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    A 33 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO

    Un simple ejercicio de introspección

    mar. 24, 2009 00:00

    en Opinión

    Le preguntaron a una niña de 17 años cómo se pensaba a sí misma durante los años de la dictadura, dónde creía que hubiera estado ella, haciendo qué cosas.
    -Yo, hubiera terminado en la ESMA, dijo Agustina.
    La piba fue entrevistada ayer en el programa de radio de Eduardo Anguita y Miriam Lewin (1), concurre a un colegio en Olivos y forma parte del centro de estudiantes que organizó el acto por el Día de la Memoria en su escuela. Ahí termina la anécdota, si se quiere.
    El punto es que la pregunta podría ser formulada hacia cualquiera de nosotros y estaría bueno que hiciéramos hoy el ejercicio de responderla.
    En todo caso, vale recordar el contexto histórico, las fuerzas políticas y las organizaciones de la sociedad que estaban en juego en la década del ´70 en este país y tal vez relacionarlas con las de la actualidad.
    Querer un país distinto, más justo, con mayor equidad social no era por entonces un emblema exclusivo de las organizaciones que decidieron tomar las armas para reivindicar esos postulados, sino que detrás de esa intención de cambio había muchos argentinos y argentinas que fueron víctimas de la inseguridad que campeaba la patria de los militares y fueron encarcelados y desaparecidos sólo por pensar diferente del mandato castrense.
    Hubo sacerdotes conocidos como tercermundistas que tomaban la opción por los pobres, que fueron desaparecidos ante el silencio cómplice de la jerarquía eclesiástica.
    También es válido recordar que ese mandato militar, tuvo la anuencia y la bendición del poder económico encarnado en empresarios, sindicalistas, Iglesia y sectores ruralistas, entre otros, que no vacilaron en hacer tintinear la aldaba de los cuarteles para que el statu quo de los que más tenían no fuera alterado.
    Y por otro lado, la sociedad argentina, idiotizada con el mundial y con la propaganda del regimen, lucía narcotizada mientras a su lado venían degollando.
    Por eso es sólo cuestión de que cada uno haga una introspección, que revise sus conductas cotidianas, sus posturas ante los conflictos colectivos, su presencia en esta o en aquella marcha, sus prejuicios, sus juicios valo-rativos, su sentido de la solidaridad, su tolerancia con el que piensa distinto. Y en tal sentido, que se diga con la mayor sinceridad posible, de qué lado hubiera estado. Encontrar esa respuesta es una de las tantas formas posibles para entender porqué la realidad argentina es la que es y no otra. Porqué crece la desigualdad, porqué hay injusticia y porqué -entre otras cosas- se vuelve invisible el dolor de los sectores más desprotegidos de la sociedad, al punto de la ignominia mientras se exacerba la visibilidad de otros.

    Perspectiva "no optimista"
    Si la respuesta a la que se arriba es igual a la de la piba de Olivos, es decir, que también hubiera sido candidato a la desaparición y a la tortura, sería bueno mirar el entorno actual y pensar si valía la pena. Si por esta sociedad que tenemos se justificaba morir.
    Si han pasado sólo 33 años y para algunos argentinos es posible hablar del retorno de la pena de muerte (en la dictadura estaba instaurada de hecho) o se puede mencionar el servicio militar obligatorio, sin recordar que fue en un cuartel donde mataron a un pibe en plena democracia, la niña de Olivos hubiera sido una víctima más de una sociedad que no se la merece.
    Daniela Roldán