San Carlos de Bolívar

    Hoy

    nublado

    Max: 18°C

    Min: 12°C

    T: 17°C

    H: 85%

    P: 1012.8 hPa

    V: NE 27.36 Km/h

    Visibilidad: 8 Km

    nublado

    Mañana

    llovizna

    Max: 18°C

    Min: 8°C

    llovizna

    COLUMNISTA

    Gato del tercer mundo

    Escribe: Mario Cuevas

    feb. 19, 2012 19:44

    en Opinión

    Diario La Mañana de Bolívar - Opinión - Gato del tercer mundo - Escribe: Mario Cuevas

    Su sombrero negro y su exuberante saxo tenor hicieron historia en las décadas del 60 y el 70. Su vida musical merece ser contada repetidas veces, tantas cómo fueron sus hitos musicales. Es que Leandro Gato Barbieri se ganó un sitial junto a un grupo de argentinos (Gardel, Yupanqui, Sosa, Piazzolla, Saluzzi) que mostraron su arte fuera de nuestras fronteras con los pies en nuestras raíces.

    Nacido en Rosario, Leandro fue un buen jugador de fútbol, alcanzó a probarse en el Boca que en ese entonces integraba Rattin y jugó en las divisiones inferiores de Platense. No continuó porque "era bastante miedoso para enfrentar la marca de los rivales", decía. La actividad que nunca dejó fue la musical, bajo los influjos de Charlie Parker, Sonny Rollins y John Coltrane, comenzó estudiando el clarinete para luego dedicarse exclusivamente al saxo tenor. A sus veinticinco años Gato Barbieri era una figura respetada dentro del jazz argentino, su adhesión al Partido Comunista y su admiración por el jazz moderno le sumó detractores que no le impidieron continuar adelante con su música. Cuatro años más tarde, en 1962, Gato conoce a Michelle, su esposa hasta 1995 (año de su muerte), quien se transformaría en una presencia fundamental en la carrera del saxofonista. Michelle le convence de emigrar para buscar nuevos incentivos. Luego de una corta estancia en Brasil, país que le dejaría huellas imborrables, recalan en Italia. En Roma, Barbieri se encuentra con el trompetista Don Cherry, compañeros de andanzas de Ornette Coleman, creador primigenio del free jazz. Graban dos discos fundacionales y luego Gato se adentra en otra de sus pasiones: el mundo del cine. Asociado a la corriente tercemundista latinoamericana, el cine del brasilero Glauber Rocha no le era ajeno, particularmente dos de sus películas, "Dios negro, diablo blanco" (1964) y "Antonio das Mortes" (1969).

    "El personaje, Antonio das Mortes, aparece por primera vez en un filme anterior de Rocha, "Dios negro, Dios blanco" - explicó alguna vez Gato - En el sertao, una región árida y terriblemente pobre del noroeste de Brasil, Antonio das Mortes es contratado por el estado para matar 'cangaceiros' (guerrilleros), y la matanza tiene pleno éxito; pero en el filme siguiente, Antonio acaba comprendiendo que la lucha de los cangaceiros era una lucha por la justicia, que los guerrilleros luchaban por los pobres. De manera que la película termina con Das Mortes con su posición tomada, el también es un guerrillero."
    El propio Rocha, con quién trabó amistad, le dijo: "Andate para Latinoamérica y formá tu banda". Y eso hizo: 'Antonio das Mortes' se titula el tercero de los cuatro temas que componen "The Third World" (1970), el álbum con el que inicia su etapa tercermundista. El disco comienza con 'Canción del llamero', con ritmos típicamente andinos y cierra con una interpretación libre de las 'Bachianas brasileiras' de Heitor Villa-Lobos.
    "El Pampero" y "Fenix" (los dos de 1971), "Bolivia" (1973), "Chapter One: Latinoamerica" y "Chapter Two: Hasta siempre" (los dos de 1973); y "Chapter Three: Viva Emiliano Zapata" (1974) son los principales títulos de su furibundo paso latinoamericano arrasando todo a su paso.
    ¿Hay relación entre la música y la posición tercermundista del Gato en esos días? "Eso provoca una dualidad que muchos de nosotros padecemos - contesta Barbieri acerca del planteo - Un artista nunca puede ser revolucionario. Si trata de serlo, desvirtuara su arte. ¿Puede un artista, por lo menos, ayudar a hacer una revolución? No, se puede revolucionar el arte propio, pero no hacer una revolución con el arte. La revolución tiene que lograrse con medios políticos. Pero tal vez la música, si es lo bastante hermosa, pueda ayudar a que la gente empiece a cambiar un poco… a que empiecen a tomar conciencia y así estar preparados para avanzar en otros aspectos como el político."

