Riquelme estuvo vivo: enfrentó a un ex jugador. Por más que Diego Maradona sea el más grande de la historia, el único que puede aspirar a ser Dios, o D10s; casi el único ser del planeta con chapa de, porque ya ni el desteñido Michael Jackson. El propio Maradona lo sabe. Por algo dijo que él no puede hacer nada, que ya no puede vestir los cortos y que la gente siempre va a dar a favor del futbolista, que es el que le regala alegría al pueblo. Por más que para pegarle a Boca, que en el fútbol argentino es como el peronismo en la política, muchas hinchadas hayan colgado vitriólicas banderas en contra del astro de la triste mirada y el andar cansino. Tan infectadas como los trapos que desplegó parte de feligresía bostera en contra de D10s. Esos puñados de cerriles que cometieron mayúscula barrabasada. Porque si el Diego es traidor…
Maradona no está para vestir los cortos más que en el Showball o en el programa de Tinelli, y guay, marcelito, con pedir la pena de muerte para las ex estrellas que ya no pueden gambetear ni a los enclenques arbolitos que puso Artola a principios de este siglo a la vera del ferrocarril. El fútbol no es retroactivo, como algunas jubilaciones. Hoy paga más un pedorro gol de Riquelme a Banfield, que la piedra preciosa del Diego a los ingleses. El fútbol no es retroactivo ni juzga historias o merecimientos. Si lo hiciera, Argentina atesoraría ocho títulos del mundo por el gol de Maradona a los ingleses, y tres más por el del empate contra Italia en ese mundial. Brasil, pobrecito.
Gana Román. Aunque esté jugando mal. Aunque hoy sea más Romal que Román. Maradona es un jubilado del gol, y lejos quedan ya sus últimas pinceladas a mediados de los noventa, cuando regresó a Boca con la franja oro en el pelo y la barba candado. En la sociedad de hoy, que desprecia a los viejos y adora a los jóvenes, a veces por el sólo hecho de ser jóvenes, gana Román. Porque Maradona se está poniendo viejo, y se lo van a facturar. Máxime, si ya no puede hacer goles más que en el bizarro Showball, y sólo le ha quedado como espada su filosa lengua, a menudo más rápida que su cerebro. Ya se lo están facturando los buitres de siempre, como chilaver y sanfilipo, prolíficos molinos lanzamierda contra cualquier cosa que no puedan entender, como el arte. Se aprovechan porque Diego ya no puede dibujar poesía en cancha grande. Si no, les taponaría esas letrinas que tienen por bocas con el primer tiro libre.
En esta época cruel que tira viejos por la ventana del protomodernismo como si fueran calzoncillos sucios que van al lavarropas, Román le lleva una ventaja a Diego. Casi veinte años es mucha diferencia de edad. Más aún si se trata de deportistas y no de escritores, actores o encantadores borrachines de clú. Y ni le digo si el astro de la triste mirada y el andar casino se pone las alcalinas y la rompe el domingo, y lleva a Boca a morder otro campeonato doméstico y alguna copita. Si eso pasa, a Diego sólo le quedará lograr la Copa del Mundo como DT de Argentina para vencer en esta estentórea guerra de egos, tan estentórea como cualquier guerra de egos (bueno, a veces son sordas), así sea en un trabajo menor, alejado de los mercenarios flashes de las cámaras de tele. Y lo que no entiendo es por qué a Maradona no le han ido a preguntar por la pena de muerte. ¿Tendrán miedo que le salte la conciencia de clase, y les salga con un martes 13 a susana y todos esos ´muñecos´ que con tal de defender lo que les sobra y amasaron vaya a saber con qué harina, son capaces de plantar barrotes en la sopa de los pobres? ¿Tendrán pavor los muchachos de TN, Crónica, La Nación y Radio 10 de que el Diego de la gente diga que la solución es educar y alimentar, y que habría que empezar por liquidar a los de guante blanco, traje negro y escritorio gris?
Román la tuvo clara, o le salió: le puso banca a Maradona y se ´rajó´ de un mundial en el que iba a sufrir. Se le plantó al intocable, ahora que está tocable por la llegada de su nieto Benjamín y el embate de los años. A pesar de que hizo lo mismo de lo que acusa a D10s: resolver por televisión. Diego fue a la tele a decir que Román no le servía, en vez de espetárselo en su cara triste. Y el hipersensible de Riquelme se ofendió hasta el hueso y armó a los dos días un operativo de prensa con TN, para llegar a través de uno de los canales más vistos a toda la sociedad, y convertir la cuestión casi que en un tema de estado. Lo que no tiene ningún mérito en esta llagada Argentina, en la que en el verano fue poco menos que tema de Estado el pastillerío que se clava Nazarena Vélez hasta para acordarse de que dos veces por hora, esté donde esté, debe quitarse el corpiño para dejar al descubierto sus redondas tetas plásticas, que tan bien combinan con sus protuberantes y también plásticos labios de flautista con predilección por los tonos más graves. Lo que flaco valor entraña en esta Argentina adolescente en la que a través de los medios masivos de comunicación, los sectores del privilegio económico, la injusticia social y la ignominia nacional nos han obligado a todos a discutir, y mal, si hay que instaurar la pena de muerte, que es lo mismo que debatir si debe volver la esclavitud, como señaló Alejandro Dolina.
Vuelvo, antes de perderme en la podredumbre. Y lo que no entiendo es por qué los Autoconvocados no fueron en masa el 24 al acto en memoria de los desaparecidos bolivarenses, organizado por SUTEBA con la colaboración de la Juventud Guevarista. ¿No les habrá gustado cómo les quedó la bandera con la cara del Che de los chicos de la JG? ¿Las chicas de SUTEBA los habrán reprobado en algún parcial de Literatura o Instrucción Cívica? Basta de preguntas. ¿Qué diferencia hay entre opinión pública y opinión publicada? Con sólo entrar a la cancha y meter una asistencia por partido, mucho menos de lo que es capaz de hacer si está enchufado a la mitad, gana Román. La sociedad de hoy desprecia a los viejos, igual que a los enfermos y los locos. En el mejor de los casos, les dispensa lástima. Y Diego luce bien, pero ya ´dobló el codo´, y no para clavarse un buen ´champú´, como ayer. Porque no hay gol que conjure la llegada de las arrugas y la flaccidez. Porque no hay gambeta que encandile hasta pulverizar el lento mordiscón del ocaso. Gana Román, con sólo recrear la mística con un modesto gotero de Hepatalgina. Es que en la sociedad de hoy, el último Borges hubiera sido un pelotudo. A no ser que le escribiera los chistes a Pettinato.
Se quebró con Despertares: José Castro