Antonio Héctor Pereyra, el octogenario que en la tarde del sábado ultimó de siete disparos a Manuela Paiz, de 76, quedó ayer formalmente detenido, al transformarse la aprehensión en detención según los dictados del juez de Garantías de Olavarría, Dr. Villamarín.
De acuerdo a la información suministrada a este medio por la Fiscalía local, interviniente en el caso, la detención se produjo sin la consideración de atenuantes y Pereyra fue trasladado preliminarmente a la comisaría de Saladillo. La carátula del expediente penal reza "Homicidio calificado", en tanto se le nombró defensor oficial, cargo que recayó en el Dr. Martín Marcel, titular de la Defensoría Nº 13.
Como ya se informó, el hecho de sangre se produjo el sábado pasado a las 17.45 horas en el domicilio de la calle San Lorenzo entre Rebución y Palavecino. Esa casa, que no estaba habitada y pertenecía a un familiar directo de la víctima del homicidio, era el lugar habitual de citas que Páiz y Pereyra tenían desde hace muchos años. Según todos los relatos, corroborados por la información obrante en las actuaciones sumariales, ambos tenían una relación de amantes de la cual hace más de 35 años nació una hija, aunque Pereyra vivía en su propio domicilio de la calle Juan Manuel de Rosas en concubinato con otra mujer.
Precisamente, luego de cometer el homicidio, Pereyra se trasladó a su casa, que queda a la vuelta del escenario del crimen, y allí intentó quitarse la vida por ahorcamiento. Al cortarse la soga que utilizó a esos efectos, echó mano del arma calibre 22 con la que ultimó a Páiz, justo en el momento en que llegó la Policía y evitó que consumara ese intento. Desde ese momento Pereyra quedó aprehendido y a disposición de la Fiscalía Nº 15 de esta ciudad.
En el expediente abierto, figuran datos relevantes. Entre ellos el del peritaje psicológico realizado a Pereyra que, según el dictamen de los expertos, informa que éste comprendía el sentido de sus actos en el momento del homicidio.
También consta allí que, según el relato de testigos, Pereyra había amenazado de muerte a Páiz en otras ocasiones e incluso habría apuntado contra ella con un arma en otra circunstancia.
En otro orden, se encontraron las siete vainas servidas correspondientes a los siete impactos de bala que se alojaron en el cráneo de la infortunada víctima.
Por las particularidades del caso y especialmente por tratarse de un crimen ejecutado por un hombre de 83 años contra una mujer de 76, los medios de prensa de la capital federal con llegada nacional, se hicieron eco ayer e insistentemente consultaron a La Mañana y otros medios locales para obtener mayor información.