    En esta etapa Barbieri descubre la música latinoamericana… y la argentina. Como jazzman, en su país, no le había prestado atención al tango y al folklore. Fuera de su tierra los comenzó a interpretar: 'Juana Azurduy', 'Mi Buenos Aires querido', 'El arriero' son atacados con fruición por el saxo endiablado de Barbieri, a menudo cantando y gritando frases, acompañando de teclados, guitarras y exaltado por acentuadas y certeras percusiones.
    "Musicalmente pretendo, llegar al punto en el que pueda expresar lo que llevo en mí, valiéndome del saxo, de manera tan natural como uno camina o respira - expresaba Gato con entusiasmo - Normalmente uno tiene una idea y después la desarrolla. Yo sueño con eliminar esa etapa del proceso, de manera que la música fluya instantáneamente, que sea tan natural que otras personas respondan ante ella con la misma naturalidad con que fluye. Sería el primer paso hacia un comportamiento natural en todas las cosas."
    En el transcurso de esta etapa, Gato compone e interpreta la banda de sonido de "El último tango en París" (1973), film dirigido por Bernardo Bertolucci, protagonizado por Marlos Brando y María Schneider. El gran nivel artístico del film y alguna escena célebre por su alto contenido erótico, catapultaron al film al éxito y con él, la música del Gato.
    Con "Ruby Ruby" (1977) y "Caliente" (1979) Barbieri abandona el fuego tercermundista para adentrarse en las arenas del soul. Bajo la producción de Herp Albert comienza a explorar el costado sensual en sus temas y en composiciones de Stevie Wonder, Marvin Gaye, Jorge Ben y Carlos Santana. Luego de los dos títulos citados sus trabajos comienzan a desdibujarse notoriamente.

    En los 80's se radica definitivamente en Nueva York. Allí realiza una serie de recitales que serán editados como disco bajo la producción de Teo Macero. A mediados de los 90's visita Buenos Aires luego de quince años de ausencia. Con casi sesenta años cumplidos, recuerda sus orígenes en Rosario y sus clases de música en un conventillo en Buenos Aires. La muerte de Michelle lo sumió en una profunda depresión que le costó años recuperarse (en esos años registra dos discos casi olvidables).

    A punto de cumplir los 80, graba "New York Meeting" (2010), de la mano del histórico baterista Néstor Astarita, adalid del proyecto y compañero de memorables jam sessions acaecidas en Jamaica, boliche que se constituyó en uno de los epicentros del jazz porteño en los 50's y 60's. El álbum, que contó con la producción ejecutiva de Litto Nebbia para su sello Melopea, fue grabado bajo el precepto de esos días en el Jamaica: marcar cuatro y comenzar a tocar. Así suenan Miles Davis, Thelonius Monk, John Coltrane y Astor Piazzolla bajo la prestancia de Astarita y el bajista David Finck, el talento de Carlos Franzetti al piano; y el saxo del Gato siempre vital y sugerente, más huraño que nunca, insinuando parte de su pasado glorioso de experimentación y múltiples desafíos musicales.