


En el año 2003 volvió a Los Ángeles, lugar que la vio nacer artísticamente para grabar “Evening of My Best Day”.


“De pronto descubrí que no me salían más canciones - aporta Rickie en el sobre del disco - Así que, una vez superado el pánico inicial, decidí volver a la escuela. Volver a pensar en lo que significa verdaderamente escribir canciones y en el triste hecho de que ya nadie parecía estar escribiendo grandes canciones. De acuerdo, había mucho material que puede ser considerado serio o profesional; pero nada que me pareciera memorable. O digno de ser cantado. Así que volví a mis fuentes, a los songwriters que mejor conozco y más disfruto, como Paul McCartney o Cat Stevens o Curtis Mayfield.”


El tema que abre este trabajo es ‘Ugly Man’, dedicado a George W. Bush. Acompañada de un cuarteto con base de jazz, Rickie canta suavemente, con rabia contenida: “Es un hombre feo, siempre fue feo, creció para ser como su padre. Y te dirá mentiras, te mirará y te mentirá…”, luego entrarán los vientos para acentuar la lírica de Rickie: “Va a mirarte y a contarte mentiras / Creció hasta ser igual a su padre, feo por dentro...”


“¡Quedarte sin dinero es un gran incentivo! Yo no soy lo que se dice prolífica; así que me pongo a trabajar cuando mi espíritu y mi cuenta de banco me lo piden - contaba Rickie - En segundo lugar, puede decirse que por fin me sentí lista para acometer la siguiente etapa de mi vida. Yo siempre pensé que los discos son como barcos que zarpan desde el pasado hacia el futuro; y una de las razones por las que la gente no escribe tal vez sea el no sentirse seguros a la hora de moverse desde allí hacia allá. Yo estaba lista. Necesitaba salir a navegar. Había transcurrido el tiempo suficiente para hacerme una idea de cuál sería la trayectoria a seguir en mar abierto. Así que di la orden de levar anclas”.


Está muy claro y no en vano Rickie canta en ‘Sailor Song’: “Oh, en el barco en que yo viajo / El tiempo es lo que navego... Podría volar lejos / Podría volar lejos / Pero elijo el mar / Para días tan extraños como éstos…”



Su visita


En 2009 visitó nuestro país. Con poca promoción se presentó en Buenos Aires y en La Plata. Precedida por la presentación  de la argentina Graciela Cosceri, Rickie se presentó acompañada de un trío liderado por Rob Wasserman, quién la acompaña hace más de diez años. Cautivó a los presente con su gracia y según cuentan los testigos, su buen humor ante los inconvenientes técnicos. Interpretó los clásicos de siempre, además de canciones de su disco “Sermón On Exposition Boulevard” y anticipó un par de temas de “Rehab”, que sería su próximo trabajo.


Rickie Lee Jones se paseó elegantemente por los teatros de la Argentina con su blonda figura, sus labios prominentes y ese estilo tan particular emparentado con el de Joni Mitchell, Laura Nyro y Annette Peacock.


Lo último de Rickie es “The Other Side of Desire” (2015), grabado en New Orléans con once canciones escritas por la cantante.


Aunque ha sabido incursionar en varias vertientes donde se mueve tranquilamente: el folk estilizado, talking blues, jazz de cabarets, canciones experimentales, scat; Rickie no tiene un género predilecto, Rickie es Rickie y ella ha sabido forjar un camino tan personal como duradero.


Un consejo: si quieren escuchar algo diferente, auténtico, conmovedor, no lo duden, Rickie Lee Jones siempre estará ahí, como un libro en un estante esperando para ser abierto y seducir con sus historias de coraje, desamor y eternos perdedores.

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